Por Ernesto Montero Acuña

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Juan con Todo se enfrenta en el 2014 al hecho irrepetible de transitar por su cincuentenario en una de las obras de Nicolás Guillén más imposible de olvidar, al menos no sin que los cubanos parezcan parricidas.

Han sido divulgados los ochenta años de West Indies, Ltd. (1934) y, sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con los cincuenta de Tengo (1964), poemario no menos trascendente que aquel título, anterior en treinta años.

En virtud de sus valores culturales, literarios, históricos y políticos, cada uno de los poemas de Guillén merece muy alto reconocimiento en Cuba -e, incluso, más allá, por los siglos de los siglos-, a pesar de la desmemoria en que se pueda incurrir.

Mas los citados no son los únicos poemarios o acontecimientos que requieren recordación en el 2014. También se han cumplido noventa años del inicio de su sección Pisto Manchego en el periódico El Camagüeyano y los cincuenta de la aparición del primer cuaderno de sus Poemas de amor, escasamente reflejados en la crítica literaria.

Tal vez las flechas de Cupido no hayan estado tan orientadas hacia el autor de Motivos de son (1930), pero, más seguramente, esta vertiente cedió ante la magnitud del resto de su obra con acentos sociales, populares, raciales y, en fin, con los de una poesía que enriquece los valores cívicos en la literatura cubana.

Cierto refrán muy citado refiere que “recordar es volver a vivir”, algo que no parece tan cierto como se afirma, pero sí puede serlo la formulación inversa: “Volver a vivir es recordar”, aunque la reformulación no se refiera al renacer, sino a retomar algún hecho vital en un nuevo estadio temporal, algo que no se asume como factible. Pero lo es.

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