Ernesto Montero Acuña

Más que cuando Zeus la sedujo para llevarla a Creta, se está extendiendo la opinión de que es ahora cuando se produce el verdadero rapto de Europa, no de la mítica mujer fenicia, de Tiro,  sino de la integrada por 27 países y fuente de la cultura que llaman occidental.

La precisión de si fueron Zeus  o los minoicos quienes la condujeron a la isla mediterránea de Creta no es imprescindible.

Los raptados de hoy lo serán de una parte de Europa por otra, y ambas porciones, por el Zeus norteamericano, cuya capacidad financiera en crisis terminará por inocular la bancarrota a todo el sistema y, de este, al resto del mundo que se le relacione directamente.

Quien no perciba la vulnerabilidad creciente que envuelve al mundo occidental, está irremediablemente perdido. La tendencia creciente en la acumulación del capital genera desempleo, merma o ausencia de los correspondientes medios de existencia y a la vez aumento de los costos, potenciación de los impuestos y otros gravámenes, y anulación de beneficios sociales acumulados por el conjunto de los pueblos.

Los mitos y leyendas son el reflejo fabulado de la realidad en la cual se producen, de modo que, aunque parezcan exageradamente fantasiosos, debiéramos pensar más bien que los dictaba la época y no que su reflejo, al menos no totalmente, reproducía lo fantasioso a partir de una visión ingenua o menos desarrollada que la actual, algo a lo que habría que ponerle cotas. De egipcios, griegos, romanos y otros nos viene la base y, con ella, nuestra mitología contemporánea, nada fantasiosa.

Estamos ante el otro rapto de Europa, esta vez por vías económicas y financieras.

La leyenda clásica cuenta que Zeus se transformó en un toro blanco y se mezcló con las manadas de su padre. Mientras Europa recogía con su séquito flores cerca de la playa, cuentan que se acercó al animal, acarició sus costados y luego se le subió al lomo, como si fuera realmente manso.

Este fue el momento que aprovechó Zeus para avanzar velozmente hacia el mar y nadar con Europa a sus espaldas hasta la isla de Creta, donde le reveló su verdadera identidad y, finalmente, la convirtió en la primera reina cretense. Dicen que la entrega, no violación, se produjo bajo una mata de plátano.

Para que esta síntesis no quede inconclusa debe añadirse que, según Heródoto, Europa fue secuestrada por los minoicos, quienes buscaban vengar el secuestro de Ío, una princesa de Argos. Tal como aparece en Wikipedia, esta variante “puede haber sido un intento de racionalizar el mito anterior”.

A la vez que aproveché para resumir el momento mitológico, debo añadir el condimento contemporáneo, tal como lo perciben algunos internautas. En días recientes, la calculadora de riesgos Moody’s redujo el “rating” de Irlanda al nivel del bono basura. La noticia, fechada en Nueva York, dio cuenta de que la calificadora de riesgos recortó el martes la calificación de la deuda de Irlanda a territorio basura, según lo cual este país requerirá rondas adicionales de financiamiento oficial antes de volver a los mercados.

Parece como si descendiéramos de lo sublime a lo ridículo, lástima que lo ridículo sea dramático y drástico. Si no, veamos las opiniones:

Juan dijo que Moodys y el resto de agencias se tendrían que preocupar de la deuda estadounidense y de cómo van a devolver algún día algo que ya ahora mismo parece imposible de pagar, ni mas ni menos que un cuarto del PIB del planeta Tierra, es decir, están peor que toda la Unión Europea, África y Asia juntos y esta gente sigue evaluándose como excelentes pagadores y con sus bonos al mismo nivel que los alemanes, en fin, especuladores con corbata que sin poner un duro de su bolsillo juegan a ser adivinos y hacerse millonarios y si meten la pata cogen el dinero de los trabajadores de a pie como aval a sus desastres.

