Por Ernesto Montero Acuña     

Concebir la descendencia familiar se asume como un acontecimiento feliz, sin tener en cuenta que para incontables criaturas los primeros mil días pueden ser fatídicos por causas evitables.

Según estadísticas, la nutrición durante el lapso comprendido entre la concepción y los dos años posteriores al nacimiento es decisiva para la existencia y la calidad de la vida futura.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que deberían cumplirse en el 2015, ponen especial énfasis en que ello se garantice. Pero las circunstancias arrojan más sombras que luces sobre su factibilidad.

La colmenita en Cuba

En general, el Índice Global del Hambre (IGH), presentado hace apenas un año, refleja que el mundo no está “ni cerca” de alcanzarlos.

El reporte, emitido el 11 de octubre de 2010, insiste en el reclamo de redoblar esfuerzos contra la desnutrición infantil e, incluso, considera improbable que se alcance el objetivo de reducir a la mitad las personas hambreadas, respecto de los niveles de 1990.

De acuerdo con el IGH, la recesión económica y los efectos persistentes de la crisis mundial de alimentos entre 2007 y 2008 condujeron a que las personas sin alimentación básica superaran los mil millones en el 2009.

Asimismo, afectó la proporción de desnutridos, la prevalencia de menores de cinco años con deficiencia de peso, lo que, según el documento, contribuye a casi la mitad de los efectos negativos totales y a la tasa de mortalidad.

Tal es la valoración del Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimenticias (IFPRI), con sede en Washington; la organización benéfica irlandesa Concern Worldwide, y el grupo no gubernamental alemán Welthungerhilfe.

La desnutrición crónica, con retraso del crecimiento, afectaba entonces a 195 millones de menores de cinco años en el Sur suddesarrollado, equivalentes a casi uno de cada tres; en tanto que la deficiencia de peso dañaba a 129 millones, uno de cada cuatro.

La directora de la división de Pobreza, Salud y Nutrición del IFPRI, Marie Ruel, consideró al respecto, hace tan corto tiempo, que los esfuerzos para combatir la desnutrición no han tenido éxito contundente en las regiones más pobres.

Como ejemplo argumentó que, en 20 años, la proporción de niños y niñas con deficiencia de peso en el África subsahariana se redujo apenas del 27,2 al 23,6 por ciento.

Si se parte de que el momento clave para mejorar la nutrición de una persona son los referidos mil días a partir de la concepción, se comprenderá que los efectos de la malnutrición son prácticamente irreversibles.

De ello pueden derivarse daños vitalicios, como limitados desarrollo físico y cognitivo, algo en lo que la salud y la alimentación de la madre es crucial.

Las mujeres malnutridas cuando niñas tienden a parir bebés con déficit de peso y a perpetuar el ciclo de tal condición, por lo que las soluciones deben encaminarse hacia ellas, especialmente en la adolescencia.

El informe recomendó atender raíces de la desnutrición como la pobreza, la inequidad de género y los conflictos bélicos, que contribuyen a que el efecto mundial haya empeorado de 1990 al presente.

Cerca de 30 naciones presentan niveles de hambre “extremadamente alarmantes” o “alarmantes”, en lo cual las regiones más afectadas son Asia meridional y África subsahariana, con puntajes de 22,9 y 21,7 cada una.

Deficiencias gubernamentales, conflictos bélicos, inestabilidad política y altas tasas de SIDA se consideran los principales factores de la elevada mortalidad y desnutrición en el África al Sur del Sahara.

Países con mayor producto interno bruto per cápita tienden a presentar bajos puntajes de IGH, en tanto que los de reducido PIB, por el contrario, reflejan enfermedades, desigualdad y discriminación de género.

Naciones como Angola, Etiopía, Ghana, Mozambique, Nicaragua y Vietnam lograron hasta el 2010 grandes avances en sus resultados, mediante reducciones de 13 puntos o más. Pero otras nueve empeoraron, casi todas subsaharianas.

De ahí que entre los 122 países estudiados, el IGH mostrara 25 con “alarmantes” niveles de hambre, al presentar más de 20 puntos sobre 100; aunque cuatro de ellos, africanos, han mantenido cifras “extremadamente alarmantes”, por encima de 30 puntos.

Niños y niñas ensanchan la fila de los hambrientos, y el mundo no está “ni cerca” de alcanzar los ODM, debido a que se requiere redoblar los esfuerzos contra la desnutrición.

En condiciones de múltiples crisis, sobre todo económica y social, los augurios no resultan promisorios.

La escalada mundial en los precios de los alimentos, ya vivida hace dos años, renovó en el 2010 las protestas masivas de entonces, como consecuencia, sobre todo, de las prácticas especulativas y de los efectos medio ambientales sobre las cosechas.

Un estudio de la ONU y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico estima, para la actual década, un incremento de entre el 15 y el 40 por ciento en el precio de los granos, en comparación con el período de 1997 al 2006.

Dentro de 10 años, la situación alimentaria mundial empeorará más en el caso de los productos lácteos, vitales en la infancia, cuyo costo aumentará entre el 16 y el 45 por ciento; y  en el de los aceites vegetales, que lo elevarán en el 40 por ciento.

De ahí que la FAO considere inaceptable la cifra de personas hambrientas en el mundo, superior a las anteriores a la crisis económica, a la provocada por los precios de los alimentos entre 2008 y 2009 y al nivel de hambrientos existente en 1996, cuando también se acordó reducirlos de 800 a 400 millones para el 2015.

La Organización estima que el grueso de quienes pasan hambre habita en los llamados países en desarrollo, donde representan el 16 por ciento de la población. Precisamente, se considera que entre estos el impacto de la crisis resulta desastroso y empeorará si persisten las condiciones.

Por esto existe escepticismo respecto de los ODM, pues, durante el pasado año, 64 millones de personas ingresaron en la extrema pobreza y otros 40 millones incrementaron las que sufren hambre, según el Banco Mundial.

Si las estadísticas no comienzan a reflejar el futuro necesario, los ODM acordados por Naciones Unidas no aportarán solución alguna para los mil días fatales al inicio de la vida de los humanos, período que suele extenderse, para muchos, a toda la existencia.

Niños mendigando