Che-Mixta-Lienzo

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén, primero en cantarle al Che, le dedicó en los días iniciales de enero de 1959 los versos del soneto Che Guevara: “Como si San Martín la mano pura / a Martí familiar tendido hubiera”, simbólicos en solidaridad entre ambas naciones.
Guillén creó también, al morir el guerrillero, la elegía de la inmortalidad: “No porque hayas caído / tu luz es menos alta. / Un caballo de fuego / sostiene tu escultura guerrillera / entre el viento y las nubes de la Sierra.”
Se conectan por la ideología común, que permite a los hombres, distantes y aún personalmente desconocidos, identificarse desde la distancia, para que el poeta pudiera hallar y reflejar, mediante símbolos históricos, aquello que los identifica.
Si bien los poemas son bastante conocidos, no lo son tanto las motivaciones.
Al triunfo de la Revolución, antes del inminente regreso de Guillén a Cuba, ocurrido el 23 de enero, Leónidas Barletta, director del semanario Propósitos, le solicitó un poema o una crónica acerca del guerrillero nacido en Argentina, donde el poeta se encontraba exiliado desde noviembre de 1958.
En su libro de memorias Páginas vueltas, Guillén refiere: “Yo pegué un salto, excusándome en ambos casos por falta de tiempo. Un soneto no se hace así como así; tal vez la crónica… En eso quedamos y cuando colgué… me puse a escribir un soneto”.
Así que cumplió la solicitud. “Con la publicación el poema circuló desde Buenos Aires hasta México. En Cuba, por su parte, se divulgó en varios diarios de La Habana el 9 de enero de 1959”. Figura en Tengo desde 1964 y “constituyó la primera poetización (1) del leimotiv del Che como combatiente, digno de la épica patriótica”.
Confiesa Guillén en Un gran muerto invencible, crónica publicada en el periódico el Mundo en 1967, que se puso a trabajar enseguida, y lo primero que le vino a la maquinita fueron los dos versos iniciales. Al respecto apuntaba: “Aquello me sorprendió, y hasta podría decir que me asustó, pero seguí escribiendo. Dos horas más tarde había terminado un soneto al Che”.
Sobre Che comandante ha sido igualmente explícito. Antes de la velada solemne en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 18 de octubre de 1967, el poeta trabajaba en una obra dedicada al guerrillero, cuando lo llamó Haydée Santamaria [presidenta de la Casa de las Américas], a propósito del tema.
Así lo refiere en Páginas vueltas: […] “me puse a trabajar en un poema al Che con tal ahínco que cuando una de aquellas noches Haydée Santamaría me sugirió que así lo hiciera, le dije: “Haydée, perdóname, pero ya está terminado, le faltará algún verso, alguna estrofa, pero el grueso de la composición solo necesita un poco de lima”.
Por la noche fue el acto en la Plaza, con la asistencia de un millón de personas, en actitud solemne. Pero durante la tarde lo había llamado Celia Sánchez, [secretaria entonces del Consejo de Estado], quien le dijo que Fidel quería hablarle. “Un momento, Guillén, que Fidel está al teléfono”. “Fidel me dijo entonces”, cuenta el poeta, “que yo debía decir el poema en mi propia voz. Naturalmente, le dije que sí”.

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