Por AbcdeCuba

La carencia de agua potable provocará injustificables y multimillonarias muertes humanas en los próximos 15 a 20 años, sin contar las que ocurran por la insuficiencia del líquido vital para la producción de alimentos.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) auguraba en marzo de 2007 que más de mil 800 millones de personas podrían sufrir escasez de agua en el mundo, en el 2025.

Las muertes por esta causa siempre dependerán esencialmente de la magnitud de la carencia y de los territorios en los cuales se produzca.

El efecto mayor recaerá sobre los más pobres, a pesar de que la Asamblea General de Naciones Unidas haya aprobado el 28 de julio de 2010 una resolución, a iniciativa de Bolivia, que reconoce al agua potable y el saneamiento básico como derecho humano esencial.

Sobre este fenómeno, la Asamblea se mostró “profundamente preocupada”, debido a que 884 millones de personas carecen de acceso al agua potable, más de dos mil 600 millones no disponen de saneamiento básico y cada año fallecen por ello un millón 500 mil niños menores de cinco años y se pierden 443 millones de días lectivos.

Como “el problema del siglo XXI” lo califica el senegalés Jacques Diouf, director general de la FAO, entre otras razones porque la principal dificultad consiste en encontrar maneras más efectivas de conservar, utilizar y proteger los recursos hídricos globales.

Satisfacer este derecho humano esencial es una necesidad creciente entre una población que en 20 años más, cuando los recién nacidos de hoy hayan abandonado apenas la adolescencia, podría ser de ocho mil 100 millones.

Esto significa que la necesidad de agua dulce se incrementará, adicionalmente, en un 14 por ciento destinado sólo al ritmo creciente en la producción de alimentos requeridos por esos humanos.

La agricultura consume, según estadísticas del Banco Mundial (BM), entre el 60 y el 80 por ciento del agua dulce en la mayoría de los países y hasta el 90 por ciento en otros.

Diouf advierte, por su parte, que “al tiempo que crece la población y las necesidades del desarrollo exigen mayor cantidad de agua para las ciudades, la agricultura y la industria, la presión sobre los recursos hídricos se intensifica” y, consiguientemente, aumentan las tensiones, los conflictos y el impacto excesivo sobre el medio ambiente.

El cambio climático origina, como consecuencia, sequías más frecuentes e intensifica tormentas e inundaciones que destruyen cosechas, contaminan el agua dulce e inutilizan la infraestructura necesaria para almacenarla y transportarla.

Directamente, los agricultores pequeños y otros campesinos -gran parte de la población rural pobre del mundo- son afectados por las variaciones climáticas, debido a que dependen del agua de lluvia para obtener sus medios de subsistencia.

El cuerpo humano adulto está compuesto por agua entre el 50 y el 65 por ciento y el infantil en aproximadamente el 75, igual proporción que el cerebro en ambos casos.

Se puede sobrevivir varias semanas sin alimentos, pero sólo algunos días sin agua, aunque mucho más de 220 millones de personas en los países subdesarrollados carecen de fuentes para abastecerse de ella en la proximidad de sus hogares.

Además, el 90 por ciento de las de desecho en las naciones pobres se descarga sin ser tratada en ríos, lagos y zonas costeras, lo que contamina y reduce las disponibilidades de la necesaria para el consumo humano.

El BM reconoce que el agua potable es un indicador de salud de la población y de la capacidad de los países para conseguirla, purificarla y distribuirla.

No obstante ser “esencial para la vida”, en 1995 más de mil millones de personas en países de ingreso bajo y mediano -y otros 50 millones en los de ingreso alto- no disponían de acceso al agua para beber, aseo personal y uso doméstico.

Casi dos mil millones no contaban con instalaciones sanitarias adecuadas.

Son cifras que afectaban a más del 25 por ciento de los cinco mil 900 millones de habitantes existentes entonces en el mundo, una población que sobrepasa los seis mil 800 millones ahora, cuando la situación ha empeorado globalmente. Si se parte de las estadísticas del BM, la necesidad de agua para el uso humano se ha incrementado, sólo por aumento de la población, en cuatro mil 500 millones de litros diarios.

El Banco estima que cada persona requiere 20 litros por día para satisfacer sus necesidades metabólicas, higiénicas y domésticas.

La Organización Mundial de Comercio, sin embargo, calcula esa necesidad en 50 litros diarios por persona para el uso doméstico, lo que elevaría la estimación precedente a 11 mil 250 millones de litros por día.

Sin agua potable, la gente no puede llevar una vida sana y productiva.

Se calcula que anualmente 900 millones de personas sufren enfermedades diarreicas, aunque no sólo estas, relacionadas con el agua; y mueren por esa causa cerca de dos millones al año, la mayoría en los llamados países de ingreso bajo y medio.

“A lo largo de la historia”, refleja el BM, “cuando ha contado con suficiente abastecimiento de agua potable y ha podido poner en práctica las normas recomendadas de higiene, la población ha tenido mejor estado de salud y más posibilidades de gozar de una vida más larga”.

El desarrollo sostenible requiere abastecimiento adecuado de agua, pues las fábricas dependen de este líquido, lo demanda el rendimiento de los cultivos, es esencial en la productividad de los trabajadores y contribuye a la conservación de las zonas pesqueras.

Paradójicamente, al hervirla para eliminar bacterias peligrosas, el combustible empleado puede contaminar el aire, y el uso de la leña o el carbón para ello destruye los bosques y ocasiona erosión y pérdida de la capa arable.

Ríos y cuencas hidrográficas están contaminados por desechos industriales, agrícolas y de origen humano, a la vez que otros se secan debido a que se utiliza más agua de la que puede reponer la naturaleza.

Más de dos mil 500 especialistas reunidos en Estocolmo, en los primeros días de septiembre, coincidieron acerca de los “desafíos enormes y complejos” en un futuro devastador con escasez de agua, contaminación, sequías, inundaciones, desertificación y enfermedades.

Si bien el 72 por ciento de la superficie de la Tierra está cubierta por el agua, se estima que el 97 por ciento corresponde a la de océanos y mares, no directamente empleable en el uso humano, el riego o la industria.

Sólo el tres por ciento corresponde al agua dulce, pero dos tercios de esta no son accesibles por encontrarse en zonas poco pobladas o en glaciares.

De modo que solamente el uno por ciento está al servicio de los seres humanos y, de ella, la mayoría se encuentra en faldas acuíferas, ríos y lagos.

Las estadísticas más graves asumen que mil 200 millones de personas no disponen hoy de acceso al agua potable, dos mil 400 millones carecen de sistemas sanitarios y más de tres mil millones no cuentan con sistemas de tratamientos fecales.

Se estima que miles de millones de personas mueren al año, en el mundo, debido a enfermedades causadas por agua contaminada y saneamiento deficiente. A juicio del director ejecutivo del Instituto Internacional del Agua de Estocolmo, Anders Berntell, cuando este líquido es de mala calidad mata a más personas que el virus de inmunodeficiencia humana, el paludismo y las guerras juntos, “afectando las vidas de las familias y el desarrollo económico de muchos países”.

Se reconoce que los ecosistemas de agua dulce se han degradado más que cualesquiera otros.

“Varios estudios indican que más de 40 por ciento de las especies de peces y anfibios están en riesgo de extinción”, añade Berntell.

Entre ellas habría que incluir a la humana, parte de la cual está condenando a morir de sed al homo sapiens.