Segunda Parte y final

Ernesto Montero Acuña

La Unión Europea es el segundo socio comercial de Latinoamérica y el primero del Mercosur y Chile, por lo que el deterioro económico en el Viejo Continente se avizora como dañino para exportaciones de productos latinoamericanos y caribeños.


Celina Vansetti, responsable de calificaciones de bancos latinoamericanos para Moody’s, recién declaró a la agencia Dow Jones que “todos los bancos globales son proveedores de financiamiento comercial o líneas (cambiarias) de contraparte para bancos latinoamericanos”.

De igual manera, los fantasmas rondan, pues medios europeos opinan que “el pasado reciente de Argentina es el futuro de Grecia”.

Para BBC Mundo el colapso del peso, la mayor cesación de pagos… de la historia y los posteriores disturbios sociales y políticos que sacudieron a Argentina en 2001-2002 son vistos como una terrible advertencia a los políticos en Atenas y Bruselas.

En el país suramericano sucumbieron los gobiernos de Fernando de la Rúa, obligado a dimitir, y Adolfo Rodríguez Saá, conminado a seguir el mismo camino luego de una semana en el cargo, a los que siguió un default de 102 mil millones de dólares, aún no amortizados.

Los argentinos comunes y corrientes sufrieron, por su parte, las consecuencias de la crisis, al elevarse la tasa de desempleo al 21,5 por ciento, similar a la actual en España.

Con una deuda pública del 158 por ciento del producto interno bruto, la situación griega es mucho peor que la del país suramericano, donde solo era del 62 por ciento.

Como conclusión obvia se plantea que “si Grecia quiere seguir a Argentina, tendrá que abandonar el euro y dejar de pagar la mayoría de su deuda”, hipótesis solo posible en una situación de crisis absoluta social, económica y de gobernabilidad.

Una salida griega del euro empeoraría las cosas para los demás países de la que llaman “euro-periferia”, como Irlanda y Portugal.

En sentido contrario, el partido de gobierno que aplique medidas económicas tan impopulares saldría del poder “durante una generación” e, inversamente, la alternativa triunfante y viable alcanzará prolongadas preferencias y posiciones preeminentes, como el actual gobierno en Argentina.

Por el contrario, la Unión Cívica Radical salió casi destruida en el mismo país.

Es decir, la decisión debe estar dirigida contra la banca y los factores de poder del sistema o contra las clases trabajadoras, por lo que la opción parece obvia en las condiciones actuales.

Se opta en el caso de la UE, no solo de Grecia, por la ampliación del Plan de Gobernanza Económica, sometido a aprobación del Parlamento Europeo por los 27 países del área, y calificado por opositores como de profundo carácter neoliberal.

Sus propuestas están precedidas por “reformas” como la denominada Encuesta Anual de Crecimiento, conocida también como Semestre Europeo, promovida “para responder a la crisis y acelerar el crecimiento económico” de la UE.

Otro bloque de medidas es el Pacto del Euro, adoptado por los 17 miembros de la eurozona y otros seis países, con el objetivo de pagar los multimillonarios débitos respectivos y evitar los defaults.

Se haría descargando los efectos sobre las pensiones, los salarios, los puestos de trabajo público, los impuestos y demás medidas calificadas como impopulares.

Según analistas, en vez de contribuir a solucionar el desempleo y la parálisis del tejido productivo, conducirá inexorablemente al mayor empobrecimiento de los ciudadanos.

De ahí que se cuestione una gobernanza entendida como la pretensión de ampliar los conceptos de gobierno y de gobernabilidad, mediante interacciones en las cuales los trabajadores se consideran más objetos que sujetos.

Como consecuencia, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) convocó el 21 de junio pasado, en víspera de que se sometiera a aprobación la ampliación del Plan, a una jornada de protestas sociales para rechazarlo.

En Luxemburgo, por ejemplo, se produjo una manifestación mientras que en el Parlamento Europeo se estudiaba la aprobación de las medidas.

Acciones semejantes ocurrieron en calles y plazas de decenas de ciudades, entre las cuales se encontraban Londres, Madrid, Atenas, Bruselas, Budapest y otras del Viejo Continente.

Sus lemas eran: “No a la austeridad. Por una Europa social, salarios justos, inversión y empleos”, coreados por miles de manifestantes que rechazan, igualmente, el Pacto del Euro, debido a los efectos que pueda generar en los salarios, la negociación colectiva y la protección social.

Bernardette Ségol, secretaria general de la CES, criticó que en el Plan de Gobernanza hayan sido los salarios y los trabajadores los únicos sujetos a los ajustes.

Se considera que la incompetencia de los bancos, la corrupción y la impunidad son causantes de las consecuencias de un sistema financiero caduco.

Como oposición a tales consecuencias, que se extenderán más allá de la UE en el mundo globalizado, las organizaciones sindicales españolas Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores rechazan el Plan y el Pacto, y convocan a un programa de alianzas efectivas.

“Gobernar Europa”, declaran ambas, “es dar prioridad al empleo, la justicia social y rechazar el trabajo precario y las reducciones salariales”.

Estiman que este es un eje esencial del problema, apreciado en sentido contrario a gobiernos europeos en crisis y con difíciles perspectivas de gobernanza.