Category: Cuba


Por Ernesto Montero Acuña*
Fotos: Yamilé Fernández

Doctores Humberto González, director, al fondo; y René Madruga, jefe de radioterapia.

La Habana (Prensa Latina) Como en toda Cuba, el quinquenio de mayores avances en el hospital oncológico María Curie, de Camagüey, será el de 2015 al 2020, tanto en los tratamientos como en las condiciones materiales y técnicas para la prestación de los servicios.
El doctor Humberto González Duarte, director del centro hospitalario que atiende las provincias de Camagüey, Ciego de Ávila y Las Tunas, afirmó a Prensa Latina (PL) que, “por lo que se ha hecho y por lo que tenemos previsto, este será el mejor período en la historia de la institución e incluso en el país”.
Con larga experiencia en la medicina, explicó que, debido al derrumbe del campo socialista europeo, el María Curie se sumió en un estado de obsolescencia técnica durante años sumamente difíciles, pero en el 2020 arribará a su aniversario 65 con una situación inimaginable antes.
Asimismo reconoció que en el 2015 el Estado otorgó el financiamiento posible y logró mantener estas instituciones en los primeros niveles del mundo, con mayor esperanza de vida y de supervivencia, al extremo de que se incursiona en los pasos iniciales de que el cáncer se maneje como una enfermedad crónica más.
El María Curie cuenta con 66 galenos provenientes de diversas especialidades —todos calificados en oncología— y posee 100 camas para ingresos hospitalarios.
Los médicos se distribuyen en las áreas quirúrgica y de urología, ginecología, cirugía esplénica, mastología, proctología, radioterapia, medicina nuclear, un grupo básico de trabajo para tumores periféricos y otros de laboratorio clínico y anatomía patológica, formados como tales en la carrera de medicina o con preparación posterior en oncología.
Médico desde 1987 y especialista en administración de salud desde 1993, González precisó que hoy la cirugía es la principal elección para el tratamiento oncológico, de modo que la aplicación de las radio y quimioterapia se convierten en complementarias.
Sobre el desarrollo del María Curie, a unos 505 kilómetros de La Habana, explicó que se acomete desde el 2015 un proceso de construcción relacionado con su necesaria ampliación, aunque también incluye la instalación de nuevos equipamientos.
Las áreas de consulta externa, que se tomaron para la instalación del tomógrafo hace cerca de dos años, junto con otros equipos, se ampliarán en el futuro próximo, ya que la institución fue siempre muy pequeña y ahora, además, aumentan los pacientes.

HITOS EN LA HISTORIA

El doctor Mario Valentín Mendoza del Pino, oncólogo con 50 años de experiencia —ocho de ellos como director del hospital—, explicó a PL que la primera piedra para su construcción se colocó el 24 de febrero de 1953, y que la inauguración se produjo, como dispensario, el 3 de diciembre de 1955, Día de la Medicina Latinoamericana.
El financiamiento, tanto para la Liga Contra el Cáncer en Camagüey en 1943, como para las obras, se obtuvo mediante recaudaciones públicas, como colectas, ferias, exhibiciones de modas y otras, e incluso, luego los médicos y estomatólogos trabajaron gratis, pues no había con qué pagarles.
Añadió que al triunfo de la Revolución en 1959, cuando la situación era ya caótica, el actual segundo secretario del comité central del Partido, José Ramón Machado Ventura, obtuvo en Camagüey un préstamo para la ampliación, mediante el cual se añadió la segunda sala, ycontó a partir de entonces con más de 80 camas.
El nombre de la científica María Curie, nacida en Polonia y naturalizada francesa, se le puso bajo la dirección de Mendoza del Pino en 1977, por ser la descubridora del radio y el polonio y haber dirigido los primeros estudios para el tratamiento de neoplasias con isótopos radiactivos.
Creó el Instituto Curie —apellido de su esposo Pierre— en París y en Varsovia, aún entre los principales centros de investigación médica en el mundo. Fue la primera mujer en recibir el Premio Nobel y también la primera persona en obtenerlo dos veces, en las especialidades de Física, 1903, y Química, 1911.
Sobre el futuro próximo, el doctor González explicó, por su parte, que está prevista la creación de un bloque con los servicios de laboratorio, microbiología, consulta externa, rehabilitación, medicina natural y tradicional, ensayo clínico y farmacia, todos con gran número de pacientes.
Aclaró que otros incluidos en el plan director son los de anatomía patológica, un sostén muy importante, porque aquí todo tiene que ser estudiado y definido histológicamente; y realizar una reparación capital, que incluye la morgue y las áreas socio administrativa y docente.
Existen grandes perspectivas por la atención institucional que recibe el hospital debido a su repercusión en las tres provincias que atiende y, en correspondencia, el Estado mantiene la asignación de equipos y medios técnicos.
También la provincia aplica la correspondiente priorización constructiva desde el 2015, precisó.
Como una de las mayores realizaciones en perspectiva, González incluyó la instalación del acelerador lineal para las radiaciones, una inversión de gran envergadura que requiere dos búnquers y muros muy especializados, en la que se han dado pasos, pero que no se podría concluir antes del 2022.
Esos equipos, los segundos más modernos en el mundo, están instalados en el Instituto de Oncología de La Habana, el hospital Hermanos Ameijeiras y el Cimex.
Añadióque existen avances en computación, pero insuficientes, por lo que se deben incrementar en el presente año con la digitalización de las historias clínicas, los turnos y en otras áreas, lo cual requiere no menos de 40 máquinas más.
Hace tres años nuestras instituciones empezaron a prestar atención a extranjeros y a cubanos residentes en el exterior, para lo cual la oficina de servicios médicos establece normas y precios muy inferiores siempre a los existentes en otros países, explicó.

