Por Ernesto Montero Acuña

 

Cada día se revelan en el mundo enormes cifras de hambreados, fallecidos por inanición, asesinados en agresiones bélicas o en guerras delincuenciales y  a la vez se anuncian drásticos recortes de gastos públicos en países desarrollados.

Mas se invierten al año 1,6 billones de dólares en armamentos -el 42,3 por ciento en Estados Unidos-, un total que representa el 229 por ciento con respecto a lo que se gastaba por este concepto en 1996, hace apenas 15 años.

En ese lapso, este costo se ha elevado en tal magnitud que hoy se gasta mucho más del doble en armas que lo utilizado hace apenas tres lustros.

Al respecto, el lider de la Revolución cubana,  Fidel Castro, el 16 de noviembre de 1996 en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en la sede de la FAO,  reclamó que se invirtiera una parte de los gastos militares de entonces en combatir el hambre y otras carencias decisivas.

Este reclamo se podría multiplicar ahora justificadamente, pues en el 2011 las cifras, como se ve, son mayores y las consecuencias alcanzan proporciones cada vez más alarmantes.

El 2 de julio pasado medios internacionales publicaban que las campañas bélicas de Estados Unidos costaron al mundo 225 mil vidas y tres billones 700 mil  millones de dólares en solo una década, desde el año 2001 al 2011.

Según estudio divulgado por la estadounidense Universidad Brown, de Rhode Island, diversos conflictos bélicos en los que Estados Unidos se ha involucrado durante el decenio, desde los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001, han provocado desastrosas consecuencias.

Los investigadores, dirigidos por Neta Crawford y Catherine Lutz,  consideran que las campañas bélicas de su país en Afganistán e Irak y sus operaciones antiterrorista en Pakistán, arrojan 225 mil muertos  y 365 mil heridos, según el cálculo más prudente”.

Al respecto, el informe añade que la población civil ha pagado el mayor precio por esos conflictos, que ocasionaron 125 mil víctimas en Irak, 56 mil en Pakistán y 12 mil en Afganistán -aunque otras fuentes las consideran muy superiores- y estima que el ejército estadounidense ha tenido seis mil bajas nacionales, por lo demás innecesarias.

Sus aliados han sufrido mil 200 muertos, los militares iraquíes nueve mil 900, los pakistaníes tres mil 500 y los afganos ocho mil 800, a los cuales deben sumarse dos mil 300 pertenecientes a las llamadas agencias de seguridad privadas.

También han fallecido 168 reporteros, entre los cuales sobresale el virtual asesinato del camarógrafo español José Couso, en Irak, y de 266 colaboradores de Organizaciones No Gubernamentales humanitarias, a la vez que se han refugiado siete millones 800 mil personas en otros países.

Tales cifras, que otras fuentes estiman en millones, no contabilizan el sufrimiento humano ni la destrucción del patrimonio, la cultura, la historia y de la paz en el mundo.

Sobre lo referido a los cerca de cuatro billones del costo, precisan que incluye los gastos bélicos y las asignaciones complementarias para la lucha antiterrorista, la defensa del territorio estadounidense y otros renglones afines, según el documento del alto centro de estudios estadounidense.

Esto sucede cuando el país ha modificado su estrategia, la cual se basaba, en el 2004, en la defensa del territorio nacional de una hipotética agresión y establecía que el Ejército estadounidense no puede estar en relación de inferioridad con ningún otro del mundo.

Mas en su nueva doctrina, la tarea principal será reforzar la que denomina cooperación con aliados extranjeros.

Todo conduce a suponer que en época de crisis, cuando las finanzas públicas no cubren el gasto, se requiere que otros asuman costos de operaciones globales encaminadas a sostener el poder mundial de Estados Unidos sobre las demás potencias económicas y militares.

No obstante, este país se reserva el derecho a actuar de forma independiente “si es necesario” y admite que se traza objetivos como fortalecer la seguridad internacional y regional, contrarrestar el extremismo, disuadir una potencial agresión y formar las Fuerzas Armadas del Futuro, algo fácil de interpretar.

Analistas consideran que el fortalecimiento de relaciones con sus socios extranjeros es la respuesta de Washington a los problemas que afronta en el Oriente Próximo y Asia Central, aunque se reconoce que este país se mantendrá por mucho tiempo como la potencia militar más fuerte en el mundo.

Ahora, además de que será necesario encontrar fórmulas de compromiso en asuntos controversiales, la pregunta clave es: ¿podrá el documento sobrevivir las elecciones en EE.UU. y fomentar la cooperación? Según las tendencias internas, parece que no, aunque las finanzas no den para más. Pero puede buscárselas por otras vías.

Iliá Krámnik, analista de RIA Novosti, refiere que Washington va a “fomentar el diálogo con Rusia y la relación entre ambos ejércitos, basándose en los avances logrados en materia del recorte de armas estratégicas ofensivas”, en tanto que con China “tiene intenciones de desarrollar la cooperación”.

Solo resta preguntarse qué sucederá cuando el hambre se torne más apremiante, pues, si en 1996 se pretendía reducir para el 2015 a 400 millones los 800 millones de hambrientos entonces existentes, hoy no queda otra alternativa que admitir el fracaso de esta meta, cuando existen cerca de mil millones en esa condición.

En su discurso de 1996 en Roma, Fidel Castro dijo:

“¿Por qué se invierten 700 mil millones de dólares cada año en gastos militares y no se invierte una parte de estos recursos en combatir el hambre, impedir el deterioro de los suelos, la desertificación y la deforestación de millones de hectáreas cada año, el calentamiento de la atmósfera, el efecto invernadero, que incrementa ciclones, escasez o excesos de lluvias, la destrucción de la capa de ozono y otros fenómenos naturales que afectan la producción de alimentos y la vida del hombre sobre la Tierra?”

La verdadera cifra de hambrientos hoy es la absolutamente mayor desde 1970, año a partir del cual se dispone de estadísticas comparables. No solo ha sido imposible reducir el hambre, sino que esta ha venido aumentado desde mucho antes de la crisis económica actual y todo conduce a suponer que así continuará.

De ahí que la mayor preocupación de los estudiosos del tema sea que se pretenda matar el hambre con las armas en guerras y otras agresiones, en la represión interna y en la explosión de violencia delincuencial o fanática en el mundo, propiciadas también por las armas como negocio.