Por Ernesto Montero Acuña

Los fines de año se activan los recuerdos sobre Topes de Collantes, en especial los envueltos por el invierno y las circunstancias de la guerra.
No se olvida, por ejemplo, que el 7 de febrero de 1958 hubo escarcha allí. El periódico El Clarín, de Trinidad, titulaba su nota de entonces: Nevó en el área de Topes de Collantes, y decía que el 5 de febrero, “por las bajas presiones que venían azotando a nuestra República con tanta intensidad de frío”, el barómetro registró un grado bajo cero.
“Por consecuencia”, proseguía, “una descarga de escarcha cubrió toda la zona forestal de esa comarca”.
También se recuerda que un día así, al final de aquel año, cayó Miguel Calzada Nieblas junto a la carretera hacia Trinidad, el 29 de diciembre. Había nacido en 1939. Tenía 19 años e intentaba capturar el cuartel de la Guardia Rural en Topes, frente al sanatorio. Se logró al fin, cuando él ya no estaba. O tal vez estuviera multiplicándose.

Aquí cayó Calzada Nieblas

Si hoy se inquiere allí sobre algún mártir, se le replica de inmediato: “Ah, Calzada Nieblas”. La secundaria lleva su nombre y también una escuela primaría. Pero igualmente podrían responderle: “Ah, Lucas Castellanos”, a quien en 1962 mataron luego de salir de clases en la escuela de Aguacate. Lo emboscaron en el entronque de Cedro Gordo y la Vereda de Balendero, finca Santa Rosa, el 15 de julio a las dos de la tarde. Había nacido en 1936 en Sitio de la Rosa, Topes de Collantes, donde casi siempre vivió. Tenía 26 años al morir. Mas, con su muerte, también lo multiplicaron.
No se olvida al hombre humilde dedicado a la agricultura desde niño. Que perteneció al Ejército Rebelde, del cual se licenció luego del triunfo de la Revolución, para retornar a sus labores en el campo. Y que, asimismo, se alistó en las Milicias Nacionales Revolucionarias y entrenó militarmente a campesinos de la zona, como él sencillos.
Calzada Nieblas, casi coetáneo de Lucas, había nacido en Trinidad el 10 de abril de 1939. Abandonó los estudios primarios en el tercer grado para dedicarse a labores agrícolas en la finca El Naranjo. Era su modo de contribuir al sustento de la familia, cuando quizás tuviera menos de diez años.
Como miembro del Ejército Rebelde había participado en las acciones para tomar los poblados de Cumanayagua, San Fernando de Camarones y Cruces, en la entonces provincia de Las Villas. Ambos representaban la humildad campesina que, en la historia de Cuba, proviene de los mambises que retornaron a sus hogares después de cumplir en su lucha por la libertad.
Es el rasgo común a los caídos en torno a Topes, donde no hubo descanso. Los derrotados por la Revolución comenzaron a conspirar en el mismo año 1959. Los apoyaba la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, cuya actividad se intensificó durante los últimos meses de la administración de Dwight Eisenhower, quien cesó su mandato en enero de 1961. Desde principios del 1960, en Cuba los conspiradores iniciaron el envío de armas a la Sierra del Escambray, en Las Villas; y a la Cordillera de los Órganos, en Pinar del Río.
En 1959 se produjeron dos intentos de invasión. Uno en el mes de agosto, conocido como La Conspiración de Trinidad. Se interceptó allí un avión cargado con armas provenientes de la República Dominicana, enviadas por el dictador Rafael Leonidas Trujillo. La otra fue en octubre, bajo el nombre de Desembarco de Navas, en la provincia de Oriente.
El Escambray comenzaba a ser decisivo escenario para el intento de revancha en Cuba, con apreciable predominio de fuerzas de la dictadura en esta zona del país, debido a que la demagogia de Fulgencio Batista había privilegiado a clases y sectores muy significativos en Trinidad y Topes, y a malos precedentes de algunos alzados anteriores.