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Por Ernesto Montero Acuña

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Sabás, la muy reconocida Balada de los dos abuelos y El apellido ancestral son ejemplos descollantes, aunque no únicos, de una de las vertientes más reiteradas en la obra poética de Nicolás Guillén, quien practicó la promoción sistemática de la igualdad racial y social en Cuba, lastradas ambas en la historia por la conquista hispana y la esclavitud.
La lucha de clases y la independentista pasaron siempre en Cuba por erradicar el baldón arrojado sobre sus pobladores por la doble discriminación -racial y social- que representó durante casi cuatro siglos la rémora invalidante de que el negro y el blanco, pobres, disfrutaran de la existencia humanamente merecida.
Nicolás Guillén confesaba en Club Atenas: Motivos literarios (1) que, en el alcance de los valores que reflejaran aquel proceso, “Al artista le sucede entonces como a ciertos arqueólogos entregados a la devastación científica de la tierra en busca de ciudades olvidadas: que hallan a muchos metros hacia abajo las raíces frescas de cuanto está brillando arriba”.
Y añadía: “El negro, sin embargo, no quiere que se le recuerde esto, que en nada debiera molestarlo. Y es que nosotros sufrimos una incultura medular, aunque de muy distinto modo piensen los espíritus meticulosos y ordenados, que aman las cifras densas de las estadísticas”.
A estas les reconocía el reflejar cómo se incrementaba […] “el número de nuestros abogados, el de nuestros médicos, el de nuestros farmacéuticos, el de nuestros profesores de instrucción pública. Pero lo que hasta ahora no han podido decir las estadísticas es a cuánto asciende el número de nuestros co-raciales verdaderamente cultos”.
Para él, “la cultura […] representa un proceso muy complejo del espíritu. No depende tanto de la cantidad de libros que devoremos ni de los títulos que poseamos como de un afinamiento especial de la inteligencia, que permita captar ciertos módulos de belleza, determinados complejos morales, toda esa delgadísima malla que nos envuelve como una atmósfera inverosímil” […].
Se esforzaba, así, por sacudir lo que al negro le viene encima por circunstancias históricas, felizmente comenzadas a erradicar con el triunfo revolucionario de 1959, un proceso que se había iniciado en la lucha misma, también para los blancos, pues se combatía por la máxima igualdad de todos, en todos los órdenes.

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Por Ernesto Montero Acuña

Sin Cuba la política global habría sufrido la ausencia de una de las mayores figuras históricas mundiales, Fidel Castro, quien durante más de cinco décadas protagonizó momentos relevantes en foros internacionales.

Su pensamiento pervive por ello como voz de los pueblos y los pobres del mundo, a favor de los cuales clamó en todas las tribunas, de forma patente durante sus cerca de 170 estancias en países de todas las regiones.

Cuando Donald Trump, presidente de Estados Unidos, amenaza con agredir militarmente a Venezuela, uno de los países simbólicos de América, y retoma caducas fórmulas contra Cuba, es imperioso evocar algunos momentos en la trayectoria internacional del líder revolucionario cubano, arquitecto indudable de la política exterior de su país y paradigma en el mundo.

Vienen a la memoria las palabras del colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, cuando auguró que de Fidel se hablará por mucho tiempo, a lo que puede agregarse que ocurrirá más cuando se recopile y sistematice la edición de pronunciamientos en los que su voz invocó siempre la justicia como principal arma.

En diversas ocasiones se pudo ser testigo de sus intervenciones, siempre cargadas de las más justas apreciaciones y las más claras advertencias, cuya mayor fundamentación la muestran la realidad global de hoy y las previsibles amenazas de mañana.

Una de las demostraciones más sencillas, modestas y equilibradas se la prodigó a este redactor al preguntarle sobre la importancia de la I Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe en la batalla de Cuba contra el bloqueo y él responderle: Yo no diría que fue una batalla, pero sí un importante paso de avance.

En su afirmación se reflejaban tres ingredientes fundamentales: el equilibrio y mesura que prodigaba a los demás, la certeza de sus apreciaciones en el contexto de cada escenario político y la ineludible firmeza con que sostenía la confrontación ideológica con el imperialismo, como muestra en su discurso del 17 de agosto de 1995 en Puerto España.

Luego de citar el pensamiento de José Martí ‘En el fiel de América están las Antillas’, se refirió a su creencia en la idea de un Caribe unido, basado en la certeza de que juntos podremos vencer nuestras dificultades actuales.

Al respecto añadió: Para la Cuba bloqueada y para Haití y la República Dominicana, la Asociación de Estados del Caribe representa la posibilidad de inserción en la economía y en los procesos de integración regionales.

Sobre el entorno ecológico, reclamó: El mar Caribe debe ser protegido de la contaminación negligente y la sobrexplotación de sus recursos. La vulnerabilidad de nuestros ecosistemas, vitales para nuestra subsistencia económica, debe ser motivo de seria consideración en los programas económicos regionales.

No es posible esperar -prosiguió-, pues mañana podría ser demasiado tarde. Nuestras decisiones de hoy no pueden convertirse en letra muerta; han de tener un seguimiento concreto y resultar en la creación de efectivos instrumentos de trabajo conjunto.

En cuanto a los tres temas sobre los cuales trataba aquel foro, fue muy preciso:

Nuestro comercio mutuo es escaso.

El transporte en la región es inadecuado.

Como resumen: … ello se convierte en un obstáculo para el desarrollo del turismo y la integración en el Caribe.

Optimista, sin embargo, proclamó su motivo de mayor confianza: contamos con un recurso de valor excepcional: contamos con nuestros pueblos, forjadores de culturas originales, obligadas al ingenio y la creatividad por la necesaria adaptación a un medio muy frágil y variable.

He ahí, en ese recurso insustituible que son nuestros pueblos, nuestra riqueza principal y nuestra mejor carta de triunfo en la lucha por el desarrollo y por ocupar un lugar digno en el mundo del mañana.

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                La bella y modesta Ave Nacional de Cuba, el tocororo, o Guatiní en lengua indígena.  

Por Ernesto Montero Acuña

Como si se juntaran todas las estaciones climáticas, en Topes de Collantes se renovó esta primavera las excelentes condiciones de alojamiento y sanatoriales y se amplió la oferta de servicios al turismo de eventos, para el cual existen instalaciones, naturaleza e iniciativas.

Ilustra sobre ello la XXI Conferencia sobre Aves del Caribe (Birds Caribbean), celebrada en el Kurhotel Escambray como parte de un hábitat apropiado para las investigaciones adecuadas, con lo que se incrementan las posibilidades que brindan el turismo de salud y el de naturaleza.

En intercambios con el Complejo Turístico Topes de Collantes, con varios de los 240 participantes en Birds Caribbean y mediante la simple observación se apreció mejor el desarrollo añadido a la decena de tratamientos sanatoriales ya existentes y a recorridos por parajes paradisíacos de centenares de kilómetros cuadrados.

La sede principal fue el enorme edificio allí concluido a mediados del siglo XX y recuperado en los años ochenta, al cual se incorporó desde 1963 grandes construcciones para incrementar, hasta 1967, las capacidades de una Escuela Formadora de Maestros destinada entonces al desarrollo educacional de Cuba.

