Intervencion1

Por Ernesto Montero Acuña

Si contraimperiales fueron los poemas de Nicolás Guillén, no lo han sido menos sus artículos en numerosos medios periodísticos, aunque solo se trate ahora sobre los de la sección Pisto Manchego del periódico El Camagüeyano, donde debutó el 20 de marzo de 1924 como corrector y redactor de textos, como si fueran anuncios, pero con indudable dimensión política.
Se ha explicado ya lo que manifestó sobre este asunto: “He dicho muchas veces, y lo repito, que soy periodista y además poeta. Ya he contado cómo se desenvolvieron mis primeros años de vida en un ambiente absolutamente periodístico, el mismo en que vivió siempre mi padre”. (1)
Juan Nicolás Guillén Urra, su progenitor, asesinado en 1917 por soldados del gobierno, había escrito en 1899 en el periódico Las Dos Repúblicas, del cual era copropietario: “El derecho de Cuba a su soberanía no se discute, se impone, toda discusión en ese sentido, nos la vedan, la dignidad, el honor de militares del Ejército Libertador y los juramentos prestados solemnemente en más de una ocasión”. (2)
De lo anterior se desprende que entre ambos hubo una relación muy estrecha, como explicó el poeta en numerosas ocasiones, a pesar de que la muerte de Guillén Urra se produjo cuando Guillén Batista apenas tenía quince años. Pero el vacío que aquel dejó y la responsabilidad familiar que este asumió, lo foguearon, también en la política.
Una anécdota pudo también influir en su posición antiimperialista, demostrada en sus crónicas de El Camagüeyano. El policía Víctor Manuel Caballero, padre de uno de sus amigos de la infancia, recorría en patrullaje nocturno calles de de la ciudad, cuando percibió los gritos desaforados de algunas mujeres, lamentos que parecían provenir de la esquina en la cual convergen las actuales calles camagüeyanas de Santa Rita y Bembeta.
El vigilante corrió hacia el lugar y se encontró con una situación que el escritor y periodista José Manuel Villabella ha calificado como “espeluznante”. Tras una puerta abierta de par en par, tres “mujeres con los vestidos desgarrados trataban de librarse de unos marinos yanquis, mientras otros estadounidenses esperaban entusiasmados por las infelices”.
Caballero se enfrentó a los agresores –siete en total- en desigual confrontación, ante lo cual se vio compelido a emplear su arma reglamentaria, con la que dio muerte a uno de los agresores e hirió a otro en una de sus rodillas, en tanto que los cinco restantes emprendieron la fuga. Debido a tal hecho, ocurrido durante la Primera Intervención de Estados Unidos en Cuba, (3) se desarrolló un proceso judicial en el cual se incriminaba injustamente al policía.
Aquel hecho provocó una fuerte reacción en la ciudad, al extremo de que muchos años después la ciudadanía aún repudiaba la conducta de quienes había ultrajado a las mujeres. De esto se derivó una más profunda amistad entre Caballero y Guillén Urra, circunstancia que también consolidó luego el trato entre Víctor Manuel, hijo del policía, y Guillén Batista, primogénito del periodista.
El sonado acontecimiento marcó profundamente el medio y a las familias involucradas como víctimas, lo que sensibilizó aún más al joven que devendría poeta de aguda sensibilidad, también social y política. Villabella califica la agresión como un escándalo, en su libro biográfico Guillén: romance de Pueblo viejo. (4)

