Frei Betto: El principal enemigo de la Revolución está dentro de Cuba

12 febrero 2014 48 Comentarios
 
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(Edición: AbcdeCuba)
 
A la naturaleza de la educación que una sociedad de nuevo tipo reclama y que no se ha manifestado en las experiencias alternativas al capitalismo a las que ha asistido la humanidad, se refirió Frei Betto, escritor, periodista, antropólogo, filósofo y teólogo de Brasil, en su conferencia: Papel del educador en la formación política de sus alumnos.Betto atribuye la caída del socialismo en Europa a una causa, entre otras, subjetiva, ideológica: la naturaleza de la educación. Y lo toma como punto de partida para cuestionar qué formación, con qué metodología, debe conformar la educación que se pretenda revolucionaria.A continuación, reproducimos algunos fragmentos de su conferencia:

El socialismo europeo cometió el error de suponer que las personas nacidas en una sociedad socialista serían naturalmente socialistas.

Ese es el papel del educador: no limitarse a transmitir conocimientos, a facilitar pedagógicamente el acceso al patrimonio cultural de la nación y de la humanidad, sino también, suscitar en el educando el espíritu y la militancia revolucionarios, la búsqueda del hombre y la mujer nuevos inspirados aquí, en el caso de Cuba, en los ejemplos de Martí, Che Guevara y Fidel.

Ninguno de nosotros es totalmente invulnerable a las seducciones capitalistas, a los atractivos del individualismo, a la tentación del acomodamiento y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y las carencias colectivas.

Todos estamos sujetos permanentemente a las influencias nocivas que satisfacen nuestro ego y tienden a inmovilizarnos cuando hay que correr riesgos y renunciar al prestigio, al poder y al dinero. La corrupción es una mala yerba inherente al capitalismo y al socialismo. Jamás habrá un sistema social en el cual la ética constituya una virtud inherente a todos los que viven y trabajan en él.

Crear una institucionalidad política que nos impida “caer en tentación” en cuanto a la falta de ética (…) solo será posible en un sistema en el cual no exista la impunidad, y el deseo de ser corruptor o corrompido no resulte practicable.

El primer deber del educador (…) es formar seres humanos felices, dignos, dotados de conciencia crítica, participantes activos en el desafío permanente de perfeccionar el socialismo, que considero que es el nombre político del amor.

Sin perspectiva histórica no hay ni conciencia ni proyectos políticos.

(Dice Martí) en La Edad de Oro:“(…) los hombres deben aprenderlo todo por sí mismos, y no creer sin preguntar, ni hablar sin entender, ni pensar como esclavos lo que les mandan pensar otros (…)” (En: “Un paseo por la tierra de los anamitas”).

La educación debe ser dialógica, concientizadora, problematizadora, contextualizadora, de modo que supere la contradicción educador-educando y se convierta en un ejercicio permanente de práctica de la libertad.

Una educación que se reduce a mera ortofonía, a la repetición incesante de conceptos petrificados en voz de la autoridad, despoja al educando de sentido crítico y lo imbuye de la idea de que la Revolución es un hecho histórico del pasado y no un desafío perenne de cada nueva generación.

Todos sabemos que la Revolución enfrenta enemigos poderosos (…). El principal enemigo, sin embargo, no está afuera. Está dentro de Cuba. Y puede identificársele con facilidad: es la educación “bancaria”; es el desánimo frente a los desafíos; es el individualismo que busca su propio provecho sin considerar los derechos colectivos; es la falta de cuidado con los bienes públicos; es la indiferencia frente a los más necesitados y los más viejos; es, en fin, el egoísmo que hace de cada uno de nosotros un virus capaz de corroer y debilitar el organismo social saludable.

Afortunadamente, es también el más fácil de combatir cuando se adoptan métodos eficaces de educación liberadora, de emulación moral, de cultivo de la espiritualidad, que despierten cada día, en cada uno de nosotros, lo que más ansiamos y que Martí tan bien resume en estas palabras: “(…) el don de amor, que torna al genio fecundo” (La América, Nueva York, agosto de 1883).

(Traducción de Esther Pérez, educadora popular. Centro Martin Luther King)