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Por Ernesto Montero Acuña

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Sabás, la muy reconocida Balada de los dos abuelos y El apellido ancestral son ejemplos descollantes, aunque no únicos, de una de las vertientes más reiteradas en la obra poética de Nicolás Guillén, quien practicó la promoción sistemática de la igualdad racial y social en Cuba, lastradas ambas en la historia por la conquista hispana y la esclavitud.
La lucha de clases y la independentista pasaron siempre en Cuba por erradicar el baldón arrojado sobre sus pobladores por la doble discriminación -racial y social- que representó durante casi cuatro siglos la rémora invalidante de que el negro y el blanco, pobres, disfrutaran de la existencia humanamente merecida.
Nicolás Guillén confesaba en Club Atenas: Motivos literarios (1) que, en el alcance de los valores que reflejaran aquel proceso, “Al artista le sucede entonces como a ciertos arqueólogos entregados a la devastación científica de la tierra en busca de ciudades olvidadas: que hallan a muchos metros hacia abajo las raíces frescas de cuanto está brillando arriba”.
Y añadía: “El negro, sin embargo, no quiere que se le recuerde esto, que en nada debiera molestarlo. Y es que nosotros sufrimos una incultura medular, aunque de muy distinto modo piensen los espíritus meticulosos y ordenados, que aman las cifras densas de las estadísticas”.
A estas les reconocía el reflejar cómo se incrementaba […] “el número de nuestros abogados, el de nuestros médicos, el de nuestros farmacéuticos, el de nuestros profesores de instrucción pública. Pero lo que hasta ahora no han podido decir las estadísticas es a cuánto asciende el número de nuestros co-raciales verdaderamente cultos”.
Para él, “la cultura […] representa un proceso muy complejo del espíritu. No depende tanto de la cantidad de libros que devoremos ni de los títulos que poseamos como de un afinamiento especial de la inteligencia, que permita captar ciertos módulos de belleza, determinados complejos morales, toda esa delgadísima malla que nos envuelve como una atmósfera inverosímil” […].
Se esforzaba, así, por sacudir lo que al negro le viene encima por circunstancias históricas, felizmente comenzadas a erradicar con el triunfo revolucionario de 1959, un proceso que se había iniciado en la lucha misma, también para los blancos, pues se combatía por la máxima igualdad de todos, en todos los órdenes.

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Por Ernesto Montero Acuña

Sin Cuba la política global habría sufrido la ausencia de una de las mayores figuras históricas mundiales, Fidel Castro, quien durante más de cinco décadas protagonizó momentos relevantes en foros internacionales.

Su pensamiento pervive por ello como voz de los pueblos y los pobres del mundo, a favor de los cuales clamó en todas las tribunas, de forma patente durante sus cerca de 170 estancias en países de todas las regiones.

Cuando Donald Trump, presidente de Estados Unidos, amenaza con agredir militarmente a Venezuela, uno de los países simbólicos de América, y retoma caducas fórmulas contra Cuba, es imperioso evocar algunos momentos en la trayectoria internacional del líder revolucionario cubano, arquitecto indudable de la política exterior de su país y paradigma en el mundo.

Vienen a la memoria las palabras del colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, cuando auguró que de Fidel se hablará por mucho tiempo, a lo que puede agregarse que ocurrirá más cuando se recopile y sistematice la edición de pronunciamientos en los que su voz invocó siempre la justicia como principal arma.

En diversas ocasiones se pudo ser testigo de sus intervenciones, siempre cargadas de las más justas apreciaciones y las más claras advertencias, cuya mayor fundamentación la muestran la realidad global de hoy y las previsibles amenazas de mañana.

Una de las demostraciones más sencillas, modestas y equilibradas se la prodigó a este redactor al preguntarle sobre la importancia de la I Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe en la batalla de Cuba contra el bloqueo y él responderle: Yo no diría que fue una batalla, pero sí un importante paso de avance.

En su afirmación se reflejaban tres ingredientes fundamentales: el equilibrio y mesura que prodigaba a los demás, la certeza de sus apreciaciones en el contexto de cada escenario político y la ineludible firmeza con que sostenía la confrontación ideológica con el imperialismo, como muestra en su discurso del 17 de agosto de 1995 en Puerto España.

Luego de citar el pensamiento de José Martí ‘En el fiel de América están las Antillas’, se refirió a su creencia en la idea de un Caribe unido, basado en la certeza de que juntos podremos vencer nuestras dificultades actuales.

Al respecto añadió: Para la Cuba bloqueada y para Haití y la República Dominicana, la Asociación de Estados del Caribe representa la posibilidad de inserción en la economía y en los procesos de integración regionales.

Sobre el entorno ecológico, reclamó: El mar Caribe debe ser protegido de la contaminación negligente y la sobrexplotación de sus recursos. La vulnerabilidad de nuestros ecosistemas, vitales para nuestra subsistencia económica, debe ser motivo de seria consideración en los programas económicos regionales.

No es posible esperar -prosiguió-, pues mañana podría ser demasiado tarde. Nuestras decisiones de hoy no pueden convertirse en letra muerta; han de tener un seguimiento concreto y resultar en la creación de efectivos instrumentos de trabajo conjunto.

En cuanto a los tres temas sobre los cuales trataba aquel foro, fue muy preciso:

Nuestro comercio mutuo es escaso.

El transporte en la región es inadecuado.

Como resumen: … ello se convierte en un obstáculo para el desarrollo del turismo y la integración en el Caribe.

Optimista, sin embargo, proclamó su motivo de mayor confianza: contamos con un recurso de valor excepcional: contamos con nuestros pueblos, forjadores de culturas originales, obligadas al ingenio y la creatividad por la necesaria adaptación a un medio muy frágil y variable.

He ahí, en ese recurso insustituible que son nuestros pueblos, nuestra riqueza principal y nuestra mejor carta de triunfo en la lucha por el desarrollo y por ocupar un lugar digno en el mundo del mañana.

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Por Ernesto Montero Acuña

El liderazgo de Fidel Castro en la Campaña de Alfabetización cubana, concluida el 22 de diciembre de 1961, resalta en la conmemoración de cada Día del Educador, al reconocer el acontecimiento como el hecho de mayor trascendencia educacional y cultural en la historia de Cuba.
Sobre el papel del entonces Primer Ministro, Marcos Pérez Álvarez recuerda el anochecer en que aquel le solicitaba que fuera a recogerlo en la vivienda campesina donde se encontraba, durante un alto en la vía desde la Loma de la Ventana a La Sierrita, en las montañas del Escambray. (1)
El experimentado educador cuenta hoy en su vivienda del Vedado habanero que “Había llovido mucho y los carros se le quedaron atascados al gobernante cuando viajaba hacia la escuela que yo dirigía en Topes de Collantes. Por eso me mandó a buscar”.
En la Escuela Formadora de Maestros Manuel Ascunce Domenech, nombre del mártir adolescente asesinado el 26 de noviembre de 1961 en la Cordillera de Guamuhaya, cursaban estudios de magisterio varios miles de jóvenes que habían sido alfabetizadores y eran calificados por docentes expertos.
La visita de Fidel se inició el 17 de julio de 1966, cuando Marcos, su equipo para la docencia, los constructores y el nutrido alumnado acometían, junto con la enseñanza-aprendizaje, la ampliación de las capacidades educacionales para garantizar la formación de los maestros que requería el país.
No era la primera vez que el líder de la Revolución visitaba el Escambray, nombre con el que suele identificarse la Cordillera de Guamuhaya, pero sí lo era su presencia en aquel centro, a cuya misión le atribuía máxima importancia para el futuro de la nación e, incluso, para el de otros países.
La primera estancia, identificada, del Comandante en Jefe por aquel laberinto montañoso se produjo el 7 de septiembre de 1960, un día antes de que salieran 18 pelotones de milicias en operaciones para garantizar la seguridad de la población agredida por alzados contrarrevolucionarios.
El 10 de octubre de 1960, “desde un secadero de café en El Nicho”, Camilo Cienfuegos había anunciado, al intervenir en el Primer Congreso Campesino del Escambray, que pronto Fidel estaría en las alturas de Guamuhaya, una zona a la que le prestó máxima atención en aquella década.
Mas, su estancia los días 17 y 18 de julio en el combinado educacional respondía a una promesa hecha a los futuros maestros, a quienes les expresó que “Frecuentemente tenía deseos de hacer la visita por el Escambray, ver cómo andaban las cosas por Topes, la escuela, las construcciones, los planes de café.” (2)
“El pueblo uniformado desarticulaba las bandas contrarrevolucionarias”, según frase de Fidel, creadas allí debido a características socioeconómicas de la región, a la penetración de la CIA en grupos anteriores a 1959 y a la política de Estados Unidos dirigida a derrotar a la Revolución en el poder.

