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El maestro de todos

alfabetizacion

Por Ernesto Montero Acuña

El liderazgo de Fidel Castro en la Campaña de Alfabetización cubana, concluida el 22 de diciembre de 1961, resalta en la conmemoración del Día del Educador, al reconocer el acontecimiento como el hecho de mayor trascendencia educacional y cultural en la historia de Cuba.
Sobre el papel del entonces Primer Ministro, Marcos Pérez Álvarez recuerda el anochecer en que aquel le solicitaba que fuera a recogerlo en la vivienda campesina donde se encontraba, durante un alto en la vía desde la Loma de la Ventana a La Sierrita, en las montañas del Escambray. (1)
El experimentado educador cuenta hoy en su vivienda del Vedado habanero que “Había llovido mucho y los carros se le quedaron atascados al gobernante cuando viajaba hacia la escuela que yo dirigía en Topes de Collantes. Por eso me mandó a buscar”.
En la Escuela Formadora de Maestros Manuel Ascunce Domenech, nombre del mártir adolescente asesinado el 26 de noviembre de 1961 en la Cordillera de Guamuhaya, cursaban estudios de magisterio varios miles de jóvenes que habían sido alfabetizadores y eran calificados por docentes expertos.
La visita de Fidel se inició el 17 de julio de 1966, cuando Marcos, su equipo para la docencia, los constructores y el nutrido alumnado acometían, junto con la enseñanza-aprendizaje, la ampliación de las capacidades educacionales para garantizar la formación de los maestros que requería el país.
No era la primera vez que el líder de la Revolución visitaba el Escambray, nombre con el que suele identificarse la Cordillera de Guamuhaya, pero sí lo era su presencia en aquel centro, a cuya misión le atribuía máxima importancia para el futuro de la nación e, incluso, para el de otros países.
La primera estancia, identificada, del Comandante en Jefe por aquel laberinto montañoso se produjo el 7 de septiembre de 1960, un día antes de que salieran 18 pelotones de milicias en operaciones para garantizar la seguridad de la población agredida por alzados contrarrevolucionarios.

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Intervencion1

Por Ernesto Montero Acuña

Si contraimperiales fueron los poemas de Nicolás Guillén, no lo han sido menos sus artículos en numerosos medios periodísticos, aunque solo se trate ahora sobre los de la sección Pisto Manchego del periódico El Camagüeyano, donde debutó el 20 de marzo de 1924 como corrector y redactor de textos, como si fueran anuncios, pero con indudable dimensión política.
Se ha explicado ya lo que manifestó sobre este asunto: “He dicho muchas veces, y lo repito, que soy periodista y además poeta. Ya he contado cómo se desenvolvieron mis primeros años de vida en un ambiente absolutamente periodístico, el mismo en que vivió siempre mi padre”. (1)
Juan Nicolás Guillén Urra, su progenitor, asesinado en 1917 por soldados del gobierno, había escrito en 1899 en el periódico Las Dos Repúblicas, del cual era copropietario: “El derecho de Cuba a su soberanía no se discute, se impone, toda discusión en ese sentido, nos la vedan, la dignidad, el honor de militares del Ejército Libertador y los juramentos prestados solemnemente en más de una ocasión”. (2)
De lo anterior se desprende que entre ambos hubo una relación muy estrecha, como explicó el poeta en numerosas ocasiones, a pesar de que la muerte de Guillén Urra se produjo cuando Guillén Batista apenas tenía quince años. Pero el vacío que aquel dejó y la responsabilidad familiar que este asumió, lo foguearon, también en la política.
Una anécdota pudo también influir en su posición antiimperialista, demostrada en sus crónicas de El Camagüeyano. El policía Víctor Manuel Caballero, padre de uno de sus amigos de la infancia, recorría en patrullaje nocturno calles de de la ciudad, cuando percibió los gritos desaforados de algunas mujeres, lamentos que parecían provenir de la esquina en la cual convergen las actuales calles camagüeyanas de Santa Rita y Bembeta.
El vigilante corrió hacia el lugar y se encontró con una situación que el escritor y periodista José Manuel Villabella ha calificado como “espeluznante”. Tras una puerta abierta de par en par, tres “mujeres con los vestidos desgarrados trataban de librarse de unos marinos yanquis, mientras otros estadounidenses esperaban entusiasmados por las infelices”.
Caballero se enfrentó a los agresores –siete en total- en desigual confrontación, ante lo cual se vio compelido a emplear su arma reglamentaria, con la que dio muerte a uno de los agresores e hirió a otro en una de sus rodillas, en tanto que los cinco restantes emprendieron la fuga. Debido a tal hecho, ocurrido durante la Primera Intervención de Estados Unidos en Cuba, (3) se desarrolló un proceso judicial en el cual se incriminaba injustamente al policía.
Aquel hecho provocó una fuerte reacción en la ciudad, al extremo de que muchos años después la ciudadanía aún repudiaba la conducta de quienes había ultrajado a las mujeres. De esto se derivó una más profunda amistad entre Caballero y Guillén Urra, circunstancia que también consolidó luego el trato entre Víctor Manuel, hijo del policía, y Guillén Batista, primogénito del periodista.
El sonado acontecimiento marcó profundamente el medio y a las familias involucradas como víctimas, lo que sensibilizó aún más al joven que devendría poeta de aguda sensibilidad, también social y política. Villabella califica la agresión como un escándalo, en su libro biográfico Guillén: romance de Pueblo viejo. (4)