El actual Kurhotel Escambray, reconstruido hacia 1985, se dedicó a tratamientos médicos recuperativos para militares, familiares y personal civil, al que se añadió luego el incipiente desarrollo del turismo internacional de naturaleza en el hotel Los Helechos, donde también se presta servicio a cubanos en moneda nacional.

Estas dos instalaciones, entre otras, se utilizaron ahora para la Conferencia sobre Aves del Caribe, que colmó pasillos, áreas externas y los amplios recibidores -sin suspender las atenciones habituales-, cuyas paredes mostraban provisorios afiches y láminas para ilustrar sobre contenidos de ponencias, paneles y mesas redondas programados con la intervención de muy documentados especialistas.

Trataban sobre especies ornitológicas, características propias de aquellas o de su hábitat, a la vez que se podía observar, en aquel medio, las valiosas pinturas de artistas cubanos de la Generación de los 80, existentes ya en esta y en otras edificaciones, incluido el Museo de Arte Cubano Contemporáneo.

La naturaleza de la cordillera de Guamuhaya -también conocida como Escambaray- arropa a Topes de Collantes y, ejemplifica, según especialistas, la correlación mundial entre 686 mil especies de insectos y ocho mil 600 de aves, en su relación con el resto de la vida animal y vegetal y, significativamente, con la del propio ser humano.

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Por Ernesto Montero Acuña

El liderazgo de Fidel Castro en la Campaña de Alfabetización cubana, concluida el 22 de diciembre de 1961, resalta en la conmemoración de cada Día del Educador, al reconocer el acontecimiento como el hecho de mayor trascendencia educacional y cultural en la historia de Cuba.
Sobre el papel del entonces Primer Ministro, Marcos Pérez Álvarez recuerda el anochecer en que aquel le solicitaba que fuera a recogerlo en la vivienda campesina donde se encontraba, durante un alto en la vía desde la Loma de la Ventana a La Sierrita, en las montañas del Escambray. (1)
El experimentado educador cuenta hoy en su vivienda del Vedado habanero que “Había llovido mucho y los carros se le quedaron atascados al gobernante cuando viajaba hacia la escuela que yo dirigía en Topes de Collantes. Por eso me mandó a buscar”.
En la Escuela Formadora de Maestros Manuel Ascunce Domenech, nombre del mártir adolescente asesinado el 26 de noviembre de 1961 en la Cordillera de Guamuhaya, cursaban estudios de magisterio varios miles de jóvenes que habían sido alfabetizadores y eran calificados por docentes expertos.
La visita de Fidel se inició el 17 de julio de 1966, cuando Marcos, su equipo para la docencia, los constructores y el nutrido alumnado acometían, junto con la enseñanza-aprendizaje, la ampliación de las capacidades educacionales para garantizar la formación de los maestros que requería el país.
No era la primera vez que el líder de la Revolución visitaba el Escambray, nombre con el que suele identificarse la Cordillera de Guamuhaya, pero sí lo era su presencia en aquel centro, a cuya misión le atribuía máxima importancia para el futuro de la nación e, incluso, para el de otros países.
La primera estancia, identificada, del Comandante en Jefe por aquel laberinto montañoso se produjo el 7 de septiembre de 1960, un día antes de que salieran 18 pelotones de milicias en operaciones para garantizar la seguridad de la población agredida por alzados contrarrevolucionarios.
El 10 de octubre de 1960, “desde un secadero de café en El Nicho”, Camilo Cienfuegos había anunciado, al intervenir en el Primer Congreso Campesino del Escambray, que pronto Fidel estaría en las alturas de Guamuhaya, una zona a la que le prestó máxima atención en aquella década.
Mas, su estancia los días 17 y 18 de julio en el combinado educacional respondía a una promesa hecha a los futuros maestros, a quienes les expresó que “Frecuentemente tenía deseos de hacer la visita por el Escambray, ver cómo andaban las cosas por Topes, la escuela, las construcciones, los planes de café.” (2)
“El pueblo uniformado desarticulaba las bandas contrarrevolucionarias”, según frase de Fidel, creadas allí debido a características socioeconómicas de la región, a la penetración de la CIA en grupos anteriores a 1959 y a la política de Estados Unidos dirigida a derrotar a la Revolución en el poder.

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Por Ernesto Montero Acuña

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A sesenta y dos años del golpe de Estado contra Joao Goulart en Brasil, no puede aceptarse que la intención de la derecha latinoamericana y de sus aliados políticos haya trocado su esencia, como no sea para ensayar cambios cosméticos en algunos de sus procedimientos, debido a circunstancias que imponen las necesidades históricas.
Hace quizás dos décadas, quien esto escribe le preguntó a Frei Betto, en la Casa de las Américas, si consideraba que los golpes de Estado contra los gobiernos democráticos habrían desaparecido en América Latina, y el preclaro interlocutor aseveró que no lo creía, pues podrían producirse a medida que se acentuara el tránsito de la región hacia procesos verdaderamente democráticos.
Como en la frase popular: “Santa palabra”, pues, como esperaba, en su país se arremete mediante los más turbios procedimientos contra el gobierno democrático de Dilma Rousseff, continuadora del de su correligionario Luis Inácio Lula da Silva, un firme impulsor de la fórmula más avanzada en Brasil.
Antes se produjeron hechos semejantes en Honduras y Paraguay, e intentos fallidos -aunque agudos- en Venezuela, Bolivia, Ecuador, y retrocesos marcados en otros países, como es el caso de Argentina, aunque por la vía electoral. Mas el procedimiento, solo enmascara como legítimos cambios sin duda reaccionarios.
De modo que hoy, aunque los impactos directos son menos cruentos, las consecuencias económicas y sociales se manifiestan crecientes y la amenaza contra la vida de los más pobres se prevé demoledora, sin contar con que las fuerzas militares extranjeras –entiéndase directas de Estados Unidos o de la Otan, ¿por qué no?- se aprestan a jugar “su papel” como ya amenazan en Venezuela.
En consecuencia, no puede suponerse que la frase del Che Guevara “No se puede confiar en el Imperialismo pero, ni tantito así, nada”, no conserva su vigencia ni, incluso, que esa amenaza se torna con el tiempo más riesgosa para los pueblos del que antes solía nombrarse Tercer Mundo, una denominación que ahora omiten unos deliberadamente y otros por ingenuidad.

