EE.UU y América Latina

Ernesto Montero Acuña*

Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo, es un refrán que Latinoamérica no debiera olvidar dos siglos después del inicio de la independencia en buena parte de sus países.

El aserto popular, cuya variante más antigua “cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”, se adecua a la región que ha sufrido más de siete mil intervenciones de Estados Unidos.

Según indagaciones recientemente conocidas, las naciones latinoamericanas han sido reiteradamente agredidas o intervenidas de diversas formas -desde la amenaza, la protesta, el retiro de embajadores, hasta las represalias o las invasiones- durante los 200 años de independencia que la mayoría cumple.

El informe Cronología de las Intervenciones en América Latina es el compendio de tres décadas de trabajo investigativo del escritor y periodista argentino Gregorio Selser (1922-1991), publicado este año por la Universidad de la Ciudad de México.

A partir del nacimiento de Estados Unidos en 1876, Selser clasificó durante tres décadas 23 tipos de intervenciones, incluidas protestas diplomáticas, acusaciones, amenazas, represalias o sanciones económico-financieras, retiro de embajadores y rompimiento de relaciones.

El prolongado estudio logra una copiosa cronología que comienza con el origen de Estados Unidos, pues las llamadas 13 Colonias, desde antes de consolidarse como nación, habían manifestado sus ambiciones expansionistas como “destino manifiesto”.

La obra de reciente edición, con una acuarela del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín como portada y comentarios de los intelectuales estadounidenses Noam Chomsky y James Petras, incluye también todas las intervenciones de España, Inglaterra, Portugal, Francia y Holanda, de forma muy documentada.

El hecho coincide con la publicación en el portal web Vermelho, del Partido Comunista de Brasil, que el actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, deshonró a Brasil al hacer una declaración de guerra en el país que aboga por soluciones pacíficas, refiriéndose a las acciones bélicas iniciadas contra Libia.

A ello, el editor de Vermelho añade que el presidente estadounidense ignoró el hecho de que Brasil se abstuvo en la votación de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que abrió la vía legal para la agresión.

También sostiene que, en actitud que viola las reglas de la hospitalidad, “Obama simplemente deshonró a Brasil al hacer una declaración de guerra en el país que por principio constitucional y tradición aboga por la solución pacífica de los conflictos internacionales”.

El ataque se ha interpretado internacionalmente como una decisión grave e inoportuna, sobre todo cuando el mandatario estadounidense promovía en la región una relación entre iguales, algo que muchos opinan era innecesario proponer, por el solo hecho de que así ha debido ser siempre.

Cumplir la regla, en el Derecho Internacional o en otras disciplinas, se interpreta como obligación, no como mérito excepcional, sobre todo cuando Estados Unidos requiere hoy una relación muy estrecha con esta región, de gran perspectiva global, a pesar de la desigualdad que lacera a parte de su población.

Así lo evaluó BBC Mundo el 23 de marzo, bajo el título Obama en Chile: pocas promesas, poca ilusión, debido a que por los comentarios de algunos presentadores de la Televisora Nacional Chilena se esperaba una propuesta más intensa.

La publicación británica añade un paralelo con la Alianza para el Progreso lanzada por el presidente John Fitzgerald Kennedy en marzo de 1961, un mes antes del ataque contra Cuba en Playa Girón, y promovida como estrategia de desarrollo.

No cumplió tal cometido, ni el de neutralizar el efecto de la Revolución cubana entre los pueblos de Latinoamérica y el Caribe, por lo que la política estadounidense derivó hacia la promoción de golpes de Estado sangrientos, iniciados contra Joao Goulart en Brasil y culminados por Augusto Pinochet en Chile, aún con secuelas.

Tanto sobre la Alianza como acerca del golpe contra el presidente electo democráticamente Salvador Allende, Obama reclamó a la región no quedar “atrapados en la historia”, aunque otros consideran que ello podría conducir a Latinoamérica a ignorar amenazas del presente.

El mandatario aseguró en Santiago que “Chile muestra que sí es posible hacer la transición de la dictadura a la democracia, y hacerlo pacíficamente”, aunque analistas, sobre todo latinoamericanos, opinan que también ilustra sobre lo contrario, si se admite que allí fue barrida la democracia por la dictadura.

En otro sentido, aseguró: “Compramos más de sus productos y servicios que ningún otro país, e invertimos más en esta región que ningún otro país. Por ejemplo, exportamos a América Latina más de tres veces de lo que exportamos a China”.