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Por Ernesto Montero Acuña

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Sabás, la muy reconocida Balada de los dos abuelos y El apellido ancestral son ejemplos descollantes, aunque no únicos, de una de las vertientes más reiteradas en la obra poética de Nicolás Guillén, quien practicó la promoción sistemática de la igualdad racial y social en Cuba, lastradas ambas en la historia por la conquista hispana y la esclavitud.
La lucha de clases y la independentista pasaron siempre en Cuba por erradicar el baldón arrojado sobre sus pobladores por la doble discriminación -racial y social- que representó durante casi cuatro siglos la rémora invalidante de que el negro y el blanco, pobres, disfrutaran de la existencia humanamente merecida.
Nicolás Guillén confesaba en Club Atenas: Motivos literarios (1) que, en el alcance de los valores que reflejaran aquel proceso, “Al artista le sucede entonces como a ciertos arqueólogos entregados a la devastación científica de la tierra en busca de ciudades olvidadas: que hallan a muchos metros hacia abajo las raíces frescas de cuanto está brillando arriba”.
Y añadía: “El negro, sin embargo, no quiere que se le recuerde esto, que en nada debiera molestarlo. Y es que nosotros sufrimos una incultura medular, aunque de muy distinto modo piensen los espíritus meticulosos y ordenados, que aman las cifras densas de las estadísticas”.
A estas les reconocía el reflejar cómo se incrementaba […] “el número de nuestros abogados, el de nuestros médicos, el de nuestros farmacéuticos, el de nuestros profesores de instrucción pública. Pero lo que hasta ahora no han podido decir las estadísticas es a cuánto asciende el número de nuestros co-raciales verdaderamente cultos”.
Para él, “la cultura […] representa un proceso muy complejo del espíritu. No depende tanto de la cantidad de libros que devoremos ni de los títulos que poseamos como de un afinamiento especial de la inteligencia, que permita captar ciertos módulos de belleza, determinados complejos morales, toda esa delgadísima malla que nos envuelve como una atmósfera inverosímil” […].
Se esforzaba, así, por sacudir lo que al negro le viene encima por circunstancias históricas, felizmente comenzadas a erradicar con el triunfo revolucionario de 1959, un proceso que se había iniciado en la lucha misma, también para los blancos, pues se combatía por la máxima igualdad de todos, en todos los órdenes.

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Guillén ante imagen de Ignacio Agramonte. (2)

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén comparó a Ignacio Agramonte con la piedra dura, la roca madre en el mineral conformado por cuarzo, feldespato y mica, como aparece en un soneto del libro Sol de domingo (1982), el último publicado en vida del Poeta Nacional, camagüeyano como el mártir de Jimaguayú.