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Por Ernesto Montero Acuña

Si contraimperiales fueron los poemas de Nicolás Guillén, no lo han sido menos sus artículos en numerosos medios periodísticos, aunque solo se trate ahora sobre los de la sección Pisto Manchego del periódico El Camagüeyano, donde debutó el 20 de marzo de 1924 como corrector y redactor de textos, como si fueran anuncios, pero con indudable dimensión política.
Se ha explicado ya lo que manifestó sobre este asunto: “He dicho muchas veces, y lo repito, que soy periodista y además poeta. Ya he contado cómo se desenvolvieron mis primeros años de vida en un ambiente absolutamente periodístico, el mismo en que vivió siempre mi padre”. (1)
Juan Nicolás Guillén Urra, su progenitor, asesinado en 1917 por soldados del gobierno, había escrito en 1899 en el periódico Las Dos Repúblicas, del cual era copropietario: “El derecho de Cuba a su soberanía no se discute, se impone, toda discusión en ese sentido, nos la vedan, la dignidad, el honor de militares del Ejército Libertador y los juramentos prestados solemnemente en más de una ocasión”. (2)
De lo anterior se desprende que entre ambos hubo una relación muy estrecha, como explicó el poeta en numerosas ocasiones, a pesar de que la muerte de Guillén Urra se produjo cuando Guillén Batista apenas tenía quince años. Pero el vacío que aquel dejó y la responsabilidad familiar que este asumió, lo foguearon, también en la política.
Una anécdota pudo también influir en su posición antiimperialista, demostrada en sus crónicas de El Camagüeyano. El policía Víctor Manuel Caballero, padre de uno de sus amigos de la infancia, recorría en patrullaje nocturno calles de de la ciudad, cuando percibió los gritos desaforados de algunas mujeres, lamentos que parecían provenir de la esquina en la cual convergen las actuales calles camagüeyanas de Santa Rita y Bembeta.
El vigilante corrió hacia el lugar y se encontró con una situación que el escritor y periodista José Manuel Villabella ha calificado como “espeluznante”. Tras una puerta abierta de par en par, tres “mujeres con los vestidos desgarrados trataban de librarse de unos marinos yanquis, mientras otros estadounidenses esperaban entusiasmados por las infelices”.
Caballero se enfrentó a los agresores –siete en total- en desigual confrontación, ante lo cual se vio compelido a emplear su arma reglamentaria, con la que dio muerte a uno de los agresores e hirió a otro en una de sus rodillas, en tanto que los cinco restantes emprendieron la fuga. Debido a tal hecho, ocurrido durante la Primera Intervención de Estados Unidos en Cuba, (3) se desarrolló un proceso judicial en el cual se incriminaba injustamente al policía.
Aquel hecho provocó una fuerte reacción en la ciudad, al extremo de que muchos años después la ciudadanía aún repudiaba la conducta de quienes había ultrajado a las mujeres. De esto se derivó una más profunda amistad entre Caballero y Guillén Urra, circunstancia que también consolidó luego el trato entre Víctor Manuel, hijo del policía, y Guillén Batista, primogénito del periodista.
El sonado acontecimiento marcó profundamente el medio y a las familias involucradas como víctimas, lo que sensibilizó aún más al joven que devendría poeta de aguda sensibilidad, también social y política. Villabella califica la agresión como un escándalo, en su libro biográfico Guillén: romance de Pueblo viejo. (4)

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Por Ernesto Montero Acuña

El coleccionismo institucional de artes plásticas recibe un impulso importante por parte del Grupo de Turismo Gaviota en el complejo de Topes de Collantes, donde 800 obras de decenas de representantes descollantes de las pintura y escultura, genuinas figuras cubanas de estas manifestaciones, cubren las instalaciones y la galería, esta en una prominente casona de estilo semicolonial.
En las palabras al catálogo del Museo de Arte Cubano Contemporáneo (MACC), el licenciado Ibraín Pilar Zada resalta el pluralismo de estilos que convergen en varias generaciones en los 80, lo que convierte la muestra, expandida en una gran extensión de bosques y paisajes exuberantes, en uno de los mayores y más variados coleccionismos de su tipo en Cuba.
Esto se logra en virtud de un proyecto de ambientación realizado conjuntamente con el Fondo Cubano de Bienes Culturales, que involucra a una cantidad significativa de los artistas más relevantes del momento, como afirma el colega Jorge Rivas acerca del acontecimiento.
Sobre los orígenes, explica que por iniciativa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, 64 de estas obras permitieron crear el pequeño museo donde se exhiben piezas medulares -que ni el propio Museo Nacional posee- de los más prestigiosos artistas de la época, en el Complejo de Turismo Topes de Collantes.
Entre los representados sobresalen Tomás Sánchez, Flora Fong, Nelson Domínguez, Pedro Pablo Oliva, Ernesto García Peña, Eduardo Roca, Moisés Finalé, Ever Fonseca, Zaida del Río, Gilberto Frómeta, Manuel Mendive, Rubén Torres Llorca, Antonio Eligio Tonel, Ricardo Rodríguez Brey, Glexis Novoa, Carlos Cárdenas, Flavio Garciandía, Consuelo Castañeda, Eduardo Rubén, Raúl Santos Serpa, Rubén Rodríguez y muchos más.
Al respecto, Ibraín Pilar Zada destaca que “constatamos la presencia de más de 800 obras de unos 130 artistas entre óleos, murales, esculturas, instalaciones, grabados; y aseguramos que ninguna otra institución cuenta con una colección tan completa de serigrafías impresas en el Taller René Portocarrero en los años 80”.
Como parte de las montañas de Guamuhaya, sus obras posibilitan el disfrute a campesinos con ilustración y a profesionales y técnicos vinculados a esta acogedora geografía, a jóvenes estudiantes y a niños y ancianos, a visitantes nacionales o a turistas extranjeros, pues el arte enriquece, aunque solo sea con su presencia.
El edificio que acoge el MACC se construyó en 1943 por orden del entonces senador y magnate Alfredo Hornedo Suárez, quien poseía en Topes de Collantes una finca de 12 caballerías, aprovechando sus estrechos vínculos con el dictador Fulgencio Batista, impulsor desde 1936 de la construcción del Sanatorio Antituberculoso de Topes de Collantes, que le aportaría dividendos económicos y beneficios políticos.
El licenciado Ibraín Pilar Zada califica en el catálogo como ideal la posibilidad de un lugar con esculturas de mármol blanco de Carrara -como ninfas representando las estaciones del año- junto con el espacio que se adaptaría para la exhibición del arte.
En la década de los ochentas se iniciaron los trabajos de rediseño del inmueble y se dieron los primeros pasos en 1998 con la conservación de la cubierta para impedir que continuara el deterioro, hasta el inicio de la restauración en septiembre de 2004, al costo de varios miles de CUC y CUP, para un total 784 mil unidades en ambas monedas.
Mediante Eliover Cruz Pentón, jefe del Grupo Museos en Topes, se supo que el MACC se concibió con dos niveles y seis salas para exposiciones permanentes, una para transitorias, instalación gastronómica, áreas administrativas –incluidas salas protocolar y de restauración y montaje-, almacén, audio centralizado, terraza para servicios generales y proyectos de extensión comunitaria.
Simultáneamente con la reconstrucción del inmueble comenzó la selección de las obras a exponer, en lo que intervino el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, cuyo grupo de especialistas emitió sus dictámenes y restauró 28 lienzos y 32 técnicas mixtas, para un total de 60 obras.
El diseño museográfico y la colocación de todas ellas en los espacios correspondientes estuvo a cargo de especialistas del Consejo Provincial de Artes Plásticas de Sancti Spíritus, mediante una concepción correspondiente con la contemporaneidad, la representatividad y la importancia de los artistas.
Como refleja Ibraín Pilar Zada en las palabras del catálogo, al atractivo para el disfrute turístico en el sur de Sancti Spíritus, con playa, el centro histórico trinitario -declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad- y montañas, se añadió con el museo la posibilidad de apreciar el “arte de altura en las alturas”.

