Dominique Strauss-Kahn

Como una demostración de que mientras mayor es la altura, peor es la caída, el escándalo en torno a Dominique Strauss-Kahn, exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), introdujo numerosas dudas en el contexto internacional, no solo europeo, ni únicamente económico y político.

Por Ernesto Montero Acuña

Casi exactamente así escribía yo el 20 de mayo pasado esta  valoración que hoy, 26 de agosto, suscribo con algunas variaciones verbales  para adecuar el texto a nuevas interrogantes sobre este fondo más ambiguo y en el cual las dudas persisten.

Días después de la detención en Nueva York, el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, reconoció (el 16 de mayo) que su gobierno se encontraba en el límite del endeudamiento autorizado por el Congreso, lo que traería catastróficas consecuencias, incluida la suspensión de inversiones en dos importantes planes de pensiones.

Ya trajo parte de ellas, aunque las demandas vienen en camino. Por tanto, sigamos con el relato publicado a raíz de los acontecimientos, para derivar al final las interorgantes cuasi definitivas.

Medios periodísticos difundían, por otro lado, que la mayor parte de los créditos o compromisos de otorgarlos por el FMI, más del 60 por ciento, son destinados a países de la Unión Europea (UE), para la cual alcanzaban unos 92 mil 400 millones de euros (entonce, un euro era igual 1.40776 dólares estadounidenses).

Polonia contaba con una línea flexible de 21 mil millones de euros, de la que todavía no había hecho uso, y Portugal había recibido el más reciente préstamo, por cerca de 26 mil millones de dólares, para encabezar una lista que también integraron Grecia, con enormes recortes y manifestaciones, e Irlanda y Rumania.

A Strauss-Kahn se le consideraba involucrado de lleno en la crisis que abate a estos países, no solo a Grecia, España y Portugal, por citar solo los tres casos más descollantes entonces.

Se insistía  en que el economista galo aspiraba a competir, con ventaja, por la presidencia francesa en las próximas elecciones ante Nicolás Sarkozy, impulsor de los bombardeos a Libia, y se le suponía interesado en evitar cualquier desastre bajo su mandato al frente del Fondo.

Si esto era así respecto del organismo financiero, se supone que mucho más lo sería acerca de un escándalo de faldas, a las que no parecía ajeno, aunque sin tan elevadas consecuencias como en este caso.

La oportunidad en que el hecho ocurrió, provocaba conjeturas, pues el ejecutivo trataba de maniobrar, en lo posible, para que la crisis económica y financiera europea fuera menos desastrosa en aquella región, lo que a su vez tendría consecuencias para Estados Unidos, el país donde fue detenido como un vulgar delincuente.

Como circunstancia adicional figura que su defenestración ocurrió, como antes se apuntó, cuando se le consideraba seguro competidor por la primera magistratura de su país, al frente de los socialistas, con máximas posibilidades de éxito.

¿Beneficiaba aquel futuro previsible a todas las naciones europeas? Podría asegurarse que posiblemente no a todas; aunque, si bien Strauss-Kahn no se encuentra nada distante de las fórmulas económicas neoliberales, parece evidente que favorecía a sectores y países dominantes en la UE.

¿Hubiera sido favorable el saldo a Estados Unidos? Parece que no, según la tendencia republicana prevaleciente en la Unión Americana, ante el presidente Barack Obama, cuya reelección dependerá mucho de cómo pueda capear las adversidades.

El estadounidense John Lipsky se mantuvo como director gerente del FMI, que se afirmaba continuó “su trabajo normal” y anunciaba una “elección transparente” hasta la primera decena de junio, plazo que no se cumplió, aunque sí prevaleció al final la tradición, desde 1946, de mantener a un europeo al frente.

Estados Unidos ha ocupado, por su parte, la presidencia del Banco Mundial (BM) también desde entonces y, entre ambos, ostentan hoy el máximo poder de voto, con el 50 por ciento, en un mundo financiero globalizado y polarizado, a juicio de las mayorías.

Con posterioridad a que Strauss-Kahn fuera detenido en el aeropuerto John F. Kennedy, de Nueva York, a bordo de un avión de Air France que lo trasladaría a París, se abrieron agudas interrogantes sobre un hecho que no parecía deberse a las posibles veleidades del prominente funcionario internacional.

Al menos, no solo a ello.

Tal presunción la reforzaba que este ciudadano francés, a quien el 57 por ciento de sus connacionales consideró víctima de un complot, fue sometido a vigilancia especial en la Penitenciaría de Nueva York, debido a que presuntamente hubiera sido capaz de suicidarse, aunque nunca lo había intentado.

