Por Ernesto Montero Acuña*

 

El futuro se vislumbra como en un limbo en que los resultados del desarrollo y el control sobre recursos naturales imprescindibles se concentran en menos países y personas, mientras que la población y la pobreza aumentan.

Se eleva el precio de los alimentos, tanto en los países pobres como en los desarrollados en crisis, y a la vez se acrecientan los gastos militares, como negocio y como forma de dominar el hambre y al hombre, como especie, mediante las armas. Sigue leyendo