Guillén ante imagen de Ignacio Agramonte. (2)

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén comparó a Ignacio Agramonte con la piedra dura, la roca madre en el mineral conformado por cuarzo, feldespato y mica, como aparece en un soneto del libro Sol de domingo (1982), el último publicado en vida del Poeta Nacional, camagüeyano como el mártir de Jimaguayú.

Sobre los méritos humanos, políticos y militares de una de las más íntegras figuras de las guerras de independencia cubanas, Guillén manifestó en el centenario del nacimiento del patriota: […] “sería imposible escribir seriamente la historia de la Guerra Grande sin ubicarlo en un sitial de honor” […]. (1)

Tampoco se podría ignorar la valoración de José Martí: “Por su modestia parecía orgulloso: la frente, en que el cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para que la besase la gloria: oía más que hablaba, aunque tenía la única elocuencia estimable, que es la que arranca de la limpieza del corazón” […]. (2)

Quien no ha dejado de ser El Mayor, a pesar de los vaivenes en la historia de Cuba, sintetizó los méritos del patriota íntegro, plenamente democrático, con la imagen del héroe romántico que expuso la vida en defensa de su elevado ideal y sacrificó su claro amor hacia la esposa y el hijo –tuvo dos: Ernesto y Herminia, nacida después de su muerte- por cumplir los requerimientos del país y de la época.

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Camilo Cienfuegos 02

Por Ernesto Montero Acuña

Cada día es bueno para recordar a Camilo Cienfuegos. En Camagüey, por ejemplo, no se olvida el Primero de Mayo en que les habló a los trabajadores. No se relega tampoco cuando contrarrestó allí la traición. Ni la tarde en que partió de la ciudad, cuando quedó sembrado en la tierra, en el aire, en el mar.
Como lo calificó Nicolás Guillén, Camilo porta un simbolismo, como su nombre, que no duerme, ni descansa en paz, como “dice la mansa/ costumbre de flores, (1) la que olvida/ que un muerto nunca descansa/ cuando es un muerto lleno de vida”.
No se olvida el Primero de Mayo de 1959 en que algún niño marchaba, admirado, junto al comandante legendario, hasta desembocar en la entrada del vetusto puente sobre el Hatibonico, para enrumbar hacia el Casino Campestre, donde el guerrillero histórico repartió sus palabras memorables.
Dijo: “Tenemos que emplear todo el tiempo en unirnos, en apoyar la Revolución, en apoyar las medidas revolucionarias que a diario está dictando nuestro Gobierno revolucionario…” A lo que añadió que aquella manifestación era para “decirle al Gobierno: apoyamos a la Revolución, apoyamos a las medidas revolucionarias que el Gobierno ha hecho para los trabajadores.”
El gran parque camagüeyano adquirió así perpetuidad, porque Camilo le aportó un valor que el vergel citadino no traía de cuando sirvió como recurso público a políticos encumbrados y, a veces, para caminatas pueblerinas que calmaran la impaciencia de los aburridos.

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Che-Mixta-Lienzo

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén, primero en cantarle al Che, le dedicó en los días iniciales de enero de 1959 los versos del soneto Che Guevara: “Como si San Martín la mano pura / a Martí familiar tendido hubiera”, simbólicos en solidaridad entre ambas naciones.
Guillén creó también, al morir el guerrillero, la elegía de la inmortalidad: “No porque hayas caído / tu luz es menos alta. / Un caballo de fuego / sostiene tu escultura guerrillera / entre el viento y las nubes de la Sierra.”
Se conectan por la ideología común, que permite a los hombres, distantes y aún personalmente desconocidos, identificarse desde la distancia, para que el poeta pudiera hallar y reflejar, mediante símbolos históricos, aquello que los identifica.
Si bien los poemas son bastante conocidos, no lo son tanto las motivaciones.
Al triunfo de la Revolución, antes del inminente regreso de Guillén a Cuba, ocurrido el 23 de enero, Leónidas Barletta, director del semanario Propósitos, le solicitó un poema o una crónica acerca del guerrillero nacido en Argentina, donde el poeta se encontraba exiliado desde noviembre de 1958.
En su libro de memorias Páginas vueltas, Guillén refiere: “Yo pegué un salto, excusándome en ambos casos por falta de tiempo. Un soneto no se hace así como así; tal vez la crónica… En eso quedamos y cuando colgué… me puse a escribir un soneto”.
Así que cumplió la solicitud. “Con la publicación el poema circuló desde Buenos Aires hasta México. En Cuba, por su parte, se divulgó en varios diarios de La Habana el 9 de enero de 1959”. Figura en Tengo desde 1964 y “constituyó la primera poetización (1) del leimotiv del Che como combatiente, digno de la épica patriótica”.
Confiesa Guillén en Un gran muerto invencible, crónica publicada en el periódico el Mundo en 1967, que se puso a trabajar enseguida, y lo primero que le vino a la maquinita fueron los dos versos iniciales. Al respecto apuntaba: “Aquello me sorprendió, y hasta podría decir que me asustó, pero seguí escribiendo. Dos horas más tarde había terminado un soneto al Che”.
Sobre Che comandante ha sido igualmente explícito. Antes de la velada solemne en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 18 de octubre de 1967, el poeta trabajaba en una obra dedicada al guerrillero, cuando lo llamó Haydée Santamaria [presidenta de la Casa de las Américas], a propósito del tema.
Así lo refiere en Páginas vueltas: […] “me puse a trabajar en un poema al Che con tal ahínco que cuando una de aquellas noches Haydée Santamaría me sugirió que así lo hiciera, le dije: “Haydée, perdóname, pero ya está terminado, le faltará algún verso, alguna estrofa, pero el grueso de la composición solo necesita un poco de lima”.
Por la noche fue el acto en la Plaza, con la asistencia de un millón de personas, en actitud solemne. Pero durante la tarde lo había llamado Celia Sánchez, [secretaria entonces del Consejo de Estado], quien le dijo que Fidel quería hablarle. “Un momento, Guillén, que Fidel está al teléfono”. “Fidel me dijo entonces”, cuenta el poeta, “que yo debía decir el poema en mi propia voz. Naturalmente, le dije que sí”.