Sobre los méritos humanos, políticos y militares de una de las más íntegras figuras de las guerras de independencia cubanas, Guillén manifestó en el centenario del nacimiento del patriota: […] “sería imposible escribir seriamente la historia de la Guerra Grande sin ubicarlo en un sitial de honor” […]. (1)

Tampoco se podría ignorar la valoración de José Martí: “Por su modestia parecía orgulloso: la frente, en que el cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para que la besase la gloria: oía más que hablaba, aunque tenía la única elocuencia estimable, que es la que arranca de la limpieza del corazón” […]. (2)

Quien no ha dejado de ser El Mayor, a pesar de los vaivenes en la historia de Cuba, sintetizó los méritos del patriota íntegro, plenamente democrático, con la imagen del héroe romántico que expuso la vida en defensa de su elevado ideal y sacrificó su claro amor hacia la esposa y el hijo –tuvo dos: Ernesto y Herminia, nacida después de su muerte- por cumplir los requerimientos del país y de la época.

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Gillén 02

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén marcó un hito en la cultura nacional, más allá del negro o del blanco, con la publicación hace 85 años de Motivos de son, el 20 de abril de 1930, en la página Ideales de una raza del Diario de la Marina.

En este periódico habanero lo había acogido quien dirigía aquella sección del rotativo, el ingeniero Gustavo Urrutia, gracias a la feliz gestión del patriota mulato y luchador independentista Lino Dou, muy admirado por el joven poeta camagüeyano establecido en La Habana en 1926.

Tales son los antecedentes directos sobre el inicio de la nueva poesía que, en su inicio, tiene en el negro el protagonista central, el eje sobre el cual giran los motivos temáticos, pero sobre la base de un lamento y una esperanza, sintetizados en “Hay que tené voluntá”.

En versos que llaman de arte menor, el poeta plasma la exhortación mayor, inicialmente dedicada a los negros, como luego lo sería a todos los cubanos que sufrían la profunda preterición entonces.

Escribía el poeta: “Camina, negra, y no yore,/ be p’ayá;/ camina, y no yore/ negra,/ ben p’acá:/ camina, negra, camina,/ ¡que hay que tené boluntá!”. Muy bien podría interpretarse estos versos como la premonición de lo que tendría que sobrevenir 29 años después.

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Camilo Cienfuegos 02

Por Ernesto Montero Acuña

Cada día es bueno para recordar a Camilo Cienfuegos. En Camagüey, por ejemplo, no se olvida el Primero de Mayo en que les habló a los trabajadores. No se relega tampoco cuando contrarrestó allí la traición. Ni la tarde en que partió de la ciudad, cuando quedó sembrado en la tierra, en el aire, en el mar.
Como lo calificó Nicolás Guillén, Camilo porta un simbolismo, como su nombre, que no duerme, ni descansa en paz, como “dice la mansa/ costumbre de flores, (1) la que olvida/ que un muerto nunca descansa/ cuando es un muerto lleno de vida”.
No se olvida el Primero de Mayo de 1959 en que algún niño marchaba, admirado, junto al comandante legendario, hasta desembocar en la entrada del vetusto puente sobre el Tínima, para enrumbar hacia el Casino Campestre, donde el guerrillero histórico repartió sus palabras memorables.
Dijo: “Tenemos que emplear todo el tiempo en unirnos, en apoyar la Revolución, en apoyar las medidas revolucionarias que a diario está dictando nuestro Gobierno revolucionario…” A lo que añadió que aquella manifestación era para “decirle al Gobierno: apoyamos a la Revolución, apoyamos a las medidas revolucionarias que el Gobierno ha hecho para los trabajadores.”
El gran parque camagüeyano adquirió así perpetuidad, porque Camilo le aportó un valor que el vergel citadino no traía de cuando sirvió como recurso público a políticos encumbrados y, a veces, para caminatas pueblerinas que calmaran la impaciencia de los aburridos.

