Por AbcdeCuba

Bahía de Santiago de Cuba

Durante los varios años de su política basada en las ideas, Cuba ha opuesto sólidas iniciativas a las condiciones que determinaron el llamado período especial en lo interno y a enfrentar las campañas y otras acciones provenientes de Estados Unidos.

Documentos históricos revelan que el propósito estadounidense de anexarse a la isla-archipiélago tiene su origen histórico casi 200 años atrás, pero su paso más significativo fue la centenaria Enmienda Platt, que le fijaba a Cuba, en 1902, obligaciones de subordinación.

Entre las establecidas, se excluía de facto a Isla de Pinos del resto de la jurisdicción nacional, como reza el articulado:

“Artículo VI: Que la Isla de Pinos será omitida de los límites de Cuba propuestos por la Constitución, dejándose para un futuro arreglo por Tratado la propiedad de la misma.”

Se condicionaba el arrendamiento de determinados servicios.

“Artículo VII: Que para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los EE.UU. las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los EE.UU.”

A ello se debe la existencia de la Base Naval de Guantánamo, obtenida mediante un increíble arrendamiento “a perpetuidad”, algo que aquel país aplicó en la práctica, desde su punto de vista, como una virtual venta obligatoria a muy bajo precio, ni siquiera pagado a plazos.

Se establecía el derecho a la intervención política y militar:

“Artículo III: Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los EE.UU. por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba.”

Se coartaban las relaciones exteriores de la Isla:

“Artículo I: Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla.”

Y se prohibía cualquier tipo de deuda pública, siempre que no fuera con Estados Unidos:

“Artículo II: Que dicho Gobierno no asumirá o contraerá ninguna deuda pública para el pago de cuyos intereses y amortización definitiva después de cubiertos los gastos corrientes del Gobierno, resulten inadecuados los ingresos ordinarios.”

El 8 de junio de 1901 el Secretario de Guerra estadounidense puso en claro que la ley debería cumplirse tal cual fue aprobada por su legislativo, lo que la convertía en condición de facto para el otorgamiento de una dependencia colonial, sin intervención militar directa mientras no lo dispusiera su país.

El día 12 de aquel mes, la Asamblea Constituyente cubana, también nombrada del Cerro, no tuvo más alternativa que someterla a votación y, finalmente, aprobarla por 16 votos a favor y 11 en contra.

Santiago de Cuba batalla el 3 de julio de 1898

Para entrar en la guerra contra España, el Congreso norteamericano había fijado la llamada Resolución conjunta, el 19 de abril de 1898, en la que no se reconocían las pretensiones independentistas de los cubanos. Para “salir formalmente”, dejaban la Enmienda Platt y tres tratados suscritos con el presidente cubano, Tomás Estrada Palma.

Estos versaban sobre Reciprocidad comercial, Relaciones permanentes y Arrendamiento de bases navales y carboneras, no sólo la de Guantánamo, aunque sería innecesario concretar las otras luego.

El 3 de septiembre de 1934 se estableció un Tratado de Reciprocidad entre Cuba y Estados Unidos, que formalmente sustituía a la Enmienda Platt y al Tratado Hay-Quesada, suscrito en 1925 sobre la Isla de Pinos, a la vez que dejaba intacta la cláusula referente a las estaciones navales.

Esencialmente, nada varió durante toda la etapa de república dependiente, hasta el año 1959, cuando asumió el poder la revolución liderada por Fidel Castro, luego de la lucha que inició el 26 de julio de 1953 en el cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) montó en la década de 1960 un diseño propagandístico y desinformativo con fines contrarrevolucionarios, que se mantiene hasta hoy, antes a través de acciones abiertas de guerra psicológica y de apoyo a agresiones directas como la de Bahía de Cochinos en 1961.

En 1979, grupos bajo aquella cobertura y con el estímulo y el apoyo del gobierno incrementaron las emisiones clandestinas por ondas cortas desde el territorio estadounidense.

Años más tarde, en 1985, se añadieron las transmisiones de la llamada Radio Martí, bajo la dirección de la Agencia de Información de Estados Unidos, entidad encargada de la propaganda en el extranjero. Durante los últimos 50 años, alrededor de 125 emisoras se han dedicado a emitir expresamente contra Cuba.

A estas se añadió, el 27 de marzo de 1990, la identificada como televisión Martí, propiedad también del gobierno estadounidense, para transmitir desde un globo aerostático sobre Cayo Cudjoe, al sur de la Florida.

Tales medios han llegado a difundir semanalmente más dos mil 200 horas de programación subversiva contra la isla, ahora con presupuesto incrementado, mayor apoyo gubernamental y más amplia duración en las programaciones.

Se apela a la opinión selectiva, las palabras claves, las verdades a medias, la mentira total, la reiteración de tergiversaciones deliberadas, las acusaciones de difícil comprobación y la distorsión de los hechos, también en los llamados blogs promovidos desde la Oficina de Intereses en La Habana, durante varios gobiernos.

Las autoridades cubanas han convocado a su población, contra esto, a la defensa política e ideológica más activa.

(A la tercera parte y final)