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Ernesto Montero Acuña

Antonio Machado In memóriam

Quizás la forma más auténtica y artística de auto representarse sea el poema Retrato, de Antonio Machado.

Su modesta síntesis biográfica y la autoevaluación ética del hombre, en cualquier sitio, y del poeta sencillo y sensible,  en cualquier parte, es ejemplar.

Su obra expresa lo franco, humilde y sincero; y también lo magnánimo, generoso, espléndido y cabal en quien alcanzó la cumbre intelectual y artística en época convulsa, como ha ocurrido en todas las épocas del mundo, siempre. Mas en su caso, asumiendo la representación de la propia sangre en contra de la sangre impropia.

El hombre como especie ha soñado y sueña –Machado no es la excepción- con que existe un mundo de honradez y fraternidad, entre congéneres, sin que se haya conseguido nunca. Pero aspirando a que quizás se consiga algún día.

Machado se define en su propia obra.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
¿ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
¿quien habla solo espera hablar a Dios un día?;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

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Por Ernesto Montero Acuña

Ancestros
Por lo que dices, Fabio,
un arcángel tu abuelo fue con sus esclavos.
Mi abuelo, en cambio,
fue un diablo con sus amos.
El tuyo murió de un garrotazo.
Al mío, lo colgaron.
N. Guillén

Un solo verso de la Elegía camagüeyana de Nicolás Guillén sirve para reflejar a Cuba en su tránsito por el tiempo, aunque el poeta se haya inspirado más bien en su Camagüey natal, ciudad a propósito de la cual saltan aquellas cinco palabras enfáticas: “héroes no, fondo de historia”.
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Una de las estatuas ancestrales en  la Plaza de El Carmen, Camagüey, realizadas por Marta Jíménez.

 

 

 

Lo mismo podrían aplicarse a Baracoa, Bayamo, Sancti Spíritus, La Habana, Santiago de Cuba o Remedios que a Trinidad, la villa que compele a rememorar aquella frase, aunque sea más que expresión sintética. Con ella se convoca a no ignorar las raíces de todos.
El fondo de esta meditación responde a las celebraciones de los 500 años de la fundación de las villas más antiguas de Cuba, y lo inspira el verso de Guillén, no solo por Camagüey, que lo merece tanto como la que más pudiera ameritarlo, sino porque le corresponde a todas la poblaciones, incluido cualquier villorrio de Cuba.
Puede parecer que se recuerda también una gran injusticia histórica, porque aquellas fundaciones se basaron en el despojo contra los pobladores oriundos y en un crimen enorme contra uno de los componentes étnicos más significativos en la historia del país y en la cultura nacional.
Si se fuera profundamente fiel al verdadero “fondo de historia” se percibiría que a veces aparece enmascarado el triunfo del extremeño inmundo y asesino que fue Vasco Porcallo de Figueroa, como lo fueron también otros oriundos de Extremadura, como Diego Velázquez y Pánfilo de Narváez, por encima de la débil resistencia autóctona.
El Sermón del Arrepentimiento del Padre las Casas, pronunciado en Sancti Spíritus el 4 de junio de 1514, seguramente, no repara ninguna injustica ni restaña ninguna herida. Ya no era reparable respecto de los indios y nunca lo fue a posteriori en relación con los negros traídos de África, dos tercios de los cuales murieron en el trayecto.
No fueron fundaciones las que se produjeron, sino masacres, como se cometen otras en la historia de hoy, con medios más modernos y objetivos igualmente perversos, pues persiste su naturaleza esencial.
Sobre esto se puede reflexionar con los versos de Nicolás Guillén, el poeta que murió ignorando al menos uno de sus apellidos ancestrales, como ocurre ahora con todos los negros de Cuba y en todos los países donde existió aquel cautiverio que robó su apellido verdadero a tantos millones de esclavos.
Meditar sobre esto, cuando se transita por las redondas y a veces incómodas piedras de las calles trinitarias, conduce a rememorar los más de 500 años del surgimiento de la villa simbiótica, muestrario del pasado y del presente, quizás la única que ha elegido una forma flexible de conmemorar –el segundo domingo de enero- aquella fecha impuesta por las circunstancias de la Historia.

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Guillén su risa

Por Ernesto Montero Acuña

Cuando un perro le viene encima a uno con ánimo feroz, dicen que lo mejor es calmarse, esperar imperturbable a que el can se aquiete y luego continuar en el sentido o en la acción en que uno se encontraba, si el animal, claro, no lo ha mordido antes a uno, en cuyo caso lo más práctico es encaminarse hacia algún establecimiento médico, en  dependencia de las lesiones.

Aseguran que la conducta mesurada es recomendable debido a que la alteración en el humano  acrecienta su descarga de adrenalina y esto es claramente percibido por el sabueso en cuestión, lo que estimula su agresividad. Con lo anterior no se pretende iniciar un tratado de Canología, sino intentar una explicación acerca de si los testículos de un fox terrier, o de un pastor alemán, o de un Gran Danés, por citar algunos ejemplos, pueden contribuir a la agresividad o a la ausencia de esta en el que califican como el mejor amigo del hombre.

La inquietud anterior se debe a una ocurrencia del poeta Nicolás Guillén cuando acudía, con amigos, a una festividad campestre en las proximidades de su Camagüey natal. En cualquier caso, no se debe olvidar que se define al género perruno como  “mamíferos carniceros digitígrados, generalmente domésticos, y que comprende infinidad de variedades”. (1)

El poeta y sus acompañantes arribaron, con ánimo alegre y desenfadado, a la entrada de la hacienda y cuando abrían la tranquera (o talanquera) de acceso a la morada campesina, un galgo furibundo se les abalanzó raudo y con actitud en ningún sentido amistosa, ante lo cual el propietario de la vivienda se propuso calmar a los visitantes con expresión seráfica y una frase hasta hoy inexplicable:

– Tranquilos; no se preocupen… Que el perro está “capao”.

A lo que Guillén replicó con mayor celeridad que la del can:

– No; si a mí los que me preocupan son los colmillos.