BBC Mundo afirma, sin embargo, que para Chile y Brasil, China es ya el primer comprador de su producción de materias primas, una tendencia que debería profundizarse en la medida que se mantenga el crecimiento económico del gigante asiático, sin duda una contribución a asimilar las exportaciones estadounidenses.

No se puede establecer un balance optimista sobre las afirmaciones del Presidente durante su gira latinoamericana, sobre todo en el contexto de los bombardeos iniciados coincidentemente contra Libia, un hecho que importantes países latinoamericanos rechazan en toda la línea.

Además de los componentes políticos, humanitarios y de elemental derecho de los pueblos a decidir su orden interno, sin injerencia ni agresiones, se avizoran las pretensiones geopolíticas y la aspiración de controlar aún más los hidrocarburos en una región determinante.

Una cronología publicada por profesionalespcm.org, de España, refleja no menos de 50 grandes y grave intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica, entre la proclamación de la Doctrina Monroe, en 1823, y el apoyo y financiamiento al derrotado golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en Venezuela.

Allí aparecen desde la guerra contra México en 1846 hasta la invasión a Panamá en 1989, en este caso con la justificación de arrestar a quien fue “su protegido, Manuel Noriega”, en “una operación que dejó no menos de tres mil bajas civiles”, según la referida web.

Punto aparte merecen Nicaragua, El Salvador (otro país visitado ahora por Obama), Guatemala y Honduras, que sufrió el 28 de junio de 2009 el más reciente golpe de Estado en la región; y todos ellos víctimas de la “guerra sucia” respaldada militar y económicamente por gobiernos estadounidenses.

A pesar de las indudables necesidades mutuas, lo anterior torna muy recelosa la vinculación de los pueblos latinoamericanos con un país que, luego de múltiples actos de dominación o injerencia, les pide olvidar la historia en virtud de la relación entre iguales que debió ser, pero no ha existido.

El lunes 30 de junio de 2008, el periódico argentino Clarín publicó, bajo el título La influencia de Washington en la región, que “la IV Flota de EE.UU. vuelve a patrullar aguas latinoamericanas”, a lo que añadía que analistas consideran como motivo real los recursos naturales.

Telma Luzzani, autora del texto, dejaba constancia entonces de que ninguna potencia mundial toma una decisión importante si no hay detrás un gran motivo y expresaba preocupación porque al mando de la Flota estuviera el contralmirante Joseph Kernan, un marino que pertenece al grupo SEAL, acrónimo en inglés de Sea, Air and Land (Mar, Tierra y Aire).

Se trata de “un comando de elite con hombres seleccionados para las más duras operaciones especiales” en todos los medios geográficos del planeta.

Según la autora, sus integrantes “operaron en Vietnam, Camboya y Laos. La elección de Kernan para la IV Flota, según admite el propio Pentágono, es absolutamente inusual. Es la primera vez que un SEAL ocupa un cargo semejante”.

En abril de 2008, Estados Unidos había anunciado que, después de 58 años de inactividad, la IV Flota de su poderoso Comando Sur comenzaría a patrullar nuevamente aguas latinoamericanas, bajo el mando del hasta entonces máximo jefe del Comando de Tácticas Especiales de Guerra Naval.

El 23 de noviembre de 2010 se publicaba, por otro lado, que el 25 de mayo de ese año Argentina conmemoraría el Bicentenario de la Revolución de Mayo y se sumarían Bolivia, México, Chile, Colombia y Venezuela, el 5 de julio de 2011,  entre los países que recuerdan 200 años de libertad codiciada.

Se abundaba en que el futuro de esta región ha estado ligado en estos dos siglos a los designios europeos y norteamericanos, sobre todo después de la derrota de España en Cuba, un país que libró más de tres décadas de combate y guerras intensas, capitalizadas luego por la nueva potencia del Norte.

Líderes políticos, intelectuales y los pueblos de América Latina y parte del Caribe han batallado contra el acoso a su independencia, apenas 30 años más joven que la estadounidense, por un vecino que siempre debió asumir las relaciones de ambas partes como verdaderamente entre iguales.

Hacerlo sin necesidad de poner las barbas en remojo, sobre todo cuando baten tambores de guerra, sería lo meritorio.

*  Prensa Latina.