Escambray – el escenario

Se asegura que esto último se debió, en parte, a que en los grupos guerrilleros del Escambray, desde antes del triunfo de la Revolución, existía personal apoyado por la CIA, incluidos algunos de sus agentes.
El 29 de noviembre de 1960 fue emboscado y asesinado por la banda de Edel Montiel, en la carretera de Topes de Collantes a Trinidad, el comandante del Ejército Rebelde Manuel Piti Fajardo, jefe de operaciones de las milicias en el Escambray. Solo tenía 30 años. Había nacido el 8 de noviembre de 1930 en la ciudad suroriental de Manzanillo. Era médico, luchó en la clandestinidad y en la Sierra Maestra y, al momento de morir, vivía en Topes de Collantes.
En la Sierra Maestra, a la cual se incorporó el 24 de marzo de 1958, había alternado sus funciones de médico con las de soldado. Participó en los combates de Santo Domingo, Providencia, Cuatro Caminos, Las Mercedes, El Jigüe, Cerro Pelado, Veguitas, El Meriño y El Salto, en los que se destacó hasta obtener el grado de capitán.
Después de su muerte, la banda de Osvaldo Ramírez asesinó en el Escambray, a inicios de 1961, al educador Conrado Benítez. Había nacido el 19 de enero de 1942. Tenía 19 años y era maestro voluntario en la escuela de la finca San Ambrosio, en las montañas de Sancti Spíritus. Impartía clases a 44 niños durante el día y a otros tantos adultos por las noches.
Se había incorporado al primer destacamento de maestros formados por la Revolución en Minas de Frío, en la Sierra Maestra. Había conocido allí a Nancy Inerarity, su novia, y anhelaba casarse. Pero no se detuvo ante las condiciones adversas en que debía realizar sus actividades, en una zona donde operaba la banda de Emilio Carretero.
Luego de pasar con la novia y su familia los últimos días de 1960, regresó a su escuela el 4 de enero de 1961, junto con la también maestra Magalys Olmos López. Les habían advertido que debían detenerse, y ella lo hizo en la vivienda del campesino Felo González. Conrado decidió continuar. Llevaba libros de cuentos, lápices de colores y juguetes.
El 5 de enero de 1961, a solo seis días de iniciada la Campaña de Alfabetización, en Tinajitas (o zona de Las Tinajas), fue asesinado por la banda de Osvaldo Ramírez. Se sembró en Pitajones, macizo montañoso del Escambray, municipio de Trinidad. Pero un año, tres meses y once días después, cayó de un disparo, cuando lo perseguían el 16 de abril de 1962, Osvaldo Ramírez, en una cañada.
Hoy, más de 100 mil expedientes de los brigadistas Conrado Benítez se conservan en el Museo de la Alfabetización, en La Habana. Allí también “se custodian pertenencias de los 42 mártires de la hermosa tarea convocada por Fidel y Raúl, diez de ellos asesinados por bandas contrarrevolucionarias y 32 fallecidos en accidentes o por enfermedad”*.
A mediados de marzo, con la retirada de los milicianos, concluyó la Primera Limpia del Escambray. Cayeron los cabecillas Ismael Heredia, Osvaldo Ramírez y otros, y habían sido apresados Porfirio Remberto Ramírez, Sinesio Walsh, Plinio Prieto, Ismael Heredia, Nando Lima, Sacarías García, Juan Cajigal, Ismael Rojas, Carlos Duque, Zacarías López, Guillermo Pérez Calzada, Ismael Rojas y Chiche Gámez. Mas, algunos habían escapado hacia Estados Unidos, país que un mes después lanzaría la invasión derrotada en Playa Girón.
En los días previos al desembarco, hubo hasta dos mil alzados presos en el Sanatorio de Topes de Collantes, informa el General de Brigada retirado Carlos Carballo Betancourt, entonces en operaciones allí. “Si a nosotros nos coge la invasión con esos bandidos sueltos en los montes”, dice, “la cosa hubiera estado fea” **.
Fuentes de la contrarrevolución, por su parte, calificaron el desembarco por Bahía de Cochinos como “el desastre de Playa Girón”, debido a que los mil 500 hombres de la fuerza invasora auspiciada por la CIA, desembarcados en la Ciénaga de Zapata bajo el nombre de Brigada de Asalto 2506, fueron derrotados en menos de 72 horas. Los vencidos consideran que “sin rutas de escape, Girón falló por la ineptitud de la CIA, la falta de coraje del presidente (John F.) Kennedy y la mala planificación logística”. Son difíciles de admitir las derrotas propinadas por la Historia.
Pero las acciones contrarrevolucionarias no se detuvieron. El 26 de noviembre de 1961, varios “alzados” dieron muerte en el Escambray al alfabetizador Manuel Ascunce Domenech y al campesino Pedro Lantigua, en la Finca Palmarito, del barrio Río Ay, en el municipio de Trinidad.
Aquella tarde, la esposa de Pedro, Mariana, hizo una colada con el café cultivado allí. Cuando lo repartía, llegaron los bandidos, encubiertos como milicianos. Luego se ensañaron con sus víctimas mediante ofensas, amenazas, golpeaduras, punzonazos, lucha, forcejeo y tortura. Medio moribundos, ahorcaron a Lantigua –exconstructor en el  Sanatorio de Topes de Collantes- y a Manuel Ascunce en dos ramas de acacia, a poca distancia de la vivienda. Eran aproximadamente las ocho de la noche. El brigadista había nacido el 25 de enero de 1945. El campesino, el 27 de abril de 1919. Tenían 16 y 42 años.
Los autores fueron Braulio y Amador Quesada, considerado el principal ejecutor; Pedro González Sánchez y Julio Emilio Carretero Escajadillo, exsargento de la policía en Topes de Collantes, y entonces jefe de lo que los contrarrevolucionarios llamaban comandancia.
A continuación de la derrota estadounidense en Playa Girón, se mantuvo la lucha contra los grupos contrarrevolucionarios y, el 3 de julio de 1962, el comandante Juan Almeida Bosque oficializó la Sección de Lucha Contra Bandidos, como continuación de la Limpia del Escambray.

