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Por Ernesto Montero Acuña   

Con viento fresco, el Santísima Trinidad enrumbó por el río Guarabo una  mañana de diciembre de 1513 y se adentró en territorio de los arahuacos, quienes observaban con asombro, mas sin rebeldía, cómo arribaba la embarcación tripulada por hombres con rostros descoloridos.

Cuatro años antes, Diego de Nicuesa había empleado el Santísima Trinidad para llevar, por orden y cuenta del gobierno, treinta y seis esclavos negros a la Española. Esta vez venía detrás su similar el Ventura, ambos con su carga de cultura dominante.

A finales de aquel invernal diciembre, el Adelantado Diego Velázquez exploraba el mar y los ríos próximos para constituir, como ya existían otras dos en el oriente de Cuba, la villa que pensaba nombrar Xagua.

Alguna motivación ignota, la existencia de las otras dos, o acaso el nombre de la nave capitana, determinarían días después la denominación definitiva -Santísima Trinidad-, en lugar de la prevista.

El inicio de esta historia se sitúa en el miércoles 21-o tal vez en el viernes 23- de diciembre de 1513, cuando Velázquez arribó al Guaurabo, mientras que los arahuacos, inocentes, no salían de su asombro ni de su ingenuidad.

Desde tiempos inmemoriales, los indios provenientes de más al sur poblaban el cacicazgo de Guamuhaya en viviendas esparcidas por las orillas del río y sus afluentes, donde luego los colonizadores establecieron su caserío rústico.

El Adelantado elegía el sitio, que entonces nombraban Manzanilla, por “su condición saludable, su cielo claro y su aire puro y suave”. Allí escucharía la misa del 25 de diciembre, oficiada por el franciscano Fray Juan de Tesín, bajo el jigüe plantado en el centro del batey.

La misa fundacional, sin embargo, estuvo a cargo de Fray Bartolomé de las Casas, a quien justamente se titula Defensor de los Indios por sus reclamos acerca de estos al crearse meses después, del propio año, la villa de Sancti Spíritus.

La insistencia del cacique de Manzanilla tal vez influyera sobre los planes de Velázquez para que fundara Trinidad en las márgenes actuales, al parecer el 4 de enero de 1514, a catorce días de su llegada a “pueblos de indios en el litoral sur de la provincia de Guamuhaya”.

En la biografía de Fray Bartolomé de las Casas, Manuel José Quintana asegura que los expedicionarios volvieron de la costa sur a la norte de Cuba “por orden de Diego Velázquez, el cual, después de haber asentado la población de Baracoa y repartido las tierras e indios de aquellas tierras (sic) y las contiguas, trató de ir reconociendo la isla para determinar los otros puntos en que convenía poblar”.

El Adelantado se unió entonces al cuerpo expedicionario de Pánfilo de Narváez en el “puerto de Xagua”, añadía, donde resolvió fundar la villa que después se llamó Trinidad, y tomó posesión, en nombre de los Reyes de Castilla, de “los magníficos valles del Cacicazgo del Guamuhaya”.

De los naturales recibió tal acogida que las canoas de aquellos lo transportaron río arriba, donde fue recibido con fiestas y agasajos. Sobre la fundación, se insiste en que fue en el lugar que se estimaba más a propósito, aunque con respecto a la fecha no se ha presentado un documento absolutamente convincente.

Como primeros habitantes se acomodaron los 200 soldados traídos por Velázquez y las cuarenta familias de indios que formaban el cacicazgo, las que serían sometidas luego a cruel esclavitud y empleadas en acarreo de madera, en construcciones y en aprovisionamiento.

Los conquistadores esperaban recolectar arenas de oro en la comarca, lo que fue determinante para la fundación, aunque el Adelantado, al decidir la creación de Trinidad y Santiago de Cuba, también tuvo en cuenta la necesidad de poblaciones con fácil comunicación y relaciones con “Jamaica y costa firme”.

Se ha deducido, en fin, que la denominación de la nave capitana dio origen al nombre de la villa fundada “a nueve o diez leguas” de Xagua, hacia el oriente, “por ser lugar de muchos pueblos cerca del puerto de Casilda”. Se sabe por Velázquez mismo que el 10 de febrero existía ya el pequeño poblado.

Aquel villorrio fue luego transitado por conquistadores como el propio Velázquez y Pánfilo de Narváez, Hernando de Soto, Hernán Cortes, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, figuras universales como Alejandro de Humboldt, intelectuales patriotas como Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), por revolucionarios como Alberto Delgado y por los habitantes anónimos que lo han construido y preservado.

Así se desarrolló la historia indisoluble de Trinidad y el Valle de los Ingenios como se percibe hoy, incluido Topes de Collantes, con esperanzas, luego de 500 años de universalidad merecida y como Patrimonio de la Humanidad desde 1988.

Todo ello sin olvidar el sermón del Padre las Casas, que se asegura fue pronunciado a mediados de 1514 en Sancti Spíritus, donde renunció a todos los repartimientos recibidos y asumió la defensa de los indios, cuya cultura fue inhumanamente destruida en Cuba por los conquistadores.