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Che-Mixta-Lienzo

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén, primero en cantarle al Che, le dedicó en los días iniciales de enero de 1959 los versos del soneto Che Guevara: “Como si San Martín la mano pura / a Martí familiar tendido hubiera”, simbólicos en solidaridad entre ambas naciones.
Guillén creó también, al morir el guerrillero, la elegía de la inmortalidad: “No porque hayas caído / tu luz es menos alta. / Un caballo de fuego / sostiene tu escultura guerrillera / entre el viento y las nubes de la Sierra.”
Se conectan por la ideología común, que permite a los hombres, distantes y aún personalmente desconocidos, identificarse desde la distancia, para que el poeta pudiera hallar y reflejar, mediante símbolos históricos, aquello que los identifica.
Si bien los poemas son bastante conocidos, no lo son tanto las motivaciones.
Al triunfo de la Revolución, antes del inminente regreso de Guillén a Cuba, ocurrido el 23 de enero, Leónidas Barletta, director del semanario Propósitos, le solicitó un poema o una crónica acerca del guerrillero nacido en Argentina, donde el poeta se encontraba exiliado desde noviembre de 1958.
En su libro de memorias Páginas vueltas, Guillén refiere: “Yo pegué un salto, excusándome en ambos casos por falta de tiempo. Un soneto no se hace así como así; tal vez la crónica… En eso quedamos y cuando colgué… me puse a escribir un soneto”.

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Con Rosa que corta cake

Por Ernesto Montero Acuña

Cuando partía de Bucarest hacia Beijing, vía Moscú, Nicolás Guillén tuvo la feliz idea de comparar de un modo ingenioso a las bucarestinas con las cubanas, al decir que allí abunda la cálida belleza meridional que hace volver el rostro en la calle.
Añadía el Poeta Nacional de Cuba que ello podía ocurrir “como si estuviéramos” en la céntrica esquina habanera de Galiano y San Rafael, aunque pudiera haberse referido igualmente a otras numerosas confluencias en ciudades y poblados de su país.
También es posible que por aquellos meses finales de 1959, cuando escribió su crónica Carta de Pekín, publicada en el periódico Hoy el 18 de octubre, abundaran más las bellas, en cantidad, en la céntrica convergencia de las dos populosas vías, en la capital cubana.
Si bien cualquier villa de Cuba tiene en común con las de Rumanía el carácter latino y la geografía sureña, el tema va más allá de una digresión sobre semejanzas y diferencias entre rumanas y cubanas, pues el asunto viene a cuento en cuanto a la valoración del poeta acerca de la mujer.
Cuando se trata a fondo la situación femenina en el mundo, con sólidos y justos discursos de estadistas y apelaciones del Papa Francisco, es obligado mostrar la visión poética de Nicolás Guillén, sobre todo por oportuna.

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Por Ernesto Montero Acuña

Ancestros
Por lo que dices, Fabio,
un arcángel tu abuelo fue con sus esclavos.
Mi abuelo, en cambio,
fue un diablo con sus amos.
El tuyo murió de un garrotazo.
Al mío, lo colgaron.
N. Guillén

Un solo verso de la Elegía camagüeyana de Nicolás Guillén sirve para reflejar a Cuba en su tránsito por el tiempo, aunque el poeta se haya inspirado más bien en su Camagüey natal, ciudad a propósito de la cual saltan aquellas cinco palabras enfáticas: “héroes no, fondo de historia”.
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Una de las estatuas ancestrales en  la Plaza de El Carmen, Camagüey, realizadas por Marta Jíménez.

 

 

 

Lo mismo podrían aplicarse a Baracoa, Bayamo, Sancti Spíritus, La Habana, Santiago de Cuba o Remedios que a Trinidad, la villa que compele a rememorar aquella frase, aunque sea más que expresión sintética. Con ella se convoca a no ignorar las raíces de todos.
El fondo de esta meditación responde a las celebraciones de los 500 años de la fundación de las villas más antiguas de Cuba, y lo inspira el verso de Guillén, no solo por Camagüey, que lo merece tanto como la que más pudiera ameritarlo, sino porque le corresponde a todas la poblaciones, incluido cualquier villorrio de Cuba.
Puede parecer que se recuerda también una gran injusticia histórica, porque aquellas fundaciones se basaron en el despojo contra los pobladores oriundos y en un crimen enorme contra uno de los componentes étnicos más significativos en la historia del país y en la cultura nacional.

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Casa de Ernesto Lecuona en La Timba

Casa de descanso de Ernesto Lecuona en La Timba, vista actual, visitada por Albert Einstein en 1930.