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Con Rosa que corta cake

Por Ernesto Montero Acuña

Cuando partía de Bucarest hacia Beijing, vía Moscú, Nicolás Guillén tuvo la feliz idea de comparar de un modo ingenioso a las bucarestinas con las cubanas, al decir que allí abunda la cálida belleza meridional que hace volver el rostro en la calle.
Añadía el Poeta Nacional de Cuba que ello podía ocurrir “como si estuviéramos” en la céntrica esquina habanera de Galiano y San Rafael, aunque pudiera haberse referido igualmente a otras numerosas confluencias en ciudades y poblados de su país.
También es posible que por aquellos meses finales de 1959, cuando escribió su crónica Carta de Pekín, publicada en el periódico Hoy el 18 de octubre, abundaran más las bellas, en cantidad, en la céntrica convergencia de las dos populosas vías, en la capital cubana.
Si bien cualquier villa de Cuba tiene en común con las de Rumanía el carácter latino y la geografía sureña, el tema va más allá de una digresión sobre semejanzas y diferencias entre rumanas y cubanas, pues el asunto viene a cuento en cuanto a la valoración del poeta acerca de la mujer.
Cuando se trata a fondo la situación femenina en el mundo, con sólidos y justos discursos de estadistas y apelaciones del Papa Francisco, es obligado mostrar la visión poética de Nicolás Guillén, sobre todo por oportuna.
No puede pensarse que dedicara en su obra más numerosas y sentidas letras a la mujer por su atractivo que por su condición de socialmente igual. En este último sentido existen muchos más ejemplos que sobre la muy humana y normal atracción física, sin la cual no sobreviviría la especie.
En su poética se cuenta con las composiciones recopiladas en Poesías de amor (1933-1971) y a lo largo de este título no se encuentran la sexualidad desaforada, ni el erotismo al uso durante el neo romanticismo en boga en parte de aquella época.
Sus alusiones a lo que pudiera identificarse como pasional son tenues, escritas más como quien alude que como quien seduce.
Tampoco ha sido extraño, en sentido contrario, que haya existido quien le reprochara al poeta no haberle dedicado más espacio en su copiosa obra política y social a la poesía amorosa, aunque a ello aportó versos magistrales.
En A Julieta escribió algo tan sugerente como “Me gusta oírla hablar,/ porque las palabras salen de su boca como de un nido,/ primero se asoman, y en seguida rompen a volar”.
O mejor aún, otros versos de su Poema de amor: “No. Lo ignoro./ Desconozco todo el tiempo que anduve/ sin encontrarla nuevamente./ ¿Tal vez un siglo? Acaso./ Acaso un poco menos: noventa y nueve años./ ¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma/ un tiempo enorme, enorme, enorme.”

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Por Ernesto Montero Acuña

Ancestros
Por lo que dices, Fabio,
un arcángel tu abuelo fue con sus esclavos.
Mi abuelo, en cambio,
fue un diablo con sus amos.
El tuyo murió de un garrotazo.
Al mío, lo colgaron.
N. Guillén

Un solo verso de la Elegía camagüeyana de Nicolás Guillén sirve para reflejar a Cuba en su tránsito por el tiempo, aunque el poeta se haya inspirado más bien en su Camagüey natal, ciudad a propósito de la cual saltan aquellas cinco palabras enfáticas: “héroes no, fondo de historia”.
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Una de las estatuas ancestrales en  la Plaza de El Carmen, Camagüey, realizadas por Marta Jíménez.

 

 

 

Lo mismo podrían aplicarse a Baracoa, Bayamo, Sancti Spíritus, La Habana, Santiago de Cuba o Remedios que a Trinidad, la villa que compele a rememorar aquella frase, aunque sea más que expresión sintética. Con ella se convoca a no ignorar las raíces de todos.
El fondo de esta meditación responde a las celebraciones de los 500 años de la fundación de las villas más antiguas de Cuba, y lo inspira el verso de Guillén, no solo por Camagüey, que lo merece tanto como la que más pudiera ameritarlo, sino porque le corresponde a todas la poblaciones, incluido cualquier villorrio de Cuba.
Puede parecer que se recuerda también una gran injusticia histórica, porque aquellas fundaciones se basaron en el despojo contra los pobladores oriundos y en un crimen enorme contra uno de los componentes étnicos más significativos en la historia del país y en la cultura nacional.
Si se fuera profundamente fiel al verdadero “fondo de historia” se percibiría que a veces aparece enmascarado el triunfo del extremeño inmundo y asesino que fue Vasco Porcallo de Figueroa, como lo fueron también otros oriundos de Extremadura, como Diego Velázquez y Pánfilo de Narváez, por encima de la débil resistencia autóctona.
El Sermón del Arrepentimiento del Padre las Casas, pronunciado en Sancti Spíritus el 4 de junio de 1514, seguramente, no repara ninguna injustica ni restaña ninguna herida. Ya no era reparable respecto de los indios y nunca lo fue a posteriori en relación con los negros traídos de África, dos tercios de los cuales murieron en el trayecto.
No fueron fundaciones las que se produjeron, sino masacres, como se cometen otras en la historia de hoy, con medios más modernos y objetivos igualmente perversos, pues persiste su naturaleza esencial.
Sobre esto se puede reflexionar con los versos de Nicolás Guillén, el poeta que murió ignorando al menos uno de sus apellidos ancestrales, como ocurre ahora con todos los negros de Cuba y en todos los países donde existió aquel cautiverio que robó su apellido verdadero a tantos millones de esclavos.
Meditar sobre esto, cuando se transita por las redondas y a veces incómodas piedras de las calles trinitarias, conduce a rememorar los más de 500 años del surgimiento de la villa simbiótica, muestrario del pasado y del presente, quizás la única que ha elegido una forma flexible de conmemorar –el segundo domingo de enero- aquella fecha impuesta por las circunstancias de la Historia.