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Por Ernesto Montero Acuña

La anécdota resulta tan ejemplarmente agramontina, que esa condición, unida a las circunstancias, le otorgan la veracidad requerida para certificarle la categoría de indudable.

Camagüeyanos de antaño contaban que cierto joven caballeresco desafió a duelo a un insolente oficial español por haber pisado, como chanza de mal gusto, la cola del largo vestido que cubría a una joven criolla asistente a cierta celebración festiva, en la que parece haber sido la Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia. Esta se había fundado el 20 de noviembre de 1864, apenas cuatro años antes de la entrada de El Camagüey en la Guerra del 68.

Con antecedentes en 1853, como Sociedad Popular de Instrucción y Recreo, la Santa Cecilia renovó su carácter en la fecha referida del 1864, a la que se unió dos días más tarde el teatro El Fénix, ubicado en el entonces Callejón de Las Mercedes, contexto urbano que hoy podría considerarse a dos cuadras cortas de donde nació Ignacio Agramonte el 23 de diciembre de 1841.

Quienes acopiaban hechos propios del anecdotario heroico, dignos de preservarse, narraban como cierto que quien luego fue El Mayor llegó a batirse con el ofensor de la joven, trance del cual salió bien librado, a pesar de haber ocurrido cuando el dominio colonial de España se encontraba en gran plenitud, aunque el independentismo cubano también era pleno.

Lo indudable es que la acción resulta propia de quien unía ética, valor y patriotismo entrelazados, diríase que no solo al modo caballeroso, sino también al caballeresco. Así que a ciento setenta y tres años de distancia, Ignacio Agramonte se sostiene, perpetuo, en la memoria, en la historia y hasta en un anecdotario que trasciende su ámbito camagüeyano.

El asunto viene muy a propósito hoy por el nacimiento del ejemplar patriota en una casona de dos plantas, frente a la iglesia de Las Mercedes y a la entonces plaza homónima, “en la esquina de las calles de Soledad y Candelaria, para decirlo con los nombres que llevaban en el siglo XIX y a comienzos de éste”, como escribió Nicolás Guillén en una crónica (1) que publicó en el periódico Hoy, el 11de mayo de 1963, a noventa años de la muerte del patriota en Jimaguayú.

Apenas una década después, Silvio Rodríguez estrenó en la camagüeyana Plaza de San Juan de Dios su canción –más bien de todos- dedicada a El Mayor, “el mártir cuyo cadáver fue quemado por los voluntarios” [en ese mismo lugar] «con la leña que dio Mujica», después de paseársele como un dramático fardo a lomo de caballo por las calles de la ciudad”. Se le sepultó luego, apenas chamuscado, en una fosa común del cementerio de la entonces Santa María del Puerto del Príncipe.

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Por Ernesto Montero Acuña

 

Contaba Nicolás Guillén que cierto joven poeta se le acercó al ver la primera edición de El Gran Zoo y le espetó: Usted nos ha quitado una posición que nosotros teníamos. Ese libro debió escribirlo uno de nosotros.

Tal vez con no poca ironía y mucha razón, el poeta, consagrado por una obra universalmente reconocida, le respondió: No lo dudo. Pero ese joven, para hacerlo, tendría que haber pasado muchos años adquiriendo el dominio de la técnica que se necesita.

El Gran Zoo (1967) lo integran, en el doble sentido, una bibliografía que editorialmente comienza con Motivos de son (1930) y continúa con Sóngoro cosongo (1931), West Indies, Ltd. (1934); Cantos para soldados y sones para turistas (1937), España, poema en cuatro angustias y una esperanza (1937), El son entero (1947), su monumental Elegía a Jesús Menéndez (1951), La paloma de vuelo popular (1958), Tengo (1964), Poemas de amor (finalmente una recopilación, entre 1933 y 1971) y sus siempre inolvidables Elegías.

A los referidos títulos se añadían numerosas reediciones, recopilaciones, antologías y publicaciones de sus obras, entre las cuales figuran destacadamente el lanzamiento, con una tirada de 150 mil ejemplares, de sus poemas traducidos al ruso (15 de julio de 1955), la edición francesa, por Seghers, de sus Elégies antillaises, en el propio año, y las numerosas versiones que existen en inglés de sus poemas, entre otros numerosos idiomas.

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Por Ernesto Montero Acuña

Caricatura J. David

No suelen ir de la mano estadísticas y poesía, tal vez porque las conductas transitan en la siquis humana de la emoción a la razón, antes que a la acción, mediante un proceso en el cual el ser condiciona el hacer. Pero existen poetas que exhortan a que corran parejos el sentir y el actuar.

José Martí alertaba en Nuestra Améríca (1) acerca de ello, tal vez con acritud, pero también con aliento de largo alcance: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal” […].

Solo se trata aquí de mostrar lo que posiblemente permita comprender, aproximadamente, la trascendencia de Tengo (2), en el año en que se cumple el cincuentenario de la publicación del libro que contiene este poma trascendente en la obra de Nicolás Guillén y en la literatura y la historia cubanas.

El volumen compila obras poéticas mayormente aparecidas en diversos medios periodísticos con la urgencia que reclamaban los años iniciales de la revolución triunfante el 1 de enero de 1959, aunque también figuran poemas compuestos anteriormente, como, por ejemplo, Mella (1945), Pasionaria (1951). Un negro canta en Nueva York (1952), Che Guevara (1959) y algunos más.

Tengo es el canto entusiasmado de Guillén al advenimiento de lo que su obra premonitoria había reclamado y augurado con no menos de treinta años de anterioridad en West Indies, Ltd., su libro que consolidó en 1934, en profundidad, lo social y lo racial con lo nacional y lo regional antiimperialista, ya visible en su sección Pisto Manchego del periódico El Camagüeyano.

Debe deslindarse, sin embargo, lo que este poema canta y el resto de los que componen el volumen, pues, si bien están emparentados casi todos por los momentos de la concepción y el alumbramiento, parece atinado individualizarlos para el análisis y tal vez agrupar los de mayor semejanza entre sí. Pero no hay duda de que el paradigmático, señero y cimero es Tengo.

Así lo escribe el poeta: “Cuando me veo y toco/ yo, Juan sin Nada no más ayer,/ y hoy Juan con Todo,/y hoy con todo,/ vuelvo los ojos, miro,/ me veo y toco/ y me pregunto cómo ha podido ser.” Y añade: “Tengo, vamos a ver,/ tengo el gusto de andar por mi país,/ dueño de cuanto hay en él,/ mirando bien de cerca lo que antes/ nunca tuve ni podía tener”.

Mas, ¿a qué se refería en orden de prioridades? Es bien visible: “Zafra puedo decir,/ monte puedo decir,/ ciudad puedo decir,/ ejército decir,/ ya míos para siempre y tuyos, nuestros,/ y un ancho resplandor/ de rayo, estrella, flor. […] Tengo, vamos a ver,/ tengo el gusto de ir/ yo, campesino, obrero, gente simple,/ tengo el gusto de ir/ (es un ejemplo)/ a un banco y hablar con el administrador,/ no en inglés,/ no en señor”…

Es el canto feliz del poeta en representación de las generaciones que sufrieron la independencia frustrada en 1902, de la casi juvenil –salvo otras en las que pervivía la tradición- que hizo la revolución de 1959 y a la que se incorporó –mejor: se incorporaron- las que la doctora Graciela Pogolotti (3) identifica como la Generación agradecida, cabe pensar que refiriéndose al “yo, campesino, obrero, gente simple” del poema.

