Por Ernesto Montero Acuña 

Cinta amarilla

Con elevado componente afectivo y humano, Ata una cinta amarilla alrededor del viejo roble (Tie a Yellow Ribbon Round the Old Oak Tree) es una canción escrita por Irwin Levine y L. Rusell Brown y grabada por Tony Orlando en la década de 1970, aunque con larga tradición simbólica en la cultura estadounidense.

Durante al menos cuatro siglos, la canción original ha aparecido en diversas formas, siempre sobre la base del motivo poético relacionado con la mujer sometida a la dura prueba que significa esperar el regreso del amado y, a la vez, a la impaciencia de quien deberá retornar sin saber cuándo será el reencuentro.

Su simbolismo llegó a ser muy conocido en la vida civil del país en la década de los setentas del siglo XX, por razones históricas muy significativas. En diversas circunstancias e, incluso en numerosos países, la cinta ha estado relacionada con el gran drama de la separación obligada, el retorno demorado o imposible y, en fin, con la dolorosa situación que significa la espera sin término conocido.

Ahora quizás pareciera forzado o incongruente someter a Nicolás Guillén, fallecido el 16 de julio de 1989, a la dura prueba de expresar su solidaridad con los Cinco Héroes cubanos, detenidos en Estados Unidos el 12 de septiembre de 1998, cuando ya habían transcurrido ocho años y dos meses de la desaparición física del poeta.

Un activo militante por la justicia social y racial y un hombre tenazmente opuesto a la dominación de Estados Unidos sobre Cuba, Guillén se solidarizó con Emmett Till, “Un niño negro asesinado y solo,/ que una rosa de amor/ arrojó al paso de una niña blanca”, en aquel viejo Mississippi sureño y racista. De este modo supo discernir sobre a quienes del Norte abrazar y a cuales otros denostar.

A ciertos turistas decía en La Habana, con la voz de José Ramón Cantaliso: “Cuando regresen/ a Nueva York,/ mándenme pobres/ como soy yo (…)/ A ellos les daré la mano,/ y con ellos cantaré,/ porque el canto que ellos saben/ es el mismo que yo sé.” Nunca expresó antipatía hacia el estadounidense por tal, sino contra el que él sabía cuánto dañaba a este país e, incluso, al suyo propio y al resto del mundo.

Diríase que es como si existieran dos estadounidenses: el que hoy clama Free the five, aún insuficientemente escuchado, y otro (histórico) que asesinó a los mártires de Chicago, a Zacco y Vanzetti, a los esposos Rosenberg… o que encarcela a Mumia Abu-Jamal, al puertorriqueño Oscar López Rivera -condenado en Estados Unidos a 70 años de dura prisión-, a los Cinco y, en fin, ¿será interminable la relación?

Se trata del mismo que después de recibir 230 páginas de textos, cinco videos con conversaciones e informaciones y ocho casetes de audio sobre conversaciones telefónicas de terroristas centroamericanos con sus mentores en el exterior, todo sobre sus actividades criminales contra Cuba, dio como respuesta la detención de los Cinco.

Guillén facilita la demostración de que la trascendencia de la obra y de los hechos no concluye con la vida, sino René Gonzálezque se acrecienta cuando se la ha abonado, si es buena, con el talento que la torna perdurable. De ahí que Motivos de son reivindique al negro sumergido en la escala social y que Sóngoro cosongo extienda la reivindicación hacia la más amplia cubanía y el incipiente rechazo contra el imperio.

Su Pequeña oda a un negro boxeador cubano denuncia al Broadway “que unta de asombro su boca de melón/ ante tus puños explosivos/ y tus actuales zapatos de charol;/ ese mismo Broadway,/ es el que estira su hocico con una enorme lengua húmeda,/ para lamer glotonamente/ toda la sangre de nuestro cañaveral”. Convergen el reconocimiento al compatriota y el estigma contra quien lo veja.

Como se entretejen los caminos, la cinta amarilla de la espera renovó su popularidad en Estados Unidos durante la Guerra del Golfo, a principios de los años noventas pasados. Se dice que a menudo tenía el significado implícito de “traer nuestras tropas a casa” durante las “operaciones” Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto. Y apareció durante la invasión contra Irak, en el 2003, con significados similares.

De igual modo se la retoma en Cuba y se la relaciona con Guillén y con los Cinco, porque a todo los une la identidad por igual grado de justicia. Sin contar que el poeta cubano también supo escribir: “¿Qué hacer, si apenas puedo/ verla al paso del viento?”, en sus Poemas de amor.

Así que ahora también podría decir : Vamos a cambiar “los muros que alzó el odio,/ por claros muros de aire,/ y el techo de tu angustia,/ por un techo de nubes y de pájaros,/ y el guardián que te oculta,/ por un arcángel con su espada”. Porque los Cinco, como antes Angela Davis*, pertenecen “a esa clase de sueños en que el tiempo/ siempre ha fundido sus estatuas/ y escrito sus canciones”.

Con cintas amarillas esta vez.

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* Del poema Angela Davis (Birmingham, Alabama, Estados Unidos, 26 de enero de 1944): marxista, activista afroamericana y profesora de Filosofía de la Universidad de California, perseguida y encarcelada en 1971, la solidaridad internacional impidió que se la condenara.