alfabetizacion

Por Ernesto Montero Acuña

El liderazgo de Fidel Castro en la Campaña de Alfabetización cubana, concluida el 22 de diciembre de 1961, resalta en la conmemoración de cada Día del Educador, al reconocer el acontecimiento como el hecho de mayor trascendencia educacional y cultural en la historia de Cuba.
Sobre el papel del entonces Primer Ministro, Marcos Pérez Álvarez recuerda el anochecer en que aquel le solicitaba que fuera a recogerlo en la vivienda campesina donde se encontraba, durante un alto en la vía desde la Loma de la Ventana a La Sierrita, en las montañas del Escambray. (1)
El experimentado educador cuenta hoy en su vivienda del Vedado habanero que “Había llovido mucho y los carros se le quedaron atascados al gobernante cuando viajaba hacia la escuela que yo dirigía en Topes de Collantes. Por eso me mandó a buscar”.
En la Escuela Formadora de Maestros Manuel Ascunce Domenech, nombre del mártir adolescente asesinado el 26 de noviembre de 1961 en la Cordillera de Guamuhaya, cursaban estudios de magisterio varios miles de jóvenes que habían sido alfabetizadores y eran calificados por docentes expertos.
La visita de Fidel se inició el 17 de julio de 1966, cuando Marcos, su equipo para la docencia, los constructores y el nutrido alumnado acometían, junto con la enseñanza-aprendizaje, la ampliación de las capacidades educacionales para garantizar la formación de los maestros que requería el país.
No era la primera vez que el líder de la Revolución visitaba el Escambray, nombre con el que suele identificarse la Cordillera de Guamuhaya, pero sí lo era su presencia en aquel centro, a cuya misión le atribuía máxima importancia para el futuro de la nación e, incluso, para el de otros países.
La primera estancia, identificada, del Comandante en Jefe por aquel laberinto montañoso se produjo el 7 de septiembre de 1960, un día antes de que salieran 18 pelotones de milicias en operaciones para garantizar la seguridad de la población agredida por alzados contrarrevolucionarios.
El 10 de octubre de 1960, “desde un secadero de café en El Nicho”, Camilo Cienfuegos había anunciado, al intervenir en el Primer Congreso Campesino del Escambray, que pronto Fidel estaría en las alturas de Guamuhaya, una zona a la que le prestó máxima atención en aquella década.
Mas, su estancia los días 17 y 18 de julio en el combinado educacional respondía a una promesa hecha a los futuros maestros, a quienes les expresó que “Frecuentemente tenía deseos de hacer la visita por el Escambray, ver cómo andaban las cosas por Topes, la escuela, las construcciones, los planes de café.” (2)
“El pueblo uniformado desarticulaba las bandas contrarrevolucionarias”, según frase de Fidel, creadas allí debido a características socioeconómicas de la región, a la penetración de la CIA en grupos anteriores a 1959 y a la política de Estados Unidos dirigida a derrotar a la Revolución en el poder.