Por Ernesto Montero Acuña

Con trazos de fino pincel se debe dibujar cómo el barrio marginal de la Timba pasó a ser el centro urbano donde, durante más de cinco décadas, se sustituyen las casuchas de villa miseria por construcciones adecuadas a la vida confortable, para bien de uno de los sitios más céntricos en La Habana moderna.
Al transitar por la avenida Paseo desde Boyeros a Zapata se percibe, a derecha y a izquierda, una urbanización con sobria dimensión nueva, aunque es el mismo lugar donde nació Chano Pozo, el 7 de enero de 1915, y que visitó Albert Einstein, el 20 de diciembre de 1930.
El proyecto comunitario Todas las manos, de la Fundación Nicolás Guillén, aplica allí el sentido de los versos: “Alcemos una muralla/ juntando todas las manos;/ los negros, sus manos negras,/ los blancos, sus blancas manos” (1), como apelación a la convivencia sin distingos, al desarrollo del medio urbano y al enriquecimiento de la cultura originaria.
Datos de la Fundación reflejan que al barrio se le nombró La Timba debido a que en la actual calle Zapata, su límite norte, existía una tienda minorista o bodega que expendía pan con queso y dulce de guayaba, cuyas barras provenían, en cajas de madera, de una firma norteamericana nombrada “Timber”, de la cual derivó a Pan con Timba.
Bajo el nombre del Poeta Nacional de Cuba, esta institución cultural contribuye con su gestión a enriquecer un barrio antes considerado marginal, cuya fundación se fija el 20 de mayo de 1914, hace más de cien años, en la zona de San Antonio Chiquito, por el ingenio azucarero homónimo que existió en el entorno.
Originalmente surgido al este de Paseo, en la actual intersección de las calles Zapata y A, Pan con Timba reflejaba ya en los censos de 1864 y 1865 una apreciable expansión poblacional, algo que se acentuó con el Cementerio Cristóbal Colón y la consiguiente mejoría en la comunicación con el centro de La Habana.
El camposanto capitalino, uno de los primeros del mundo en valores patrimoniales y en extensión, fue ideado en 1854 por el gobernador español Marqués Jacobo de la Pezuela, quien dispuso su creación debido a la insuficiente capacidad del anticuado Cementerio de Espada.
Por Real Decreto del 28 de julio de 1866 se aprobó iniciar las obras, que comenzaron efectivamente el 30 de octubre de 1871 y concluyeron quince años después, el 2 de julio de 1886. Tanto como hoy, se destacaba entonces su arco de entrada con el conjunto escultórico, en mármol de Carrara, que simboliza las virtudes fe, esperanza y caridad.
De este modo se ha conformado la historia del inicial Pan con Timba como un lugar de profunda raigambre cultural, en la cual se integran lo racial y lo popular, hasta conformar una comunidad donde entrelazan “los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos”.

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Por Ernesto Montero Acuña

…lo ocurrido en la zona del Canal es un terrible ejemplo —uno más— para los pueblos de nuestro continente…

Nicolás Guillén

Panamá invasionr1

No será fácil para los estudiantes de Historia, en los años venideros, comprender lo acontecido durante los siglos XIX, XX y XXI en las relaciones de Estados Unidos con las naciones de Latinoamérica y el Caribe, entre cuyos actos se encuentra la acción militar codificada como Causa justa, mediante la cual la Unión Americana invadió a Panamá al costo de varios miles de vidas de sus pobladores, en 1989.
Antes había ocurrido otra agresión, en 1964: “Mientras los yanquis están armando la de Dios es Cristo por quítame allá esas guaguas, he aquí que sus bárbaras tropas desembarcan en Panamá y ametrallan a la población indefensa. Resultado: veinte muertos y trescientos heridos” (1), como denunció el poeta Nicolás Guillén en el periódico Hoy, el 11 de enero, veinticinco años antes de que aconteciera Causa Justa. Ambas han sido agresiones militares de gran envergadura, contra panameños indefensos.
Una amplificada información sobre la falsa agresión panameña a un marine del Norte fue el preludio de lo que acontecería en la Operation Just Cause Rangers, en 1989, muy difundida a través de cadenas de televisión estadounidenses para crear una cortina de humo de cuya falsedad cualquier conocedor de tales prácticas, con respecto a los pueblos latinoamericanos y caribeños, hubiera podido darse cuenta.
En fin, la noticia de que un oficial de Estados Unidos y su novia habían sido víctimas de fuerzas panameñas justificaba que el presidente George H. W. Bush diera la orden, la noche del 19 al 20 de diciembre de 1989, de que 26 mil soldados, con toda su capacidad en medios militares, la emprendieran contra el país istmeño y provocaran la muerte de hasta tres mil 500 civiles, según estadísticas internacionales, que podrían ser insuficientes.
Fuentes estadounidenses, por su parte, han mentido aduciendo datos inferiores, tal vez por suponer que la diferencia se debe a la disparidad en la forma de contabilizar las víctimas, aunque estaría muy bien que alguien, perspicaz, se preguntara si el pretexto de un marine agredido debía costar tantas vidas no involucradas en ningún acto violatorio de principio alguno que motivara la saña homicida de la fuerza imperial.
Panamá invasion41  Se detuvo al General Manuel Antonio Noriega, que años antes no había sido ajeno ni enemigo de Estados Unidos, y lo exhibieron conducido por estadounidenses con brazaletes de la Agencia Antidrogas de aquel país, como para que los inocentes estudiantes de Historia que existan dentro de algunos siglos –o tal vez milenios- se encuentren en la confusa situación de interpretar cómo una nación de dos millones 434 mil 964 habitantes entonces, la mitad mujeres, podría provocar la Cólera –es decir: la Causa- injusta de una potencia con 246 millones 819 mil pobladores.

