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Por Ernesto Montero Acuña

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Como lo esencial del periodismo es reflejar la trascendencia de cada día, algo que se ha bautizado con el lugar común de “historia cotidiana”, ocurre que la Prosa de prisa (1) de Nicolás Guillén, cual complemento de su obra poética, muestra la vigencia de dos momentos diáfanamente deslindados en la vida y la política nacionales.

Podría percibirse cierta diferencia entre la prosa periodística del poeta antes del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 en Cuba y la posteriormente escrita, quizás porque se encontrara cierto gracejo más frecuente en la primera etapa que en la segunda.

Su veta satírica aparece a la orden del día en su producción anterior al año 1959, tanto en la poética como en la periodística, aunque se debe remarcar, en ambos casos, la publicada en la prensa periódica de la época, sobre todo en el periódico Hoy, donde apareció originalmente su Sátira política, en verso.

Parece fácil distinguir, por lo pronto, que el hombre políticamente comprometido –sobre todo, el intelectual- asume de distintas maneras la realidad que lo circunda según se encuentre desde el poder o en contra de este, como es el caso de Guillén, quien fue opositor militante antes de 1959 y activo participante en la revolución triunfante.

Es bueno distinguir entre lo que varía porque las condiciones adversas fueron trocadas en favorables y lo que se mantiene con una constancia invariable en la obra y en la conducta del intelectual comunista, como lo expresó 34 años antes de que se iniciara la revolución en el poder.

 

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