Por Ernesto Montero Acuña

Guillén contraste

Contra lo que pueda suponerse, poetas bisiestos no son los que nacieron el 29 de febrero, ni los que escribieron o publicaron sus primeros y únicos versos o su obra ese día, sino los que el brasileño Vinícius de Morais bautizó con ese calificativo, un hecho que el cubano Nicolás Guillén definió como casi una travesura.

Él también adoptó la denominación, no obstante, para referirse a un cubano al que estimaba mucho, por ser su amigo y su correligionario en las luchas políticas de los años treintas en Cuba, y cuyo nombre es Vicente Martínez.

Mas, ¿qué se entiende por poeta bisiesto? Para comprender mejor el asunto, vale más explicarlo en sus orígenes.

En crónica publicada en La Gaceta de Cuba el 5 de abril de 1964, el autor de Motivos de son explicaba que “Vinícius (1) lanzó la novedad en septiembre de 1942, desde las páginas de una revista argentina bastante conocida”, publicación en la que “Llamaba de ese modo a los poetas «sem livros de versos —bissextos pela escassez de sua produçao, cuja excelencia os coloca sem embargo ao lado dos mais citados», según la cita de Guillén en portugués. (2)

No resulta difícil comprender, para un hispanoparlante, que lo anterior se traduce como que se bautiza así a los vates sin libros publicados, más sí con una obra reconocida por su excelencia, la que los sitúa junto a los más citados, tras lo cual se hace referencia a Pedro Nava por su poema ´El difunto´, en español, y ´O defunto´, en portugués.”

En este caso, Morais consideró la obra citada como una de las piezas más hermosas y siniestras de nuestra poesía, por lo cual Guillén añadía el referido autor a los también brasileños Pedro Dantas, Aníbal Machado, Joaquín Cardoso y José Auto, aunque cabría citar otros.

Agregaba que Manuel Bandeira (3) añadió nombres de poetas de un solo libro, “aunque incluye”, explicaba Guillén, “como el ejemplar más auténtico de lo que podríamos llamar «bisiestería» al artífice de un poema único, exclusivo en toda su vida: Rodrigo Melo Franco de Andrade, con su ´Oda pesimista´”, por lo demás, compuesta en prosa.

Como curioso calificaba el cubano que, si bien “estos poetas han escrito poco, su número no es escaso, y [su obra] da para un florilegio. Ellos no hicieron ningún libro, pero se puede en cambio hacer un libro con ellos…”, añadía.

Así lo hizo “Bandeira en su Antología de poetas brasileños bissextos contemporâneos (Río, 1946, editora Zelio Valverde), en la que figuran treinta y cinco nombres, sin olvidar el de un gran pintor, Di Cavalcanti, que a semejanza de nuestro no menos grande Portocarrero alterna la pluma con el pincel”, continuaba Guillén.

Agregaba al respecto que Bandeira hizo “algunas acotaciones muy espirituales a lo dicho por Vinicius de Morais. La primera es que casi siempre los poetas bisiestos son pobres de temas [y] se hallan reducidos a dos categorías, los pasionales y los de la vida corriente, tonta, sin altura”, que clasificaba como de “cuello débil” o “cuello fuerte”, según el caso.

Así que, para Bandeira, el cuello-débil flaquea ante cualquier obstáculo, de modo que si se enamora de una mujer, se queda embobado y silencioso, en vez de pedir sin rodeos lo que hace falta darle a la naturaleza, “como nos enseñó aquel cuello de toro que fue Camoens…”.

De tal modo acertó Morais con su clasificación, que Guillén incluye entre los bisiestos a varios muy reconocidos: “En Francia, Baudelaire puede ser un bisiesto, con sus Flores del mal, como en Norteamérica Walt Whitman, con su Hojas de hierba, y en España Bécquer, con sus Rimas. ¿Pero en Cuba? No me viene nadie a la memoria en este momento que se halle aquí en situación semejante a la de aquellos próceres de la lírica universal.”