Guillén conocía, por supuesto, las desigualdades existentes en la Cuba de Tengo, entre 1959 y 1964, y no incurrió en el error de afirmar que “todos somos iguales”. Partió de la ejemplificación cierta de que todos tenemos los derechos que hasta entonces nos habían impedido las clases dominantes nacionales y las del imperialismo omnipresente mediante sus medios económicos y sus instrumentos de poder.

¿Qué no se podía antes de 1959?

Aún recuerdo al niño a quien el guardajurado del Ten Cents de Camagüey, establecimiento de baratijas de los estadounidenses almacenes Woolwort, corrió de la puerta de aquel comercio para que no “afeara” el acceso a los efectivos o potenciales compradores, parte de ellos pertenecientes a la burguesía terrateniente de aquella comarca de “pastores y sombreros”.

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Por Ernesto Montero Acuña

Ver más en Motivos de Guillén 

Como lo esencial del periodismo es reflejar la trascendencia de cada día, algo que se ha bautizado con el lugar común de “historia cotidiana”, ocurre que la Prosa de prisa (1) de Nicolás Guillén, cual complemento de su obra poética, muestra la vigencia de dos momentos diáfanamente deslindados en la vida y la política nacionales.

Podría percibirse cierta diferencia entre la prosa periodística del poeta antes del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 en Cuba y la posteriormente escrita, quizás porque se encontrara cierto gracejo más frecuente en la primera etapa que en la segunda.

Su veta satírica aparece a la orden del día en su producción anterior al año 1959, tanto en la poética como en la periodística, aunque se debe remarcar, en ambos casos, la publicada en la prensa periódica de la época, sobre todo en el periódico Hoy, donde apareció originalmente su Sátira política, en verso.

Parece fácil distinguir, por lo pronto, que el hombre políticamente comprometido –sobre todo, el intelectual- asume de distintas maneras la realidad que lo circunda según se encuentre desde el poder o en contra de este, como es el caso de Guillén, quien fue opositor militante antes de 1959 y activo participante en la revolución triunfante.

Es bueno distinguir entre lo que varía porque las condiciones adversas fueron trocadas en favorables y lo que se mantiene con una constancia invariable en la obra y en la conducta del intelectual comunista, como lo expresó 34 años antes de que se iniciara la revolución en el poder.

 

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Por Ernesto Montero Acuña

Si tuviera que resumir mi tránsito por el periódico Adelante diría que fue principio y fin, no porque suponga que aquí concluiré, sino porque aquí comencé a cumplir mi propósito de transitar por la profesión que elegí, tal vez desde mi infancia.

A esta publicación me acerqué por primera vez una tarde de junio del año 1970, con la esperanza de que una nota de presentación dirigida al entonces jefe de información, Aurelio Artega -o Yeyo, como se le nombraba-, tuviera su efecto y contribuyera a que lograra yo mi objetivo.

El abnegado promotor de futuros periodistas, mediante cursos masivos y gratuitos para la formación de corresponsales voluntarios, Ricardo Cardet, me recomendaba mediante un ejemplar acopio de síntesis: “Al compañero le interesa el periodismo”, decía.

Sin haberme visto jamás, había ido una noche a encontrarse conmigo, por sugerencia de un amigo mutuo, al hotel Sevilla, donde me encontraba convaleciente. Luego de las primeras palabras, me invitó a participar en uno de sus cursos. Menos de 72 horas después recibía sus clases en el Ministerio de Educación, frente al hotel Ambos Mundos, en La Habana.

¿Qué sabía yo del periodismo? Nada, excepto que leía la prensa. Pero ignoraba cómo hacerla. ¿Cuáles podrían ser mis motivaciones más remotas? Tal vez se debieran a la impresión que me causó observar, cuando era muy pequeño, a una persona mayor leer las enormes páginas del periódico El Camagüeyano en un quicio de la calle Padre Valencia, cerca de donde habitaba mi tía Mercedes.

¿Cuál otro estímulo previo podría haber existido? Quizás el interés que mostraba mi hermano José, doce años mayor que yo y con cierta formación escolar que a mí me faltaba, por la revista Bohemia, inalcanzable en el campo remoto donde vivíamos. Pero que mi padre le compraba en sus escasos viajes al pueblo de Vertientes, apenas un central entonces con un batey en frente.

Me pareció necesario referirme a los antecedentes. Pero prometo “ir ya al grano”. Yeyo me invito a su oficina en los altos del edificio en la calle Goyo Benítez, y me explicó que él, por sí solo, no podía decidir nada al respecto. Aunque me propuso retornar en la noche para que tratara el asunto con el director, Rolando Ramírez, quien estaría allí sobre las ocho.

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Prólogo a manera de epílogo

Escrito por Montero en Artículos

AbcdeCuba

Tomado de Nicolás Guillén: Al son de sus motivos, sitio inaugurado el 7 de septiembre del 2012 por el periódico Trabajadores en la Casa del Alba, La Habana, Cuba.

De Nicolás Guillén conservo recuerdos y valoraciones, algunas muy importantes, incluidas las de sí mismo. Pero lo verdaderamente significativo es que su poesía trascendió, universalizada, a la de mi consumo en la adolescencia, sin ignorar tampoco los valores de su prosa periodística y política.
A esta verdad, se une el criterio más elevado que conocí de fuente directa, sin olvidar otros muy estimables. Me refiero al de Fidel Castro en la clausura del I Congreso del Partido Comunista de Cuba, al momento de resumir, en el teatro Karl Marx, los méritos de los elegidos para el Comité Central.
Iba desgranando los actos más relevantes, hasta el instante de referirse a Nicolás Guillén, presidente de la UNEAC desde la fundación de ésta y Poeta Nacional, y halló la forma sintética de fijar su trascendencia, al precisar que había merecido la condición de miembro del Comité Central por sus versos, es decir, por su obra poética.
Se entiende que donde había tanta historia reunida, aquella valoración sintetizaba la estima en que el líder de la Revolución situaba la poesía de Guillén. Al respecto, puede añadirse la anécdota, más conocida, sobre la solicitud hecha al poeta por Fidel Castro para que leyera su poema Che Comandante, con motivo de la velada solemne con que se le rindió homenaje al guerrillero, el 18 de octubre de 1967, en la Plaza de la Revolución.
Años después, el propio Guillén me refirió el hecho, luego de terminar una extensa entrevista. Entonces me dijo lo que en aquel momento no sabíamos. Que en el instante en que Haydee Santamaría le habló acerca de escribir algo sobre el Che, ya él venía trabajando en aquel poema que todos conocemos.
No quiero omitir en estos recuerdos, hechos y situaciones que forman parte de quien hace numerosos años es realidad y leyenda en la historia literaria, no sólo de Cuba. Quizás por la imprevisible coincidencia de tener el mismo origen geográfico y parecida influencia cultural, aunque yo con años menos y él con numerosos méritos más, me fueron dadas, como compensación, las oportunas coincidencias. Es decir, las ocasiones que tuve de acercarme al poeta, yo en función periodística y él como la personalidad internacional y cultural que desde muchos años antes era.  

Esto me impulsa a brindar textos referidos al poeta, algunos relacionados con acontecimientos que tuvieron vinculación con nuestra ciudad natal. Lo hago por la significación que le atribuyo a los hechos, juicios y actitudes en los que participó él y que, por reiterados o singulares, creo que tienen la trascendencia de ampliar la visión sobre su obra, su trayectoria y sus opiniones.
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 Por Ernesto Montero Acuña

 

Si aun dentro de una misma sociedad existen agudas luchas entre contrarios, cuál podrá ser entonces su dimensión global, cuando se agudiza la confrontación entre dominantes y dominados, desarrollados y subdesarrollados, ricos y pobres, victimarios y victimas.