El 18 de julio, luego de dormir allí, les habló a los estudiantes en el anfiteatro construido por ellos en el complejo educacional y les explicó que había empezado a subir en yipi por la tarde, el día anterior, hasta cuando unos campesinos le dijeron que “no llegábamos, que había no sé qué barranco, que no sé qué río, que se atascaban hasta los mulos, y que los yipis no pasaban”.
A pesar de su optimismo, los serranos le insistieron en que faltaban dos kilómetros desde donde se quedaron los yipis hasta Topes; era de noche, y todo estaba enfangado. Sobre la distancia, bromeó: “eran dos kilómetros campesinos los que faltaban”, para remarcar la inexactitud de sus guías ocasionales.
Durante el acto se extendió en explicar que el programa para la formación de maestros constaba de tres etapas: un año en Minas del Frío, en la Sierra Maestra; dos en Topes de Collantes, e igual cantidad en Tarará, al noreste de la ciudad de La Habana.
En cuanto a los dos primeros lugares estableció el paralelo de que después de las Minas del Frío ya Topes era casi un paseo, pues se estaba casi en plena civilización. A lo que añadía la consideración medular de que “gran parte de esos avances los han hecho ustedes”, refiriéndose a las aulas, instalaciones y obras realizadas por los propios estudiantes.
También recordaba que hacía un años, en 1965, habían salido de allí los primeros maestros, integrados por quienes “después de la alfabetización entraron en esta escuela”, y luego de graduados fueron a sustituir a los primeros 500 de la Brigada Frank País “que, a su vez, pasaron a desempeñar otras funciones y a estudiar.”
Mas adelante desarrollaba su noción del educador: ¿Qué es un maestro? ¿Cuál debe ser el ideal de un maestro? ¿Acaso el ideal de un maestro podía ser el de aquel país, como el nuestro, donde más de un millón de personas no sabían leer ni escribir? ¿Acaso podía ser el ideal de un maestro un país con un 25% ó un 30% de analfabetos? ¿Podía ser el ideal de un maestro el sistema social que dejaba a más de 600 000 niños sin escuelas?
Para proseguir: ¿Podía ser el ideal de un maestro el sistema social donde el 90% prácticamente de los estudiantes de primaria desertaban antes de graduarse de 6to grado? ¿Podía haber alguien con alma de maestro, con vocación de maestro, con espíritu de maestro, que pudiese sentirse feliz con aquel sistema social? ¡No!, respondía.
En el desarrollo de su discurso, pronunciado hace cincuenta años, se observa cómo ejercía él mismo una función educadora, de pedagogo revolucionario, para caracterizar y promover el tipo de maestro que deberían ser quienes lo escuchaban.
Nosotros teníamos que proponernos forjar, diría luego, verdaderos maestros en el más cabal sentido de la palabra; maestros capaces de enseñar no solo en las ciudades, sino también en los campos; y no solo en los campos, sino también en las montañas; y no solo en las montañas, sino también en las montañas más incomunicadas del país.
Luego se orientaba hacia el alcance mayor: Teníamos que formar maestros capaces no solo de enseñar en nuestra patria, sino de irse a enseñar a cualquier parte del mundo donde hiciesen falta. Necesitamos formar un tipo de maestros capaces de ir a enseñar no solo en el Pico Turquino, sino capaces de estar dispuestos a enseñar en cualquier parte del mundo.
Sobre tales bases pedagógicas se desarrollaron en Topes de Collantes educadores para formar nuevas promociones de hombres y también para crear condiciones y capacidades requeridas por la docencia. En 1977, cuando Marcos Pérez cesó en la función de director de la escuela, había allí casi ocho mil estudiantes.
También, sin aquella obra no se podría concebir el Topes de hoy, con sus instalaciones turísticas y de salud debidas el trabajo de entonces.
Mas, la interpretación sobre la época la ofrece Marcos, al explicar cómo Fidel había escalado el Pico Potrerillo y trazaba allí planes sobre cómo sería el Escambray –entonces por construir- y partían luego en yipis hacia Banao, un experimento agrícola soñado entonces; o hacia la presa Zaza, aún sin figurar en el mapa, o para otras obras y proyectos.
Sobre sus recorridos por las montañas del Escambray se ha publicado que había allí 12 atrasadas y antiguas municipalidades, en “un territorio idóneo para desarrollar todos los conceptos económico-sociales que requería el país”, extendido por un área con cuatro mil 295 kilómetros cuadrados pertenecientes a una de “las 58 regiones de las entonces provincias cubanas.” (3)
De modo que el sábado 26 de diciembre de 1970, el periódico Vanguardia dedicó dos páginas a reconstruir el tránsito de Fidel por Güinía de Miranda-Algarrobo-Guayos-Zaza, lugar último en que se laboraba, y con lo cual avanzaría sobremanera su proyecto para la región.
Educar y construir era su fórmula para acercar el futuro. Por esto los alfabetizadores exclamaban el 22 de diciembre de 1961, hace 55 años: ¡Fidel! ¡Fidel!, dinos que otra cosa tenemos que hacer.

————-
(1) Escambray o Macizo de Guamuhaya: Se extiende por las provincias de Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos, en el centro de Cuba. Su punto más alto es el Pico Potrerillo, con 931 metros sobre el nivel del mar. Es el tercer sistema montañoso de Cuba, junto con la Sierra Maestra y la de Guaniguanico.
(2) Todas sus citas corresponden a Fidel Castro: Discurso del 18 de julio de 1966 en la Escuela Formadora de Maestros de Topes de Collantes. Departamento de versiones taquigráficas.
(3) Luis Machado Ordetx: Fidel en el Escambray (III): Explorando el futuro, periódico Vanguardia, 24 julio de 2016.