Mas, de inmediato introducía una precisión muy cercana: “Ahora bien, si no tenemos bisiestos de libros, de un solo libro, sé por lo menos de uno, indiscutible, de un solo poema. Se llamaba —murió hace dos años— Vicente Martínez, y el poema es la ´Oración al camarada basurero´, escrito en 1931.”

Sobre este añadía una caracterización y otros componentes de identidad: “Hombre duro, trabajador, cuello-fuerte, que se hizo por sí mismo, nació en un solar, fue vendedor de periódicos, limpiabotas, mandadero de un pequeño comercio, y murió todavía joven, cuando era jefe de servicios especiales en Prensa Latina”.

Confesaba Guillén haber escrito también antes acerca de este amigo suyo, precisamente cuando aquel se postuló “desde la boleta comunista” al “consistorio habanero”, es decir, al ayuntamiento.

Agregaba que lo conocía “de verlo día a día, de andar juntos en las horas libres de ambos, ya a la salida de su trabajo, en el periódico Hoy (donde era jefe de información), ya en las mañanas de domingo, cada semana, en lentos paseos por el puerto habanero”.

Guillén añadía que “Vicente Martínez era un escritor nato, a quien las urgencias cotidianas tanto como su activísima adhesión a las luchas de nuestro pueblo quitaron tiempo para dar salida a una obra ordenada y numerosa. Él fue bisiesto malgré lui [a pesar de todo], sin que lo quisiera, y el poema que nos dejó habría sido uno de los más bellos tal vez entre sus ´poesías completas´, si hubiera podido dar cima a una obra que nunca empezó.”

Trabajó para diversas publicaciones y recibió los premios periodísticos Juan Gualberto Gómez, Enrique José Varona y Víctor Muñoz. Fue miembro del Colegio Nacional de periodistas y de la Asociación de reporteros de La Habana; viajó a México, Estados Unidos y la URSS. Escribió varias obras de teatro, publicó las crónicas Tres semanas en la URSS (1953) y, al morir, era miembro del consejo de dirección y jefe de Servicios Especiales de Prensa Latina.

No puede citarse aquí in extenso su Oración al camarada basurero, pero sí la primera y la última estrofas: “Camarada basurero,/ he visto cómo sudas/ bajo la plenitud solar del mediodía,/ y cómo secas/ con tus harapos el rocío/ de las mañanas húmedas.”

Para concluir: “Escucha el grito colérico de tus hermanos,/ y no olvides/ que hay que barrer la carroña de un mundo muerto./ Será lo más hediondo que ha llevado tu carro/ en el viaje más útil, ¡oh mi querido buitre,/ mi santo buitre, azul en tu overol y verde en tu tuberculosis!”. (4)

Como se ha dicho, este lamento se escribió en 1931, no se sabe el mes, pero sí que lo lanzó un “bisiesto cuello fuerte”, que batallaba porque su condición se extendiera gradualmente y se convirtiera, como el calendario que lo singulariza, en el poder más universal, el de los pobres.

 

(1) Marcus Vinícius da Cruz de Melo Morais: Río de Janeiro, 19 de octubre de 1913 – 9 de julio de 1980. Como poeta escribió la letra de numerosas canciones, entre ellas La chica de Ipanema.

(2) Nicolás Guillén: Un poeta bisiesto, La Gaceta de Cuba, 5-IV-1964, en Prosa de prisa, tomo III, ed. Unión, La Habana, 2002, pp. 193-197.

(3) Manuel Carneiro de Sousa Bandeira Filho: Recife, Pernambuco, 19 de abril de 1886-Río de Janeiro, 13 de octubre de 1968, fue un poeta, crítico literario y traductor brasileño de la Generación de 1922.

(4) Vicente Martínez: La Habana, 1911-1962. Autor de la Oración al camarada basurero, poema originalmente publicado en el periódico El Mundo y citado por Nicolás Guillén en Prosa de prisa, tomo III, ed. Unión, La Habana, 2002, pp. 196-197. El autor tuvo una amplia carrera profesional y también escribió obras de teatro y cuentos.