Gillén 02

Por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén marcó un hito en la cultura nacional, más allá del negro o del blanco, con la publicación hace 85 años de Motivos de son, el 20 de abril de 1930, en la página Ideales de una raza del Diario de la Marina.

En este periódico habanero lo había acogido quien dirigía aquella sección del rotativo, el ingeniero Gustavo Urrutia, gracias a la feliz gestión del patriota mulato y luchador independentista Lino Dou, muy admirado por el joven poeta camagüeyano establecido en La Habana en 1926.

Tales son los antecedentes directos sobre el inicio de la nueva poesía que, en su inicio, tiene en el negro el protagonista central, el eje sobre el cual giran los motivos temáticos, pero sobre la base de un lamento y una esperanza, sintetizados en “Hay que tené voluntá”.

En versos que llaman de arte menor, el poeta plasma la exhortación mayor, inicialmente dedicada a los negros, como luego lo sería a todos los cubanos que sufrían la profunda preterición entonces.

Escribía el poeta: “Camina, negra, y no yore,/ be p’ayá;/ camina, y no yore/ negra,/ ben p’acá:/ camina, negra, camina,/ ¡que hay que tené boluntá!”. Muy bien podría interpretarse estos versos como la premonición de lo que tendría que sobrevenir 29 años después.

Aquellos ocho poemas definitivos y novedosos, cuyo aniversario 85 se ha conmemorado este año, muestran la porción más oculta del iceberg social de Cuba, un país donde la más visible era la octava parte subordinada a la potencia extranjera, que propiciaba el despojo de la nación y de sus congéneres más desposeídos.

Guillén asumía así, con solidez, la cultura nacional íntegra, como había hecho ya en sus iniciales columnas periodísticas y prosiguió luego en su obra poética, afincada en las profundidades de lo cubano.

Persistente y creativo, mostró inicialmente aquellos valores en Motivos de son. Pero los continuó y profundizó en Sóngoro cosongo, en 1931; en West Indies Ltd., 1934, y en sus títulos posteriores.

Con esto provocaba, según su “esquema para un ensayo”: Cuba, negros, poesía, publicado en Valencia, España, en octubre de 1937, que fuera “saliendo más a flor de pueblo el negro en Cuba”.

Perseguía, en fin, que dejara este […] “de ser una decoración, un motivo de risueña curiosidad, y se [metiera] en el papel verticalmente humano que le corresponde.”

Sus tres obras reconocidas como iniciales son peldaños de una evolución en que la llamada poesía de la negritud, moda en otros, adquiere en él la condición de modo, un fenómeno que el poeta relacionaba con la ascendente “responsabilidad social del arte”.

En el que identificó como “esquema para un ensayo” dejaba claro que el contenido hacia “una poesía de proyección nacional”, lo daría “el negro en carne viva, desollado por el látigo; el negro fundido con el blanco; el autóctono sustituto del indio, y el hombre que lo esclavizó”.

Esto lo calificaba como “Drama afroespañol”, derivado de “toda la imborrable mulatez de la Isla”.

Tal es el alcance de su protagonismo en la cultura nacional, como explicó él mismo en diversos momentos. En su conferencia en la sociedad femenina Lyceum, de La Habana, el 20 de febrero de 1932, se extendía en precisiones.

Agregaba entonces: “Al año siguiente apareció un libro más pleno, el Sóngoro cosongo, en el que los acentos iniciales surgían desenvueltos, tratados con mayor ambición lírica, pero sin dejar de la mano el hilo de Ariadna de lo popular”.

Más, la ocasión que revelaba el choque áspero de su cuerpo con la vida, ocurrió “tres años después, en 1934, con la aparición de West Indies, Ltd., que expresa brutalmente el conflicto entre el poeta y el medio en que trabajaba y vivía.

Acerca de esto aseguraba: “El verso ya no cascabelea”, porque […] “El son no es el del negro bembón, chulo, a quien sostiene la mujer, vistiéndolo de dril blanco y zapatos de dos tonos, sino el del trabajador que muere en una faena cuya dureza bárbara no resiste su cuerpo mal pagado, o que se desploma sin lograr trabajo, seco de hambre en las calles”.

Sobre el exotismo con que había sido tratada la negritud en Europa, Guillén iza su bandera: “Cuba es un agregado social en que lo negro mezclado con lo blanco resulta el precipitado de cubanidad más genuino y universal: la mulatez, que va desde la piel hasta el espíritu, a través de un proceso histórico de cuatro siglos, dramático en grado sumo.”

Sobre ello precisaba que ese “conflicto presenta aquí […] dos aspectos: uno rítmico, y otro, humano o social”; primero, el del son que el poeta asimila del Sexteto Habanero y el Trío Matamoros; y segundo, el que le viene de las doctrinas políticas y económicas.

Así, manifestaba en su Charla en el Lyceum: […] “esta poesía avanza en dos direcciones: una polémica, que descubre y señala el conflicto de sangres sofocado pero latente, y otra de inconformidad económica, que reacciona contra un medio deformado por la injusticia y el privilegio”.

A tales direcciones –la racial y la contraria a la explotación- las calificaba como revolucionarias.

Suele encontrarse todavía en algunas publicaciones que la obra del poeta es negra, negrista o negroide, a pesar de que el propio Guillén la calificó como la síntesis del amo más el esclavo, integrados en una poesía de profunda raíz cubana y social, aunque también con enorme trascendencia continental y global.

Su poesía no expresa solo, al igual que su periodismo, el reflejo merecido y justo de una raza y de todas las clases sociales desgarradas, sino también el rechazo a las metrópolis repudiables, en una obra cuya pura destilación humanista inició el Poeta Nacional, hace 85 años, con Motivos de son.

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