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Casa de Ernesto Lecuona en La Timba

Casa de descanso de Ernesto Lecuona en La Timba, vista actual, visitada por Albert Einstein en 1930.

Por Ernesto Montero Acuña

Con trazos de fino pincel se debe dibujar cómo el barrio marginal de la Timba pasó a ser el centro urbano donde, durante más de cinco décadas, se sustituyen las casuchas de villa miseria por construcciones adecuadas a la vida confortable, para bien de uno de los sitios más céntricos en La Habana moderna.
Al transitar por la avenida Paseo desde Boyeros a Zapata se percibe, a derecha y a izquierda, una urbanización con sobria dimensión nueva, aunque es el mismo lugar donde nació Chano Pozo, el 7 de enero de 1915, y que visitó Albert Einstein, el 20 de diciembre de 1930.
El proyecto comunitario Todas las manos, de la Fundación Nicolás Guillén, aplica allí el sentido de los versos: “Alcemos una muralla/ juntando todas las manos;/ los negros, sus manos negras,/ los blancos, sus blancas manos” (1), como apelación a la convivencia sin distingos, al desarrollo del medio urbano y al enriquecimiento de la cultura originaria.
Datos de la Fundación reflejan que al barrio se le nombró La Timba debido a que en la actual calle Zapata, su límite norte, existía una tienda minorista o bodega que expendía pan con queso y dulce de guayaba, cuyas barras provenían, en cajas de madera, de una firma norteamericana nombrada “Timber”, de la cual derivó a Pan con Timba.
Bajo el nombre del Poeta Nacional de Cuba, esta institución cultural contribuye con su gestión a enriquecer un barrio antes considerado marginal, cuya fundación se fija el 20 de mayo de 1914, hace más de cien años, en la zona de San Antonio Chiquito, por el ingenio azucarero homónimo que existió en el entorno.
Originalmente surgido al este de Paseo, en la actual intersección de las calles Zapata y A, Pan con Timba reflejaba ya en los censos de 1864 y 1865 una apreciable expansión poblacional, algo que se acentuó con el Cementerio Cristóbal Colón y la consiguiente mejoría en la comunicación con el centro de La Habana.
El camposanto capitalino, uno de los primeros del mundo en valores patrimoniales y en extensión, fue ideado en 1854 por el gobernador español Marqués Jacobo de la Pezuela, quien dispuso su creación debido a la insuficiente capacidad del anticuado Cementerio de Espada.
Por Real Decreto del 28 de julio de 1866 se aprobó iniciar las obras, que comenzaron efectivamente el 30 de octubre de 1871 y concluyeron quince años después, el 2 de julio de 1886. Tanto como hoy, se destacaba entonces su arco de entrada con el conjunto escultórico, en mármol de Carrara, que simboliza las virtudes fe, esperanza y caridad.
De este modo se ha conformado la historia del inicial Pan con Timba como un lugar de profunda raigambre cultural, en la cual se integran lo racial y lo popular, hasta conformar una comunidad donde entrelazan “los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos”.

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Por Ernesto Montero Acuña

Guillén contraste

Contra lo que pueda suponerse, poetas bisiestos no son los que nacieron el 29 de febrero, ni los que escribieron o publicaron sus primeros y únicos versos o su obra ese día, sino los que el brasileño Vinícius de Morais bautizó con ese calificativo, un hecho que el cubano Nicolás Guillén definió como casi una travesura.

Él también adoptó la denominación, no obstante, para referirse a un cubano al que estimaba mucho, por ser su amigo y su correligionario en las luchas políticas de los años treintas en Cuba, y cuyo nombre es Vicente Martínez.

Mas, ¿qué se entiende por poeta bisiesto? Para comprender mejor el asunto, vale más explicarlo en sus orígenes.

En crónica publicada en La Gaceta de Cuba el 5 de abril de 1964, el autor de Motivos de son explicaba que “Vinícius (1) lanzó la novedad en septiembre de 1942, desde las páginas de una revista argentina bastante conocida”, publicación en la que “Llamaba de ese modo a los poetas «sem livros de versos —bissextos pela escassez de sua produçao, cuja excelencia os coloca sem embargo ao lado dos mais citados», según la cita de Guillén en portugués. (2)

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Guillén su risa

Por Ernesto Montero Acuña

Cuando un perro le viene encima a uno con ánimo feroz, dicen que lo mejor es calmarse, esperar imperturbable a que el can se aquiete y luego continuar en el sentido o en la acción en que uno se encontraba, si el animal, claro, no lo ha mordido antes a uno, en cuyo caso lo más práctico es encaminarse hacia algún establecimiento médico, en  dependencia de las lesiones.

Aseguran que la conducta mesurada es recomendable debido a que la alteración en el humano  acrecienta su descarga de adrenalina y esto es claramente percibido por el sabueso en cuestión, lo que estimula su agresividad. Con lo anterior no se pretende iniciar un tratado de Canología, sino intentar una explicación acerca de si los testículos de un fox terrier, o de un pastor alemán, o de un Gran Danés, por citar algunos ejemplos, pueden contribuir a la agresividad o a la ausencia de esta en el que califican como el mejor amigo del hombre.

La inquietud anterior se debe a una ocurrencia del poeta Nicolás Guillén cuando acudía, con amigos, a una festividad campestre en las proximidades de su Camagüey natal. En cualquier caso, no se debe olvidar que se define al género perruno como  “mamíferos carniceros digitígrados, generalmente domésticos, y que comprende infinidad de variedades”. (1)

El poeta y sus acompañantes arribaron, con ánimo alegre y desenfadado, a la entrada de la hacienda y cuando abrían la tranquera (o talanquera) de acceso a la morada campesina, un galgo furibundo se les abalanzó raudo y con actitud en ningún sentido amistosa, ante lo cual el propietario de la vivienda se propuso calmar a los visitantes con expresión seráfica y una frase hasta hoy inexplicable:

– Tranquilos; no se preocupen… Que el perro está “capao”.

A lo que Guillén replicó con mayor celeridad que la del can:

– No; si a mí los que me preocupan son los colmillos.