Es falso que la humanidad se homogenice, como promueven los difusores de una globalización dispar, no inclusiva, sino hegemonista y excluyente, hasta cuando la racionalidad disponga lo contrario. View full article »

El ALBA no es solo luz

Raúl Castro y Hugo Chávez

 

Por AbcdeCuba

No siempre los pronunciamientos dejan ver claramente los resultados de los vínculos entre Cuba y Venezuela, países iniciadores de un proceso de integración con sentido unitario y encaminado a profundizar los cambios sociales, no solo en esas dos naciones. View full article »


Por AbcdeCuba

Cuando se bombardea o se amenaza con ello a ciudades medio orientales y potencias mundiales ejercen presiones diplomáticas, políticas y económicas sobre países pobres, muchos se preguntan si este será el estado previsible para tales naciones en la época de la globalización.

Lo mismo murieron y morirán civiles bajo operaciones llamadas humanitarias que se presiona o ataca a países soberanos para controlarles sus recursos naturales, como en Libia, Siria,  Irán o Venezuela, solo algunos ejemplos entre  muchos existentes.

Hace un siglo la visión del espacio geográfico era de más corto alcance, más distante en el tiempo y de interdependencia menos global, lo que tornaba dilatados, por menos interconectados, los procesos mundiales.

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PERO TAMBIÉN CONTRA TRUMP Y EL INTERVENCIONISMO

Por Aram Aharonian

El mundo no se acabó el 30 de julio, y Venezuela tampoco, pese a que la campaña contra la Asamblea Nacional Constituyente tuvo en el presidente estadounidense Donald Trump a su comandante en jefe, secundado por varios injerencistas e intervencionistas regionales y mundiales de segunda línea. Y posiblemente esta elección abra la posibilidad de construir un acuerdo negociado entre gobierno y oposición con una visión de coexistencia entre las partes.

A pesar del rechazo por parte de la oposición venezolana, de la exigencia de 13 de los 34 países de la Organización de los Estados Americanos (OEA) de suspenderla, de las advertencias hechas por la Unión Europea que este proceso aumentaría el riesgo de confrontación en el país, de las recientes sanciones concretadas por Washington y de la intensa campaña de terror mediático internacional, los miembros de la Constituyente se eligieron este domingo en una fiesta cívica a la venezolana.

El apoyo a esta elección de constituyentes en Venezuela –y así a la continuidad del gobierno bolivariano- llega tras el triunfo de Daniel Ortega y el sandinismo en Nicaragua y de Lenín Moreno en Ecuador, junto al debilitamiento de gobiernos neoliberales como el golpista brasileño de Michel Temer y el de Mauricio Macri en Argentina, y el posicionamiento de la oposición progresista en Honduras y Paraguay.

La masiva concurrencia demuestra el nivel de conciencia alcanzado por el pueblo desde 1999. La gente salió a derrotar la violencia, el terror, asumió su épica de manera personal (cruzando arroyos y ríos, calles bloqueadas, evadiendo paramilitares y malandros), haciendo lo imposible para cumplir con su deber cívico, político, ético, moral… superando las amenazas de adentro y de afuera. Haciendo recordar aquel 13 de abril de 2002 cuando ese mismo “pueblo bravío” salió a las calles, constitución en manos, a demandar el retorno de su presidente constitucional Hugo Chávez, derrocado brevemente por un golpe cívico-militar.

Pero ese apoyo recibido por el gobierno de Maduro incluye un necesario golpe de timón, que incluya las transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales para el fortalecimiento de un estado socialista, basado en las comunidades, en los intereses populares.

También habrá que lidiar con los que desde adentro destruyen el legado de Chávez, y con los apátridas dispuestos a entregar Venezuela -y sus frecursos naturales- a los intereses de Estados Unidos y las corporaciones trasnacionales.

Es difícil para EEUU y sus repetidoras aceptar la realidad. La verdad-real se impuso a la verdad-mediática, a la posverdad, lo que no significa que no continúen en su intento de condenar, demonizar, aislar a Venezuela bolivariana, locomotora del renacimiento del ideal de integración regional. Es difícil que los líderes de la oposición varíen su rumbo, a pesar de su falta de credibilidad y sus fracasos en cadena: la violencia no da réditos.

Despertar de golpe a la realidad

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                La bella y modesta Ave Nacional de Cuba, el tocororo, o Guatiní en lengua indígena.  

Por Ernesto Montero Acuña

Como si se juntaran todas las estaciones climáticas, en Topes de Collantes se renovó esta primavera las excelentes condiciones de alojamiento y sanatoriales y se amplió la oferta de servicios al turismo de eventos, para el cual existen instalaciones, naturaleza e iniciativas.

Ilustra sobre ello la XXI Conferencia sobre Aves del Caribe (Birds Caribbean), celebrada en el Kurhotel Escambray como parte de un hábitat apropiado para las investigaciones adecuadas, con lo que se incrementan las posibilidades que brindan el turismo de salud y el de naturaleza.

En intercambios con el Complejo Turístico Topes de Collantes, con varios de los 240 participantes en Birds Caribbean y mediante la simple observación se apreció mejor el desarrollo añadido a la decena de tratamientos sanatoriales ya existentes y a recorridos por parajes paradisíacos de centenares de kilómetros cuadrados.

La sede principal fue el enorme edificio allí concluido a mediados del siglo XX y recuperado en los años ochenta, al cual se incorporó desde 1963 grandes construcciones para incrementar, hasta 1967, las capacidades de una Escuela Formadora de Maestros destinada entonces al desarrollo educacional de Cuba.

El actual Kurhotel Escambray, reconstruido hacia 1985, se dedicó a tratamientos médicos recuperativos para militares, familiares y personal civil, al que se añadió luego el incipiente desarrollo del turismo internacional de naturaleza en el hotel Los Helechos, donde también se presta servicio a cubanos en moneda nacional.

Estas dos instalaciones, entre otras, se utilizaron ahora para la Conferencia sobre Aves del Caribe, que colmó pasillos, áreas externas y los amplios recibidores -sin suspender las atenciones habituales-, cuyas paredes mostraban provisorios afiches y láminas para ilustrar sobre contenidos de ponencias, paneles y mesas redondas programados con la intervención de muy documentados especialistas.

Trataban sobre especies ornitológicas, características propias de aquellas o de su hábitat, a la vez que se podía observar, en aquel medio, las valiosas pinturas de artistas cubanos de la Generación de los 80, existentes ya en esta y en otras edificaciones, incluido el Museo de Arte Cubano Contemporáneo.

La naturaleza de la cordillera de Guamuhaya -también conocida como Escambaray- arropa a Topes de Collantes y, ejemplifica, según especialistas, la correlación mundial entre 686 mil especies de insectos y ocho mil 600 de aves, en su relación con el resto de la vida animal y vegetal y, significativamente, con la del propio ser humano.

