Fernando Ravsberg | 2011-07-28, 12:35

Un grupo de estudiantes de secundaria en un albergue de Batabanó, durante su “escuela al campo”. (Foto: Raquel Pérez)

Si les cuento que se acabaron la FAPI, las BET y las BUTS los lectores de otras latitudes se quedarán en blanco. Pero estas extrañas siglas harán que los cubanos se trasladen en el tiempo hasta sus años de estudiante.

Se trata de las Fuerzas de Acción Pioneril, las Brigadas Estudiantiles de Trabajo y las Brigadas Universitarias de Trabajo Social. Era la fórmula utilizada para organizar el aporte laboral de los estudiantes en los tres niveles de la enseñanza.

Desde la primaria los niños realizan tareas sociales como recolectar materias primas, limpiar la escuela o sembrar árboles. En general se trata de trabajos bastante divertidos donde los alumnos se integran a la comunidad.

Ya en secundaria el asunto era un poco más serio, debían vivir un mes en el campo para dedicarse a labores agrícolas en granjas y cooperativas. Desde cosechar papas hasta limpiar los campos de tabaco de hierbas malas.

Durante la crisis de los 90 mis hijos estuvieron en las BET y a mí me tocó visitarlos en los campamentos, ubicados a decenas de kilómetros de la capital. Ellos no vivían tan mal, no era un hotel pero tenían techo, cama y tres comidas.

Los que sufrían eran los padres. Pasaban la semana tratando de encontrar algo de comida para llevarles los domingos y recolectando gasolina para ir en grupo en automóvil a verlos, otros se movían en tren y hasta haciendo autostop.

Durante muchos años los preuniversitarios estuvieron ubicados en zonas rurales y los estudiantes dormían allí, así que fue relativamente fácil organizar el trabajo en los alrededores de las escuelas, combinándolo con las clases.

Las brigadas universitarias se movilizaban más por campañas, en general cuando terminaba el curso, pero perfectamente podían interrumpir las clases y partir al campo si la falta de brazos ponía en peligro alguna cosecha.

El concepto sobre el que se sustentaba la movilización de más de un millón de estudiantes proviene de José Martí, quien recomendaba crear “detrás de cada escuela un huerto”, para combinar trabajo y estudio en la formación de los jóvenes.

Como principio me pareció interesante y en lo personal nunca colaboré con mis hijos cuando inventaban triquiñuelas para librarse de las tareas del campo. Sin embargo, pasado un tiempo comprendí que todo aquello servía para poco.

Los chicos y chicas no tienen la experiencia necesaria para las labores agrícolas y muchas veces provocan más daños que beneficios. A la escasa productividad se le debe sumar los gastos de traslados, el mantenimiento de los albergues y la comida.

Según el periódico Juventud Rebelde la desaparición de estas brigadas se debe en primer lugar a que “ha pasado el tiempo”. Sin embargo, tras semejante obviedad reconoce que existía una “desfavorable correlación gastos-aporte”.

Si las brigadas gastaban más de lo que aportaban únicamente se podrían justificar como método para “la formación de las nuevas generaciones”, pero lo cierto es que el trabajo sólo podría jugar ese papel si es socialmente útil.

Esa es la razón por la que la combinación trabajo-estudio funciona tan bien en la sanidad, donde los alumnos de medicina trabajan en hospitales, adquiriendo una vasta experiencia a la vez que apoyan al sistema nacional de salud.

El fin de las brigadas es parte de una reorganización mayor del sistema educativo hacia un proyecto más pragmático en el que, por ejemplo, se aumenta el número de alumnos por aula a cambio de poner al frente de ellas a educadores debidamente preparados.

En pocos sectores se pueden percibir tantos cambios como en educación: cerraron los preuniversitarios en el campo, limitaron las plazas universitarias, ampliaron las de técnico medio, crearon las de obrero calificado y se orientan a todos hacia las necesidades de la economía.

La reforma educativa ha pasado casi desapercibida internacionalmente a pesar de que, a largo plazo, será una de las que más va a transformar la vida nacional. Los resultados serán menos efectistas pero mucho más útiles para la economía cubana.

La importancia que el gobierno le da a este proceso se hizo patente cuando en el 2009 nombraron ministro de Educación Superior a Miguel Díaz Canel, un miembro del Buró Político del Partido, la máxima instancia de poder en la isla. (Tomado de BBC Mundo)