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Por Ernesto Montero Acuña

La anécdota resulta tan ejemplarmente agramontina, que esa condición, unida a las circunstancias, le otorgan la veracidad requerida para certificarle la categoría de indudable.

Camagüeyanos de antaño contaban que cierto joven caballeresco desafió a duelo a un insolente oficial español por haber pisado, como chanza de mal gusto, la cola del largo vestido que cubría a una joven criolla asistente a cierta celebración festiva, en la que parece haber sido la Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia. Esta se había fundado el 20 de noviembre de 1864, apenas cuatro años antes de la entrada de El Camagüey en la Guerra del 68.

Con antecedentes en 1853, como Sociedad Popular de Instrucción y Recreo, la Santa Cecilia renovó su carácter en la fecha referida del 1864, a la que se unió dos días más tarde el teatro El Fénix, ubicado en el entonces Callejón de Las Mercedes, contexto urbano que hoy podría considerarse a dos cuadras cortas de donde nació Ignacio Agramonte el 23 de diciembre de 1841.

Quienes acopiaban hechos propios del anecdotario heroico, dignos de preservarse, narraban como cierto que quien luego fue El Mayor llegó a batirse con el ofensor de la joven, trance del cual salió bien librado, a pesar de haber ocurrido cuando el dominio colonial de España se encontraba en gran plenitud, aunque el independentismo cubano también era pleno.

Lo indudable es que la acción resulta propia de quien unía ética, valor y patriotismo entrelazados, diríase que no solo al modo caballeroso, sino también al caballeresco. Así que a ciento setenta y tres años de distancia, Ignacio Agramonte se sostiene, perpetuo, en la memoria, en la historia y hasta en un anecdotario que trasciende su ámbito camagüeyano.

El asunto viene muy a propósito hoy por el nacimiento del ejemplar patriota en una casona de dos plantas, frente a la iglesia de Las Mercedes y a la entonces plaza homónima, “en la esquina de las calles de Soledad y Candelaria, para decirlo con los nombres que llevaban en el siglo XIX y a comienzos de éste”, como escribió Nicolás Guillén en una crónica (1) que publicó en el periódico Hoy, el 11de mayo de 1963, a noventa años de la muerte del patriota en Jimaguayú.

Apenas una década después, Silvio Rodríguez estrenó en la camagüeyana Plaza de San Juan de Dios su canción –más bien de todos- dedicada a El Mayor, “el mártir cuyo cadáver fue quemado por los voluntarios” [en ese mismo lugar] «con la leña que dio Mujica», después de paseársele como un dramático fardo a lomo de caballo por las calles de la ciudad”. Se le sepultó luego, apenas chamuscado, en una fosa común del cementerio de la entonces Santa María del Puerto del Príncipe.

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Nochenueva


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Por Ernesto Montero Acuña

  
Nicolás Guillén y Gabriel García Márquez reclamaron, cada uno en su momento, la descomercialización de una festividad cuyo componente familiar es creciente, con base histórica en el cristianismo, a pesar de la metamorfosis ecléctica que sufre hoy en países del Trópico.

Los días de Nochebuena, previos a la Natividad, estimulan este año en Cuba la intensificación de las celebraciones y, también, inducen a escribir sobre aquella, en un acto de creación que se ha relacionado frecuentemente con el parto.

“Escribir es parir”, solía confesar un viejo profesor de periodismo, con toda razón, aunque el alumbramiento fuera sin dolor. Se pretende, desde luego, cumplir el precepto de “amarás al prójimo como a ti mismo”, y para ello vendrá a socorrernos Nicolás Guillén.

En su crónica Pascuas otra vez… (1), describía el poeta los días finales de 1964: “No es frío diciembre en Cuba, aunque el aire sea más delgado que en el resto del año”. Aunque podía ser más robusto o más endeble el disfrute, según la posibilidad humana de acceso a la Navidad, algo que también reflejó en su poema Nochebuena (2).

Mas, las celebraciones vienen este año en Cuba, en cambio, con pisadas superiores a las de siete leguas y ascienden en una escala tan alta como era aciaga la incertidumbre hace 55 años, por estos mismos días.

Se perciben las festividades, hoy, como impulsadas por estímulos nuevos, aunque con arraigo antiguo, porque a la familia nacional se reintegran quienes faltaban en ella.

Transcurrirán siglos durante los que se recuerde el año del regreso de los Cinco (3) a casa, con el estímulo adicional para Gerardo Hernández de la hija que añadirá una luminosidad mayor a la que ya portaba.

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La mujer de Antonio

Según Guillén y Matamoros…

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Por Ernesto Montero Acuña

A pesar de ser una de las mujeres más nombradas en Cuba, al menos desde el primer cuarto del siglo XX, nadie ha podido satisfacer la viva curiosidad que despierta aquella que, si bien ignota, originó una de las canciones más conocidas en su época y un poema de los que Nicolás Guillén solía identificar como folclóricos.

De la mujer de Antonio no se sabe ni siquiera el nombre –de la culturalmente conocida, pues existe otra de mucho interés-, debido a que la de la canción se identifica solo mediante el patronímico del esposo. Se sabe que caminaba así por la madrugada, tal vez porque aquel era el horario durante el cual iba a la plaza, entiéndase del mercado. Pero, ¿podría alguien describir cómo era o decir a qué nombre propio respondía?

Gracias a la curiosidad de la vecinita de enfrente y a la perspicacia trovadoresca de Miguel Matamoros, el músico y compositor santiaguero (1894-1971) realizó una enorme contribución al enriquecimiento y a la expansión sonera en Cuba y mucho más allá, pues trasladó su ritmo y estructura desde el oriente del país al occidente del mundo.

Si bien se sabe poco de aquella mujer de Antonio, sí puede aseverarse que, en 1925, el músico creó en su natal Santiago de Cuba, junto con Ciro Rodríguez y Rafael Cueto, el renombrado trío de música popular que llevaba como nombre su apellido (Matamoros), agrupación que realizó su primera grabación discográfica en 1928, una de las indudables razones por las cuales aquella criolla a la que se cantaba, posiblemente salsosa, mas no salsera, logró alcanzar anonimato mundial, aunque parezca paradójico.

Se asegura que el de Matamoros es uno de los tríos de mayor renombre y originalidad en la música latinoamericana, junto con el mejicano nombrado Los Panchos, en sus respectivos estilos, y se le califica como una referencia obligada en la historia de la interpretación y la composición afrocubana, por la magistral combinación que consiguió del bolero y el son, por su modo de entonarlos.

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