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Por Ernesto Montero Acuña

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A sesenta y dos años del golpe de Estado contra Joao Goulart en Brasil, no puede aceptarse que la intención de la derecha latinoamericana y de sus aliados políticos haya trocado su esencia, como no sea para ensayar cambios cosméticos en algunos de sus procedimientos, debido a circunstancias que imponen las necesidades históricas.
Hace quizás dos décadas, quien esto escribe le preguntó a Frei Betto, en la Casa de las Américas, si consideraba que los golpes de Estado contra los gobiernos democráticos habrían desaparecido en América Latina, y el preclaro interlocutor aseveró que no lo creía, pues podrían producirse a medida que se acentuara el tránsito de la región hacia procesos verdaderamente democráticos.
Como en la frase popular: “Santa palabra”, pues, como esperaba, en su país se arremete mediante los más turbios procedimientos contra el gobierno democrático de Dilma Rousseff, continuadora del de su correligionario Luis Inácio Lula da Silva, un firme impulsor de la fórmula más avanzada en Brasil.
Antes se produjeron hechos semejantes en Honduras y Paraguay, e intentos fallidos -aunque agudos- en Venezuela, Bolivia, Ecuador, y retrocesos marcados en otros países, como es el caso de Argentina, aunque por la vía electoral. Mas el procedimiento, solo enmascara como legítimos cambios sin duda reaccionarios.
De modo que hoy, aunque los impactos directos son menos cruentos, las consecuencias económicas y sociales se manifiestan crecientes y la amenaza contra la vida de los más pobres se prevé demoledora, sin contar con que las fuerzas militares extranjeras –entiéndase directas de Estados Unidos o de la Otan, ¿por qué no?- se aprestan a jugar “su papel” como ya amenazan en Venezuela.
En consecuencia, no puede suponerse que la frase del Che Guevara “No se puede confiar en el Imperialismo pero, ni tantito así, nada”, no conserva su vigencia ni, incluso, que esa amenaza se torna con el tiempo más riesgosa para los pueblos del que antes solía nombrarse Tercer Mundo, una denominación que ahora omiten unos deliberadamente y otros por ingenuidad.

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Por Ernesto Montero Acuña

Si contraimperiales fueron los poemas de Nicolás Guillén, no lo han sido menos sus artículos en numerosos medios periodísticos, aunque solo se trate ahora sobre los de la sección Pisto Manchego del periódico El Camagüeyano, donde debutó el 20 de marzo de 1924 como corrector y redactor de textos, como si fueran anuncios, pero con indudable dimensión política.
Se ha explicado ya lo que manifestó sobre este asunto: “He dicho muchas veces, y lo repito, que soy periodista y además poeta. Ya he contado cómo se desenvolvieron mis primeros años de vida en un ambiente absolutamente periodístico, el mismo en que vivió siempre mi padre”. (1)
Juan Nicolás Guillén Urra, su progenitor, asesinado en 1917 por soldados del gobierno, había escrito en 1899 en el periódico Las Dos Repúblicas, del cual era copropietario: “El derecho de Cuba a su soberanía no se discute, se impone, toda discusión en ese sentido, nos la vedan, la dignidad, el honor de militares del Ejército Libertador y los juramentos prestados solemnemente en más de una ocasión”. (2)
De lo anterior se desprende que entre ambos hubo una relación muy estrecha, como explicó el poeta en numerosas ocasiones, a pesar de que la muerte de Guillén Urra se produjo cuando Guillén Batista apenas tenía quince años. Pero el vacío que aquel dejó y la responsabilidad familiar que este asumió, lo foguearon, también en la política.
Una anécdota pudo también influir en su posición antiimperialista, demostrada en sus crónicas de El Camagüeyano. El policía Víctor Manuel Caballero, padre de uno de sus amigos de la infancia, recorría en patrullaje nocturno calles de de la ciudad, cuando percibió los gritos desaforados de algunas mujeres, lamentos que parecían provenir de la esquina en la cual convergen las actuales calles camagüeyanas de Santa Rita y Bembeta.
El vigilante corrió hacia el lugar y se encontró con una situación que el escritor y periodista José Manuel Villabella ha calificado como “espeluznante”. Tras una puerta abierta de par en par, tres “mujeres con los vestidos desgarrados trataban de librarse de unos marinos yanquis, mientras otros estadounidenses esperaban entusiasmados por las infelices”.
Caballero se enfrentó a los agresores –siete en total- en desigual confrontación, ante lo cual se vio compelido a emplear su arma reglamentaria, con la que dio muerte a uno de los agresores e hirió a otro en una de sus rodillas, en tanto que los cinco restantes emprendieron la fuga. Debido a tal hecho, ocurrido durante la Primera Intervención de Estados Unidos en Cuba, (3) se desarrolló un proceso judicial en el cual se incriminaba injustamente al policía.
Aquel hecho provocó una fuerte reacción en la ciudad, al extremo de que muchos años después la ciudadanía aún repudiaba la conducta de quienes había ultrajado a las mujeres. De esto se derivó una más profunda amistad entre Caballero y Guillén Urra, circunstancia que también consolidó luego el trato entre Víctor Manuel, hijo del policía, y Guillén Batista, primogénito del periodista.
El sonado acontecimiento marcó profundamente el medio y a las familias involucradas como víctimas, lo que sensibilizó aún más al joven que devendría poeta de aguda sensibilidad, también social y política. Villabella califica la agresión como un escándalo, en su libro biográfico Guillén: romance de Pueblo viejo. (4)

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Guillén ante imagen de Ignacio Agramonte. (2)

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén comparó a Ignacio Agramonte con la piedra dura, la roca madre en el mineral conformado por cuarzo, feldespato y mica, como aparece en un soneto del libro Sol de domingo (1982), el último publicado en vida del Poeta Nacional, camagüeyano como el mártir de Jimaguayú.

Sobre los méritos humanos, políticos y militares de una de las más íntegras figuras de las guerras de independencia cubanas, Guillén manifestó en el centenario del nacimiento del patriota: […] “sería imposible escribir seriamente la historia de la Guerra Grande sin ubicarlo en un sitial de honor” […]. (1)

Tampoco se podría ignorar la valoración de José Martí: “Por su modestia parecía orgulloso: la frente, en que el cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para que la besase la gloria: oía más que hablaba, aunque tenía la única elocuencia estimable, que es la que arranca de la limpieza del corazón” […]. (2)

Quien no ha dejado de ser El Mayor, a pesar de los vaivenes en la historia de Cuba, sintetizó los méritos del patriota íntegro, plenamente democrático, con la imagen del héroe romántico que expuso la vida en defensa de su elevado ideal y sacrificó su claro amor hacia la esposa y el hijo –tuvo dos: Ernesto y Herminia, nacida después de su muerte- por cumplir los requerimientos del país y de la época.

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Gillén 02

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén marcó un hito en la cultura nacional, más allá del negro o del blanco, con la publicación hace 85 años de Motivos de son, el 20 de abril de 1930, en la página Ideales de una raza del Diario de la Marina.

En este periódico habanero lo había acogido quien dirigía aquella sección del rotativo, el ingeniero Gustavo Urrutia, gracias a la feliz gestión del patriota mulato y luchador independentista Lino Dou, muy admirado por el joven poeta camagüeyano establecido en La Habana en 1926.

Tales son los antecedentes directos sobre el inicio de la nueva poesía que, en su inicio, tiene en el negro el protagonista central, el eje sobre el cual giran los motivos temáticos, pero sobre la base de un lamento y una esperanza, sintetizados en “Hay que tené voluntá”.

En versos que llaman de arte menor, el poeta plasma la exhortación mayor, inicialmente dedicada a los negros, como luego lo sería a todos los cubanos que sufrían la profunda preterición entonces.