Luego arribaron nuevamente camiones y autobuses con tropas. Jeeps artillados. Carros para patrullaje de carreteras. Comenzó así la Segunda Limpia del Escambray, un proceso solo concluido con la captura de José Rebozo Febles, en una cueva, el primero de octubre de 1966.
Entre una y otra fechas, fue asesinado Alberto Delgado, exsoldado del Ejército Rebelde y exsargento de milicias en la zona de Morón, provincia de Camagüey. Era trinitario y se había radicado en la finca Maisinicú, entre el río Guaurabo y el mar, como administrador, un cargo que había recibido en 1963, durante la aplicación de la Segunda Ley de Reforma Agraria.
Así comenzó la operación Hombre de Maisinicú, mediante la cual se logró establecer contacto directo con las más importantes bandas contrarrevolucionarias y sus colaboradores en la ciudad de Trinidad. Como agente de la Seguridad del Estado, su misión era infiltrarse y desactivarlas, simulando extraerlas hacia Estados Unidos mediante la operación Trasbordo.
Muy acorralados ya, los primeros bandidos que intentaron la fuga, de este modo, fueron los integrantes de la pandilla de Maro Borges. El cuatro de febrero de 1964, los recogió en un cayo próximo a Morón un barco pintado de blanco, con tripulantes rubios, angloparlantes. Se les pasaba a la parte inferior de la embarcación y allí se les detenía. Todos fueron capturados.
La próxima banda en intentarlo fue la de Julio Emilio Carretero, el asesino de Ascunce y Lantigua, de la familia Romero y de otros campesinos. En los preparativos, se acordó que, al llegar a Miami, le enviaría un mensaje a su lugarteniente Cheíto León. Alberto Delgado ignoraba que se había establecido una segunda clave para confirmar el presunto arribo a la ciudad estadounidense. El 9 de marzo de 1964, Carretero cayó en la misma trampa con catorce de sus hombres y Zoila Águila, apodada La Niña de Placetas.
En el Escambray, Cheíto León esperaba la confirmación de la llegada. Pero el segundo mensaje, una llamada telefónica, nunca se produjo. Debido a sus sospechas y a las de Rubén Cordobés, contactó a orillas del río con Alberto Delgado, quien el 28 de abril de 1964 fue torturado, mutilado y colgado de una guásima, durante la noche. Había nacido el 10 de diciembre de 1932 en la finca San Pedro, de Caracusey, en el municipio de Trinidad. Tenía 32 años.
En diciembre de 1958 se había incorporado a la columna Cándido González, del Ejército Rebelde, en la provincia de Camagüey, incluida la actual de Ciego de Ávila. Participó en combates y en la toma de cuarteles. Al Triunfo de la Revolución, fue asignado a la unidad militar de Chambas. Allí aprendió a leer durante la Campaña de Alfabetización.

Casa museo en Maisinicú

Después de la muerte de Alberto Delgado, el bandido Rubén Cordobés fue atrapado con su gente en un potrero. Su similar Pedro González, autor de no menos de 12 crímenes, cayó en el cerco de La Barca. A Cheíto León lo rodearon al norte de Trinidad, donde fue alcanzado por disparos. Allí murió, al explotarle una granada. Era el último jefe de bandas en el Escambray.
Blas Tardío Hernández fue capturado en combate, en 1965. Quedaba sellado así el final del bandidismo allí, aunque en los últimos meses de 1965 y en todo el año 1966 las fuerzas de Lucha Contra Bandidos ubicaron y detuvieron a los rezagados, incluso en otras zonas y provincias.
Culminaba un momento importante de la confrontación irregular organizada por la CIA contra la Revolución en Cuba.
Habían sido asesinados alfabetizadores, campesinos, milicianos y humildes luchadores revolucionarios, la mayoría de ellos jóvenes, obligados a proseguir un combate que se había iniciado contra la dictadura y que fue necesario continuar después del primero de enero de 1959. Mas, a los que cayeron, se les recuerda como reclamaba el poeta español Miguel Hernández (1910-1942), muerto en su encierro franquista de Alicante.
“Quedarán en el tiempo vencedores, / siempre de sol y majestad cubiertos, / los guerreros de huesos tan gallardos / que si son muertos son gallardos muertos”***. Justamente también afirmaba: “Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños”. Con Jorge de Santayana habría que insistir: “Los pueblos que no conocen su Historia están condenados a repetirla”.
Tal vez por aquello, en este invierno que puede ser semejante a los de entonces, se recuerda aquella resistencia y la alfabetización admirable, primera exitosa y de su magnitud, ambas respaldadas por innumerables héroes y por gallardos muertos, en días de horror y de guerra.

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* Hernández Serrano, Luis, pdco. Juventud Rebelde, 7 de Julio, 2011.
** General Carballo Betancourt, Carlos, pdco. Vanguardia, 9 de abril, 2011.
***Miguel Hernández, versos de Recoged esta voz.