Juan se refiere aquí  a la insolvencia de Estados Unidos. Solo le he hecho algunas correcciones de estilo, como en  los demás casos, de modo que mejore la ortografía apresurada y habitual en estas secciones de opinión.

Eduardo, otro que se las trae, asegura que las agencias anglosajonas de rating están protagonizando un ataque espectacular al euro. Ahora que ven cerca la caída han perdido todo disimulo y decoro y van a degüello. Es normal, la situación del dólar y la libra esterlina, a quien defienden, es desesperada. ¿Por qué no revisan la calificación de la deuda USA? ¿Qué credibilidad tienen después de dar la máxima calificación a Lehman Brothers hasta el día antes de su quiebra?
Hasta aquí todo tiene una lógica; injusta pero lógica, pero… ¿Por qué siguen siendo respetables estas agencias? ¿Por qué paga Irlanda para “oír” su calificación? ¿Por qué no se les deja en ridículo
–dicho de modo que las últimas cuatro letras identifiquen a una parte posterior del cuerpo humano-, es decir, en su sitio, de una vez por todas? Buscando una respuesta a esta pregunta se me ocurre que dentro de Irlanda hay grupos interesados en la caída de Irlanda, grupos que han invertido mucho dinero en la quiebra del país, y utilizan desde dentro los instrumentos necesarios para que caiga. Es un negocio seguro, invertir y forzar la quiebra.
Juan Carlos es nada sutil y expresa:
Tenemos lo que nos merecemos; si cuando las cosas iban bien en Europa habríamos tomado la decisión de tener una agencia o varias agencias propias, nos estaríamos evitando toda la (aquí una palabra con arabescos, de las que llaman malas) que escupe Moodys y las otras dos agencias de ladrones, pero como en Europa somos así, lacayos de los USA, así nos va, y ojo, lo mismo que sucede en el terreno económico puede suceder en otros campos, tecnólogico, agrario, comunicaciones, internet, correo electrónico…

Por sus opiniones, no parece que los europeos estén muy satisfechos con el rapto, y juro que no he seleccionado las opiniones, pues, reitero, me he limitado a corregir la ortografía apresurada al uso en Internet, pero sin variar en nada los contenidos, ni introducir vocabulario mío. Son las opiniones que originalmente fueron.

Despachos de prensa fechados en Bruselas daban cuenta el día 12 de julio que los líderes de la UE sostendrían una cumbre de emergencia el viernes 15 de julio, después de que los ministros de Finanzas reconocieran que Grecia podría necesitar alguna forma de suspensión de pagos para reducir sus deudas y detener el contagio de Italia y España.

De inicio,  la noticia es fiambre, pues un elemental sentido común indica que no se podrá esperar hasta septiembre para el segundo paquete de rescate al país helénico, como pretende Alemania, en una maniobra con la que se aspira a facilitar la privatización de esta economía, bajo el argumento de que la participación del sector privado significa “una probable suspensión de pagos selectiva”.

Más claro fue Willem Buiter, economista jefe de Citi y ex consejero del Banco Central del Reino Unido, al referirse a la fuerte preocupación existente por el contagio hacia Italia, donde se han intensificado los temores; y a España, la cuarta mayor economía de la zona del euro.

El financista declaró que existe una clara expansión más allá de Grecia, Irlanda y Portugal, las tres naciones que identifica como rescatadas hasta el momento, por lo que “estamos hablando”, aseguró, “de un elemento que cambiará el juego, una crisis sistémica”. A lo que añadió: “Esto es existencial para la zona euro y la UE”.

En este contexto, “existencial” significa futuro de la Unión Europea, como bloque; del euro como moneda, de la capacidad de acción e influencia de la UE en el mundo globalizado de hoy y de la existencia misma del ciudadano común en la región más influyente política y culturalmente en la historia del mundo occidental.

Que a Europa la están raptando nuevamente es un hecho, y no precisamente Zeus o los minoicos, sino otros menos míticos y más distantes que no se la llevarán a Creta, sino un poco más allá. Para algunos, incluso, al más allá.