Desde luego, no se ignora que el futuro poeta nació el 10 de julio de 1902, por lo cual no pudo tener conocimiento directo del hecho, si efectivamente fue en la Primera intervención, aunque sí debe haber recibido referencias posteriores, pues aún lo relataban viejos camagüeyanos, seis décadas después.
La persistencia de Nicolás Guillén en los valores nacionales, en la autenticidad y en la más elevada formación patriótica puede percibirse muy bien en el Pisto Manchego escrito el 10 de abril de 1924, un día después del dedicado a movimientos filipinos antiimperialistas, ocasión aquella en la que su atención partía de valores nacionales, sobre el país propio.
Escribía entonces: “En el caso concreto del danzón, la pieza cubanísima, puede observarse cómo ha sido sustituida por el fox americano hasta en el extremo de que en los programas de nuestras fiestas, en los repertorios musicales de nuestros cines, se habla en inglés al alma que debe sentir lógicamente en español”.
A lo que agregaba en párrafo aparte: “Nos estamos americanizando demasiado. Si no hay una fuerza salvadora que ataje a tiempo esta disolución de nuestra personalidad, no solamente bailaremos y cantaremos en inglés, sino que llegaremos a “pensar” en inglés también”. (5)
Los temas relacionadas con la actualidad provincial, nacional o internacional eran el pan de cada día en la sección del poeta, al extremo de que el lunes 12 de mayo arremetía contra otra situación que involucraba a Estados Unidos, en este caso la de Isla de Pinos, cuyos habitantes “[americanos] no se cansan de intrigar por cuantos medios tienen a su alcance para obtener que el gobierno de su país se niegue a aceptar el Tratado Hay-Quesada”… (6)
Los más familiarizados con la recopilación de los Pistos Manchegos, publicados en el diario conservador El Camagüeyano entre el 24 de marzo de 1924 y el 30 de agosto de 1925, podrán considerar que, por la ligereza en el tono de parte de los temas, las referencias a Estados Unidos no pasaban de chanzas poco significativas. Mas, por el contrario, el autor les confería la máxima seriedad.
Una mayor dimensión del asunto la ofrecía el Pisto del 25 de enero de 1925, sobre el lado izquierdo de la política internacional.
Lo comenzaba con un párrafo dedicado a Sun Yan Sen: “El cable, que muchas veces es más mentiroso que un aspirante a la Presidencia de la República, propagó por todo el orbe la muerte del gran republicano asiático, y ahora son sus mismos compatriotas, residentes en Cuba, los que se encargan de desmentir el infundio”…
Sobre aquella prensa falaz agregaba […] “ni los cables que llegan de Rusia los creo […] ¡Sabe Dios cuántas mentiras se han echado a volar en relación con la revolución roja y como se habrá envenenado la mentalidad del mundo con el fantástico relato de hechos que no han acaecido! […] Cuando murió Lenin […] yo no lo creí hasta que vi las fotografías del entierro y, sobre todo, de la cámara mortuoria con el cadáver del gran reformador”. (7)
Como el Tratado Hay-Quesada fue antes tema en ciernes, ahora ofrece una buena opción para concluir, como se verá. Guillén calificaba su ratificación por el Senado de Estados Unidos como “hecho magnífico, extraordinario, estupendo, esperado, enloquecedor, despampanante”.
Según él […], “muchos lugares de la isla, Camagüey entre ellos, eran focos activísimos de conspiración en los destinados todos a conseguir de por fuerza ese girón de nuestro territorio, si acaso la maldad de los rubios del Norte no quería cederle de buen grado.”
Sus moralejas al respecto son ejemplarizantes: “De todo esto, sin embargo, debiera desprenderse una enseñanza saludable para los cubanos y es que hay que estar con los ojos bien abiertos ante nuestros “amigos” del Norte, ya que si ahora han querido quedarse con la Isla de Pinos, el día menos pensado se les antoja quedarse con la isla de Cuba lo que es una cosa algo más grave”.
Advertía que anduviéramos “con tacto en nuestros negocios, respetemos la ley, seamos cuerdos y dediquémonos a construir sobre la firme base del decoro el edificio de nuestra nacionalidad, digna de todo respeto”… (8) Por supuesto, aquello no era broma, ni dejará de ser cierto, por los siglos de los siglos.

 

(1) Nancy Morejón (compiladora): Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén, p. 58, citada por José Manuel Villabella en el prólogo a la edición de Pisto Manchego, tomo I, Letras Cubanas, 2013, pp. 18-19.
(2) Nicolás Guillén Urra: Respuesta en la polémica entre los diarios camagüeyanos Las Dos Repúblicas y La Verdad, 1899.
(3) Como Primera intervención norteamericana en Cuba se puede identificar la del 1 de enero de 1899 al 20 de mayo de 1902, cuando se proclamó la república bajo la Enmienda Platt. (http://www.cubamilitar.org/wiki/Primera_intervenci%C3%B3n_norteamericana_en_Cuba)
(4) José Manuel Villabella: Guillén: romance de Pueblo viejo, Editorial Ácana, Camagüey, 2013, pp. 109-110.
(5) Nicolás Guillén: Nacionalismo, Pisto Manchego, tomo I, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2013, pp. 125-126.
(6) Nicolás Guillén: ¡Ni se ocupen!, Pisto Manchego, tomo I, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2013, pp. 222-223.
(7) Nicolás Guillén: Pues, señor, no ha muerto Sun Yan sen, Pisto Manchego, tomo III, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2013, pp. 53-54.
(8) Nicolás Guillén: ¡Yaaaaaa! ¡Por fiiiiiiiin!, Pisto Manchego, tomo III, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2013, pp. 131-132.