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Por Ernesto Montero Acuña

Guillén contraste

Contra lo que pueda suponerse, poetas bisiestos no son los que nacieron el 29 de febrero, ni los que escribieron o publicaron sus primeros y únicos versos o su obra ese día, sino los que el brasileño Vinícius de Morais bautizó con ese calificativo, un hecho que el cubano Nicolás Guillén definió como casi una travesura.

Él también adoptó la denominación, no obstante, para referirse a un cubano al que estimaba mucho, por ser su amigo y su correligionario en las luchas políticas de los años treintas en Cuba, y cuyo nombre es Vicente Martínez.

Mas, ¿qué se entiende por poeta bisiesto? Para comprender mejor el asunto, vale más explicarlo en sus orígenes.

En crónica publicada en La Gaceta de Cuba el 5 de abril de 1964, el autor de Motivos de son explicaba que “Vinícius (1) lanzó la novedad en septiembre de 1942, desde las páginas de una revista argentina bastante conocida”, publicación en la que “Llamaba de ese modo a los poetas «sem livros de versos —bissextos pela escassez de sua produçao, cuja excelencia os coloca sem embargo ao lado dos mais citados», según la cita de Guillén en portugués. (2)

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Guillén su risa

Por Ernesto Montero Acuña

Cuando un perro le viene encima a uno con ánimo feroz, dicen que lo mejor es calmarse, esperar imperturbable a que el can se aquiete y luego continuar en el sentido o en la acción en que uno se encontraba, si el animal, claro, no lo ha mordido antes a uno, en cuyo caso lo más práctico es encaminarse hacia algún establecimiento médico, en  dependencia de las lesiones.

Aseguran que la conducta mesurada es recomendable debido a que la alteración en el humano  acrecienta su descarga de adrenalina y esto es claramente percibido por el sabueso en cuestión, lo que estimula su agresividad. Con lo anterior no se pretende iniciar un tratado de Canología, sino intentar una explicación acerca de si los testículos de un fox terrier, o de un pastor alemán, o de un Gran Danés, por citar algunos ejemplos, pueden contribuir a la agresividad o a la ausencia de esta en el que califican como el mejor amigo del hombre.

La inquietud anterior se debe a una ocurrencia del poeta Nicolás Guillén cuando acudía, con amigos, a una festividad campestre en las proximidades de su Camagüey natal. En cualquier caso, no se debe olvidar que se define al género perruno como  “mamíferos carniceros digitígrados, generalmente domésticos, y que comprende infinidad de variedades”. (1)

El poeta y sus acompañantes arribaron, con ánimo alegre y desenfadado, a la entrada de la hacienda y cuando abrían la tranquera (o talanquera) de acceso a la morada campesina, un galgo furibundo se les abalanzó raudo y con actitud en ningún sentido amistosa, ante lo cual el propietario de la vivienda se propuso calmar a los visitantes con expresión seráfica y una frase hasta hoy inexplicable:

– Tranquilos; no se preocupen… Que el perro está “capao”.

A lo que Guillén replicó con mayor celeridad que la del can:

– No; si a mí los que me preocupan son los colmillos.

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