Escribía el poeta: “Camina, negra, y no yore,/ be p’ayá;/ camina, y no yore/ negra,/ ben p’acá:/ camina, negra, camina,/ ¡que hay que tené boluntá!”. Muy bien podría interpretarse estos versos como la premonición de lo que tendría que sobrevenir 29 años después.

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Camilo Cienfuegos 02

Por Ernesto Montero Acuña

Cada día es bueno para recordar a Camilo Cienfuegos. En Camagüey, por ejemplo, no se olvida el Primero de Mayo en que les habló a los trabajadores. No se relega tampoco cuando contrarrestó allí la traición. Ni la tarde en que partió de la ciudad, cuando quedó sembrado en la tierra, en el aire, en el mar.
Como lo calificó Nicolás Guillén, Camilo porta un simbolismo, como su nombre, que no duerme, ni descansa en paz, como “dice la mansa/ costumbre de flores, (1) la que olvida/ que un muerto nunca descansa/ cuando es un muerto lleno de vida”.
No se olvida el Primero de Mayo de 1959 en que algún niño marchaba, admirado, junto al comandante legendario, hasta desembocar en la entrada del vetusto puente sobre el Tínima, para enrumbar hacia el Casino Campestre, donde el guerrillero histórico repartió sus palabras memorables.
Dijo: “Tenemos que emplear todo el tiempo en unirnos, en apoyar la Revolución, en apoyar las medidas revolucionarias que a diario está dictando nuestro Gobierno revolucionario…” A lo que añadió que aquella manifestación era para “decirle al Gobierno: apoyamos a la Revolución, apoyamos a las medidas revolucionarias que el Gobierno ha hecho para los trabajadores.”
El gran parque camagüeyano adquirió así perpetuidad, porque Camilo le aportó un valor que el vergel citadino no traía de cuando sirvió como recurso público a políticos encumbrados y, a veces, para caminatas pueblerinas que calmaran la impaciencia de los aburridos.

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Che-Mixta-Lienzo

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén, primero en cantarle al Che, le dedicó en los días iniciales de enero de 1959 los versos del soneto Che Guevara: “Como si San Martín la mano pura / a Martí familiar tendido hubiera”, simbólicos en solidaridad entre ambas naciones.
Guillén creó también, al morir el guerrillero, la elegía de la inmortalidad: “No porque hayas caído / tu luz es menos alta. / Un caballo de fuego / sostiene tu escultura guerrillera / entre el viento y las nubes de la Sierra.”
Se conectan por la ideología común, que permite a los hombres, distantes y aún personalmente desconocidos, identificarse desde la distancia, para que el poeta pudiera hallar y reflejar, mediante símbolos históricos, aquello que los identifica.
Si bien los poemas son bastante conocidos, no lo son tanto las motivaciones.
Al triunfo de la Revolución, antes del inminente regreso de Guillén a Cuba, ocurrido el 23 de enero, Leónidas Barletta, director del semanario Propósitos, le solicitó un poema o una crónica acerca del guerrillero nacido en Argentina, donde el poeta se encontraba exiliado desde noviembre de 1958.
En su libro de memorias Páginas vueltas, Guillén refiere: “Yo pegué un salto, excusándome en ambos casos por falta de tiempo. Un soneto no se hace así como así; tal vez la crónica… En eso quedamos y cuando colgué… me puse a escribir un soneto”.
Así que cumplió la solicitud. “Con la publicación el poema circuló desde Buenos Aires hasta México. En Cuba, por su parte, se divulgó en varios diarios de La Habana el 9 de enero de 1959”. Figura en Tengo desde 1964 y “constituyó la primera poetización (1) del leimotiv del Che como combatiente, digno de la épica patriótica”.
Confiesa Guillén en Un gran muerto invencible, crónica publicada en el periódico el Mundo en 1967, que se puso a trabajar enseguida, y lo primero que le vino a la maquinita fueron los dos versos iniciales. Al respecto apuntaba: “Aquello me sorprendió, y hasta podría decir que me asustó, pero seguí escribiendo. Dos horas más tarde había terminado un soneto al Che”.
Sobre Che comandante ha sido igualmente explícito. Antes de la velada solemne en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 18 de octubre de 1967, el poeta trabajaba en una obra dedicada al guerrillero, cuando lo llamó Haydée Santamaria [presidenta de la Casa de las Américas], a propósito del tema.
Así lo refiere en Páginas vueltas: […] “me puse a trabajar en un poema al Che con tal ahínco que cuando una de aquellas noches Haydée Santamaría me sugirió que así lo hiciera, le dije: “Haydée, perdóname, pero ya está terminado, le faltará algún verso, alguna estrofa, pero el grueso de la composición solo necesita un poco de lima”.
Por la noche fue el acto en la Plaza, con la asistencia de un millón de personas, en actitud solemne. Pero durante la tarde lo había llamado Celia Sánchez, [secretaria entonces del Consejo de Estado], quien le dijo que Fidel quería hablarle. “Un momento, Guillén, que Fidel está al teléfono”. “Fidel me dijo entonces”, cuenta el poeta, “que yo debía decir el poema en mi propia voz. Naturalmente, le dije que sí”.

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Con Rosa que corta cake

Por Ernesto Montero Acuña

Cuando partía de Bucarest hacia Beijing, vía Moscú, Nicolás Guillén tuvo la feliz idea de comparar de un modo ingenioso a las bucarestinas con las cubanas, al decir que allí abunda la cálida belleza meridional que hace volver el rostro en la calle.
Añadía el Poeta Nacional de Cuba que ello podía ocurrir “como si estuviéramos” en la céntrica esquina habanera de Galiano y San Rafael, aunque pudiera haberse referido igualmente a otras numerosas confluencias en ciudades y poblados de su país.
También es posible que por aquellos meses finales de 1959, cuando escribió su crónica Carta de Pekín, publicada en el periódico Hoy el 18 de octubre, abundaran más las bellas, en cantidad, en la céntrica convergencia de las dos populosas vías, en la capital cubana.
Si bien cualquier villa de Cuba tiene en común con las de Rumanía el carácter latino y la geografía sureña, el tema va más allá de una digresión sobre semejanzas y diferencias entre rumanas y cubanas, pues el asunto viene a cuento en cuanto a la valoración del poeta acerca de la mujer.
Cuando se trata a fondo la situación femenina en el mundo, con sólidos y justos discursos de estadistas y apelaciones del Papa Francisco, es obligado mostrar la visión poética de Nicolás Guillén, sobre todo por oportuna.
No puede pensarse que dedicara en su obra más numerosas y sentidas letras a la mujer por su atractivo que por su condición de socialmente igual. En este último sentido existen muchos más ejemplos que sobre la muy humana y normal atracción física, sin la cual no sobreviviría la especie.
En su poética se cuenta con las composiciones recopiladas en Poesías de amor (1933-1971) y a lo largo de este título no se encuentran la sexualidad desaforada, ni el erotismo al uso durante el neo romanticismo en boga en parte de aquella época.
Sus alusiones a lo que pudiera identificarse como pasional son tenues, escritas más como quien alude que como quien seduce.
Tampoco ha sido extraño, en sentido contrario, que haya existido quien le reprochara al poeta no haberle dedicado más espacio en su copiosa obra política y social a la poesía amorosa, aunque a ello aportó versos magistrales.
En A Julieta escribió algo tan sugerente como “Me gusta oírla hablar,/ porque las palabras salen de su boca como de un nido,/ primero se asoman, y en seguida rompen a volar”.
O mejor aún, otros versos de su Poema de amor: “No. Lo ignoro./ Desconozco todo el tiempo que anduve/ sin encontrarla nuevamente./ ¿Tal vez un siglo? Acaso./ Acaso un poco menos: noventa y nueve años./ ¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma/ un tiempo enorme, enorme, enorme.”