Un millón de dólares de fianza y una garantía de otros cinco millones, como aval bancario, le abrieron las puertas de la prisión extrema.

Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research, ha afirmado a la prensa que la posterior dimisión del exdirector gerente del FMI podría hacer que las cosas cambiaran para peor en lo que a Europa se refiere.

Strauss-Kahn, también exministro de Finanzas francés, debería de haberse reunido en Europa el domingo posterior a su detención con la canciller alemana, Angela Merkel, para tratar sobre el deterioro de la situación económica en Grecia.

Se trata de un país bajo una contracción del cuatro por ciento, este año, lo que se considera una consecuencia del draconiano primer ajuste acordado para reducir su deuda externa mediante el control del gasto público, privatizaciones,  supresión de empleos y de beneficios sociales, lo que luego se agudizó con otras medidas.

Era conocida la oposición de Strauss-Kahn, electo para dirigir el FMI en septiembre de 2007 en sustitución del español Rodrigo Rato, a la continuidad de las medidas llamadas de austeridad, por considerar que agravarían aún más la situación del país helénico.

Lacrónicavirtual, página web española, publicó en esos días que el economista galo jugó también un papel crucial en la negociación de los llamados paquetes de ayuda para Irlanda y Portugal, por lo que “su abrupta desaparición de escena se considera particularmente desafortunada”.

Algunos medios llegaban a difundir que podía estar en peligro “la propia existencia del FMI como la principal institución encargada de ayudar a garantizar la estabilidad financiera” de varios países europeos afectados.

Con respecto a la situación en el norte de África y el Oriente Medio, Strauss-Kahn había dicho: “lo que ha ocurrido … es una buena lección para nosotros porque nos muestra que no es suficiente tener en cuenta sólo las grandes cifras macroeconómicas”, sino que “tenemos que ver mucho más allá de eso”.

¿Sería esto del agrado de sectores claves en las potencias dominantes?

Por lo pronto el diario francés Le Figaro publicó que la camarera presuntamente agredida conocía que el economista “era una personalidad importante”, pues su foto había sido dada a conocer a los empleados, según declaraciones de una limpiadora de habitaciones en el centro.

La presunta víctima, una inmigrante africana de 32 años, procedente de Guinea, madre soltera de una adolescente y residente en el Bronx, se hace llamar Ofelia, pero se divulga que su verdadero nombre es Nafisatu Dialo.

La mujer, francófona y de cerca de 1,80 metros de estatura, según Le Figaro, se mudó a Nueva York el invierno pasado y posee un permiso permanente de residencia en Estados Unidos, en donde al parecer vivía entonces en un bloque de apartamentos.

Un hermano suyo la calificó como “buena musulmana” y añadió que desde que se desató el escándalo había sido enviada “a un lugar secreto” de Nueva York, mientras que el futuro de Strauss-Kahn se mostraba incierto, si bien menos que el de los países en crisis.

Por lo pronto, la acusadora ha permanecido todo este tiempo en la más absoluta oscuridad.

También, a Satruass-Kahn  se lo relacionaba con el lanzamiento de una moneda global competitiva frente al dólar, a todas luces favorable a la UE, en días próximos a su sospechosa detención. De todas formas, ¿a quién beneficiaba su apresamiento o, más bien, a quién no dañaría? Parecía mejor entonces esperar a que se definira su sucesor, designación de por sí portadora de precisiones.

Fue electa Christine Lagarde, también exministra francesa de la misma área económica, pero de signo político formalmente contrario al de su compatriota.

Es bueno recordar que el 24 de abril de 2009, hace dos años, el BM y el FMI advirtieron que el anuncio de sacar a millones de pobres de la miseria hasta el 2015, entre los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas, se había tornado ya irrealizable como consecuencia de la crisis, particularmente en África.

Muchos se preguntarán: ¿es práctica habitual que se proteja a todos los africanos y africanas de abusos aún mayores que los atribuidos al exfinancista francés? Ojalá así fuera.

A ello se pueden añadir después de su exoneración legal, el 23 de agosto,  varias preguntas fundamentales:

¿Le permitirán competir por la presidencia de Francia en representación del Partido Socialista? Si así fuera, ¿estará en condiciones de ganar luego de las nuevas circunstancias? ¿Serían indiferentes a su postulación la derecha gala y el poder global? Y, primero que todo, ¿lo seleccionarían sus correligionarios, que aplauden ahora el fin de su caso?

Son demasiadas preguntas sin respuestas afirmativas.