Por Ernesto Montero Acuña

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A sesenta y dos años del golpe de Estado contra Joao Goulart en Brasil, no puede aceptarse que la intención de la derecha latinoamericana y de sus aliados políticos haya trocado su esencia, como no sea para ensayar cambios cosméticos en algunos de sus procedimientos, debido a circunstancias que imponen las necesidades históricas.
Hace quizás dos décadas, quien esto escribe le preguntó a Frei Betto, en la Casa de las Américas, si consideraba que los golpes de Estado contra los gobiernos democráticos habrían desaparecido en América Latina, y el preclaro interlocutor aseveró que no lo creía, pues podrían producirse a medida que se acentuara el tránsito de la región hacia procesos verdaderamente democráticos.
Como en la frase popular: “Santa palabra”, pues, como esperaba, en su país se arremete mediante los más turbios procedimientos contra el gobierno democrático de Dilma Rousseff, continuadora del de su correligionario Luis Inácio Lula da Silva, un firme impulsor de la fórmula más avanzada en Brasil.
Antes se produjeron hechos semejantes en Honduras y Paraguay, e intentos fallidos -aunque agudos- en Venezuela, Bolivia, Ecuador, y retrocesos marcados en otros países, como es el caso de Argentina, aunque por la vía electoral. Mas el procedimiento, solo enmascara como legítimos cambios sin duda reaccionarios.
De modo que hoy, aunque los impactos directos son menos cruentos, las consecuencias económicas y sociales se manifiestan crecientes y la amenaza contra la vida de los más pobres se prevé demoledora, sin contar con que las fuerzas militares extranjeras –entiéndase directas de Estados Unidos o de la Otan, ¿por qué no?- se aprestan a jugar “su papel” como ya amenazan en Venezuela.
En consecuencia, no puede suponerse que la frase del Che Guevara “No se puede confiar en el Imperialismo pero, ni tantito así, nada”, no conserva su vigencia ni, incluso, que esa amenaza se torna con el tiempo más riesgosa para los pueblos del que antes solía nombrarse Tercer Mundo, una denominación que ahora omiten unos deliberadamente y otros por ingenuidad.
¿Acaso no se recuerda que durante 200 años la región ha sido agredida o intervenida de las más diversas formas -amenazas, protestas diplomáticas, retiro de embajadores, represalias o invasiones reiteradas- según el informe Cronología de las Intervenciones en América Latina, un compendio realizado en tres décadas de trabajo por el escritor y periodista argentino Gregorio Selser, fallecido en 1991?
El autor clasificó 23 tipos de intervenciones desde el nacimiento de Estados Unidos en 1876. También existe una cronología publicada por profesionalespcm.org, de España, que reflejaba en su momento no menos de 50 grandes y grave intervenciones estadounidenses en Latinoamérica, entre la proclamación de la Doctrina Monroe, en 1823, y el apoyo y financiamiento al derrotado golpe de Estado del 11 de abril del 2002 en Venezuela.
El diario Celebrity Net Worth, por su parte, publicó el 16 de octubre del 2012 la lista de las clasificadas como las 25 personas más ricas del último milenio, con fortuna total ascendente a unos 4,32 billones de dólares. Según The Daily Mail, los autores de la lista tomaron en consideración la inflación y calcularon las fortunas teniendo en cuenta la realidad de entonces. ¿Ha cambiado esto para bien? No, era el mismo capital estadounidense por condición o por asociación.
Desde antes de que el Che iniciara su lucha guerrillera en Bolivia, casi la mitad de la población latinoamericana vivía en el nivel de pobreza o por debajo de este –menos de un dólar diario- y las dictaduras más severas cubrieron a casi toda la región, para que, mediante el neoliberalismo, el gran capital del Norte pudiera cobrar la deuda externa y extraer utilidades, intercambio desigual y robo de cerebros, apropiándose de las riquezas de estos países.
En Latinoamérica, ni los gobernantes recién instaurados o en proceso de serlo pueden hoy lograr sustentación. Obedecen a una fórmula en retroceso y esto les otorga la razón al Guerrillero Heroico y al Poeta Nacional de Cuba. Se confirma, cuando menos, que “No por callado eres silencio. / Y no porque te quemen, / porque te disimulen bajo tierra, / porque te escondan / en cementerios, bosques, páramos / van a impedir que te encontremos”. (1)
No han perdido vigencia los versos, como tampoco dejará de ser vigente la frase inmortal pronunciada en Naciones Unidas por el Che Guevara, el 11 de diciembre de 1964. No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, ni se sabe cuándo se podrá practicar esto acerca de Estados Unidos. Ante todo deben demostrarlo sus gobernantes, no con palabras.
¿Qué se debe olvidar? Nada. Al menos, no los cubanos ni los patriotas latinoamericanos. Ni siquiera puede decirse: Que olviden ellos, porque es bueno que también recuerden, para que no cometan los mismos yerros.
A Nicolás Guillén, primero en cantarle al guerrillero que cumple 88 años el 14 de junio del 2016, correspondieron los versos iniciales, en enero de 1959, del soneto Che Guevara: “Como si San Martín la mano pura / a Martí familiar tendido hubiera”, símbolo de solidaridad, remembranza y augurio. El asesinado en una escuelita de La Higuera, Bolivia, el 9 de octubre de 1967, inmortalizó otro alerta: “No hay descanso”, como se muestra en la elegía de la inmortalidad, Che Comandante.

(1) Nicolás Guillén: Che Comandante, La rueda dentada, Obra poética, Letras Cubanas, 2011, La Habana, pp. 272-274.