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Casa de Ernesto Lecuona en La Timba

Casa de descanso de Ernesto Lecuona en La Timba, vista actual, visitada por Albert Einstein en 1930.

Por Ernesto Montero Acuña

Con trazos de fino pincel se debe dibujar cómo el barrio marginal de la Timba pasó a ser el centro urbano donde, durante más de cinco décadas, se sustituyen las casuchas de villa miseria por construcciones adecuadas a la vida confortable, para bien de uno de los sitios más céntricos en La Habana moderna.
Al transitar por la avenida Paseo desde Boyeros a Zapata se percibe, a derecha y a izquierda, una urbanización con sobria dimensión nueva, aunque es el mismo lugar donde nació Chano Pozo, el 7 de enero de 1915, y que visitó Albert Einstein, el 20 de diciembre de 1930.
El proyecto comunitario Todas las manos, de la Fundación Nicolás Guillén, aplica allí el sentido de los versos: “Alcemos una muralla/ juntando todas las manos;/ los negros, sus manos negras,/ los blancos, sus blancas manos” (1), como apelación a la convivencia sin distingos, al desarrollo del medio urbano y al enriquecimiento de la cultura originaria.
Datos de la Fundación reflejan que al barrio se le nombró La Timba debido a que en la actual calle Zapata, su límite norte, existía una tienda minorista o bodega que expendía pan con queso y dulce de guayaba, cuyas barras provenían, en cajas de madera, de una firma norteamericana nombrada “Timber”, de la cual derivó a Pan con Timba.
Bajo el nombre del Poeta Nacional de Cuba, esta institución cultural contribuye con su gestión a enriquecer un barrio antes considerado marginal, cuya fundación se fija el 20 de mayo de 1914, hace más de cien años, en la zona de San Antonio Chiquito, por el ingenio azucarero homónimo que existió en el entorno.
Originalmente surgido al este de Paseo, en la actual intersección de las calles Zapata y A, Pan con Timba reflejaba ya en los censos de 1864 y 1865 una apreciable expansión poblacional, algo que se acentuó con el Cementerio Cristóbal Colón y la consiguiente mejoría en la comunicación con el centro de La Habana.
El camposanto capitalino, uno de los primeros del mundo en valores patrimoniales y en extensión, fue ideado en 1854 por el gobernador español Marqués Jacobo de la Pezuela, quien dispuso su creación debido a la insuficiente capacidad del anticuado Cementerio de Espada.
Por Real Decreto del 28 de julio de 1866 se aprobó iniciar las obras, que comenzaron efectivamente el 30 de octubre de 1871 y concluyeron quince años después, el 2 de julio de 1886. Tanto como hoy, se destacaba entonces su arco de entrada con el conjunto escultórico, en mármol de Carrara, que simboliza las virtudes fe, esperanza y caridad.
De este modo se ha conformado la historia del inicial Pan con Timba como un lugar de profunda raigambre cultural, en la cual se integran lo racial y lo popular, hasta conformar una comunidad donde entrelazan “los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos”.

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Por Ernesto Montero Acuña

…lo ocurrido en la zona del Canal es un terrible ejemplo —uno más— para los pueblos de nuestro continente…

Nicolás Guillén

Panamá invasionr1

No será fácil para los estudiantes de Historia, en los años venideros, comprender lo acontecido durante los siglos XIX, XX y XXI en las relaciones de Estados Unidos con las naciones de Latinoamérica y el Caribe, entre cuyos actos se encuentra la acción militar codificada como Causa justa, mediante la cual la Unión Americana invadió a Panamá al costo de varios miles de vidas de sus pobladores, en 1989.
Antes había ocurrido otra agresión, en 1964: “Mientras los yanquis están armando la de Dios es Cristo por quítame allá esas guaguas, he aquí que sus bárbaras tropas desembarcan en Panamá y ametrallan a la población indefensa. Resultado: veinte muertos y trescientos heridos” (1), como denunció el poeta Nicolás Guillén en el periódico Hoy, el 11 de enero, veinticinco años antes de que aconteciera Causa Justa. Ambas han sido agresiones militares de gran envergadura, contra panameños indefensos.
Una amplificada información sobre la falsa agresión panameña a un marine del Norte fue el preludio de lo que acontecería en la Operation Just Cause Rangers, en 1989, muy difundida a través de cadenas de televisión estadounidenses para crear una cortina de humo de cuya falsedad cualquier conocedor de tales prácticas, con respecto a los pueblos latinoamericanos y caribeños, hubiera podido darse cuenta.
En fin, la noticia de que un oficial de Estados Unidos y su novia habían sido víctimas de fuerzas panameñas justificaba que el presidente George H. W. Bush diera la orden, la noche del 19 al 20 de diciembre de 1989, de que 26 mil soldados, con toda su capacidad en medios militares, la emprendieran contra el país istmeño y provocaran la muerte de hasta tres mil 500 civiles, según estadísticas internacionales, que podrían ser insuficientes.
Fuentes estadounidenses, por su parte, han mentido aduciendo datos inferiores, tal vez por suponer que la diferencia se debe a la disparidad en la forma de contabilizar las víctimas, aunque estaría muy bien que alguien, perspicaz, se preguntara si el pretexto de un marine agredido debía costar tantas vidas no involucradas en ningún acto violatorio de principio alguno que motivara la saña homicida de la fuerza imperial.
Panamá invasion41  Se detuvo al General Manuel Antonio Noriega, que años antes no había sido ajeno ni enemigo de Estados Unidos, y lo exhibieron conducido por estadounidenses con brazaletes de la Agencia Antidrogas de aquel país, como para que los inocentes estudiantes de Historia que existan dentro de algunos siglos –o tal vez milenios- se encuentren en la confusa situación de interpretar cómo una nación de dos millones 434 mil 964 habitantes entonces, la mitad mujeres, podría provocar la Cólera –es decir: la Causa- injusta de una potencia con 246 millones 819 mil pobladores.

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Por Ernesto Montero Acuña

Guillén contraste

Contra lo que pueda suponerse, poetas bisiestos no son los que nacieron el 29 de febrero, ni los que escribieron o publicaron sus primeros y únicos versos o su obra ese día, sino los que el brasileño Vinícius de Morais bautizó con ese calificativo, un hecho que el cubano Nicolás Guillén definió como casi una travesura.

Él también adoptó la denominación, no obstante, para referirse a un cubano al que estimaba mucho, por ser su amigo y su correligionario en las luchas políticas de los años treintas en Cuba, y cuyo nombre es Vicente Martínez.

Mas, ¿qué se entiende por poeta bisiesto? Para comprender mejor el asunto, vale más explicarlo en sus orígenes.

En crónica publicada en La Gaceta de Cuba el 5 de abril de 1964, el autor de Motivos de son explicaba que “Vinícius (1) lanzó la novedad en septiembre de 1942, desde las páginas de una revista argentina bastante conocida”, publicación en la que “Llamaba de ese modo a los poetas «sem livros de versos —bissextos pela escassez de sua produçao, cuja excelencia os coloca sem embargo ao lado dos mais citados», según la cita de Guillén en portugués. (2)

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