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Ernesto Montero Acuña

Antonio Machado In memóriam

Quizás la forma más auténtica y artística de auto representarse sea el poema Retrato, de Antonio Machado.

Su modesta síntesis biográfica y la autoevaluación ética del hombre, en cualquier sitio, y del poeta sencillo y sensible,  en cualquier parte, es ejemplar.

Su obra expresa lo franco, humilde y sincero; y también lo magnánimo, generoso, espléndido y cabal en quien alcanzó la cumbre intelectual y artística en época convulsa, como ha ocurrido en todas las épocas del mundo, siempre. Mas en su caso, asumiendo la representación de la propia sangre en contra de la sangre impropia.

El hombre como especie ha soñado y sueña –Machado no es la excepción- con que existe un mundo de honradez y fraternidad, entre congéneres, sin que se haya conseguido nunca. Pero aspirando a que quizás se consiga algún día.

Machado se define en su propia obra.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
¿ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
¿quien habla solo espera hablar a Dios un día?;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

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Por Ernesto Montero Acuña

La flor de lis se reconoce en heráldica como una de las cuatro figuras más populares, junto con la cruz, el águila y el león. Pero en la provincia cubana de Camagüey fue símbolo de un importante acontecimiento periodístico-literario en la vida de Nicolás Guillén, entonces joven director, periodista y poeta con una obra significativa ya.

La revista Lis, sostenida por su editor y cercanos colaboradores entre el 10 de enero de 1923 y el mes de junio de aquel año –por lo que solo contó con dieciocho números-, alcanza su aniversario noventa en este 2013, cuando se conmemoran los 55 de su libro La paloma de vuelo popular, lanzado por la Editorial Losada el 28 de diciembre de 1958, y coincide también con los 60 del asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba y virtualmente con el triunfo de la Revolución cubana el primero de enero de 1959, compartido por Guillén.

Cuando se indaga acerca de la flor que dio nombre a la revista, se descubre que suele representársela, en heráldica, en color amarillo sobre un fondo azul, a lo que se añade que tradicionalmente se la visualiza en un campo y dispuesta de forma ordenada. Se la considera, desde la Edad Media, “emblème des rois de France”.

Más que la masculinidad, puede sugerir la belleza de la feminidad por su

configuración, la esbeltez de su figura, las sugerencias de sus líneas uniformes y su variable coloración. Motivo poético en el modernismo, se considera que uno de sus primeros usos simbólicos “parece darse en la decoración de la Puerta de Istar en Mesopotamia, construida por Nabucodonosor II” en el 575 a.n.e. y también se la relaciona con “determinados símbolos de la antigua Teotihuacán”, entre otras representaciones universalizadas.

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Por Ernesto Montero Acuña

Pensar en la nacionalización de la globalización puede parecer una paradoja, enteramente posible si en cada país se preservan valores nacionales frente a la devaluada, culturalmente, industria del “entretenimiento” y la “cultura” globales.

Sólo es preciso utilizar, a la vez, Internet en función de lo nacional y auténtico y no dejarse seducir, hacia adentro, por antivalores de la “cultura global”. Dicho así, parece fácil. Pero se torna colosal.

Hasta aquí la moraleja. Ahora viene el cuento. Para sorpresa mía descubrí, no hace tanto, que la obra de Guillén tiene una amplia presencia en Internet, aunque mayormente –si bien con algunas excepciones– la más “inocua” políticamente hablando. No hay tanto antiimperialismo como debiera. Sigue leyendo

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